18 Mayo 2013 - 10:00pm
El “Francisco”, la “Loca María” o el “Faime”. La mayoría dice conocerlos, pero basta una breve pregunta para saber que poco y nada se sabe de ellos. Es más, lo único que saben muchos serenenses es que deambulan por el centro de la ciudad, haciendo de las calles de La Serena su hogar más preciado, desconociendo que detrás de ello hay un nombre y una historia desconocidaManuel Muñoz González
Fotos: Andrea Cantillanes F.
La Serena
Sí. Lo conozco, anda siempre por ahí, dando vueltas medio curado”, dice Cristina, quien durante ocho años vende diarios y revistas en el quiosco del frontis de La Recova.
“Por supuesto, son conocidos, todos los conocen porque andan siempre por aquí”. Responde Antonio, desde el módulo en el que replica las llaves de sus cientos de clientes, a un costado del supermercado La Recova.
“Claro que sí, quién no los conoce”, expresa Jorge, en el paradero de los microbuses en ese mismo sector, y cuyos helados comienzan a venderse cada día más con la llegada de la primavera y el calor.
Todos aseguran conocer al “Francisco, a la “María Cuco o a la Loca María”, o al “Cojo Lucho”. Sin embargo, basta consultarles a esas mismas personas que aseguran conocer a estos típicos personajes del centro de La Serena, para percatarse que poco y nada saben de ellos.
Es más, lo único que saben es que deambulan por el centro de la ciudad, pidiendo una moneda, hablando solos, o con una caja de vino en la mano, haciendo de las calles de la capital regional su hogar más preciado.
Algunos ya partieron. Hace unos meses fue Jaime La Paz, el “Faime”, reconocido personaje de La Recova y del Regimiento de La Serena, quien cambió de ruta para irse a su hogar y fue atropellado en la Ruta 5; el más reciente, “El Guatón de la Flauta”, uno de los últimos hijos de la calle en decir adiós, tras ser encontrado muerto en la vía pública.
El Día salió en busca de esas historias detrás de los personajes, para indagar más allá del mero seudónimo y buscar el porqué algunos optaron por las calles o se vieron obligados a ser parte de ella.
Los arranques de María
“Viví con ella mucho tiempo y ahora la echo de menos” dice Jessica Espejo, cuñada de María Angélica Carmona Tolmo.
Este último nombre puede no resultar común, pero si en vez de María Carmona le dijera la “Loca María” o “María Cuco”, puede resultar más familiar, pues así la conocía mucha gente en las calles de La Serena.
“Ella se me arrancaba, se escondía, y siempre la encontraba en los cajeros automáticos en la noche, bien tarde” dice Jessica, desde la intimidad de su casa en calle Marta Brunet, de la población 17 de Septiembre en el sector Antena, donde compartió 25 años junto a la “María Cuco”, explicando cómo la “María” llegaba al centro de la ciudad. “A veces les tiraba las llaves a los vecinos, cuando yo no estaba y le abrían la reja, ella después se subía no más a las micros, los choferes la conocen y la llevaban” comenta.
Hoy, Jessica ve con melancolía la soledad de la cama donde dormía su “hija”, como le decía. Desde hace tres meses, esta mujer se ha debido acostumbrar a dormir sola en la pieza que antes compartía junto a María. “Ella ya no vive aquí, su hermano se la llevó hace tres meses a vivir con él a Copiapó, donde él trabaja y la cuida una persona” nos cuenta Jessica, despejando las dudas en torno a la mujer de cabello corto y blanco, y faldas hasta los tobillos, que hizo del centro de La Serena su segunda casa, y que para muchos quienes la conocían, incluso la daban por fallecida, ya que hace más de tres meses que no se ve por el centro de la ciudad.
“Yo la conocí así, enfermita, y ahora está en silla de ruedas, ya no puede caminar” expresa Jessica al borde de las lágrimas, desconociendo la real causa de la enfermedad que aquejaba a María Carmona, explicando, además, que tras el fallecimiento de su marido, Hernán Carmona, (hermano de María), cayó en una depresión que le impedía seguir cuidando a su “hija” María.
“Yo la defendía, no me gustaba que le dijeran así, la ‘María Cuco’; ella no era mala, era muy cariñosa, a mí me decía mamá” recuerda Jessica, quien tiene la esperanza de que en el verano próximo el hermano la traiga desde Copiapó. “Él se la llevó mientras yo estuviera mejor y me repusiera de la muerte de mi esposo, pero ella tiene que estar conmigo hasta lo último”, dice Jessica.
Una moneda para el “Lucho”
EL rostro oscuro, un pie a la rastra, un frasco para las monedas y una bolsa quién sabe con qué, son los atuendos que identifican a Luis Meneses, el “Cojo Lucho”, otro de los típicos personales del centro de La Serena.
Es común verlo en las afueras de los bancos, pues sabe que ahí va la gente a pagarse. “Vengo los fin de mes, cuando la gente se paga, pero no pasa nada, a veces no me dan nada, por eso ahora no vengo todos los días” expresa Luis, precisamente en las afueras de una oficina bancaria donde lo abordamos junto a sus atuendos, esperando por una moneda.
En este lugar, le preguntamos al mismo Luis detalles de su vida, todo un joven según él; “tengo 21 años, sí 21” afirma, restando un par de años a su existencia, y pese a que no pudimos comprobar su edad, a simple vista queda claro que cuatro o cinco décadas han pasado por su vida.
El mismo “Cojo Lucho” nos cuenta que el problema que arrastra en su pierna izquierda se debe a la secuela de un atropello ocurrido cuando era niño. “Yo soy así, pero me atropellaron hace tiempo” señala, dando muestras de que es cosa de acercarse a preguntarle para que eche rienda suelta y se ponga a conversar.
Pese a no ser tan popular como otros personajes, está siempre ahí, y por años recorre las calles de la ciudad en búsqueda de alguna ayudita.
Desde Las Compañías, dos o tres veces a la semana se viene al centro a juntar algunos pesos. “Tengo dos hermanas, y vivo con ellas en el Puente Zorrilla, ahí vivo yo” reitera Luis, dando a conocer su actual residencia, ubicada en las inmediaciones de esa vía, en unas piezas de madera. No obstante, reconoce que hace un tiempo vivía con su papá (tampoco nos dice su nombre), y que este último es quien se hace del pago de la pensión asistencial que recibe todos los meses. Junto a ello, la jubilación de una de sus hermanas, (la menor, aunque no nos dice su nombre), lo que recibe su otra hermana en la venta de la feria, más lo que recauda Luis afuera de los bancos, les alcanza para vivir.
“Soy el Francisco”
Esta parece ser la frase que enarbola al viento el popular Francisco, en su transitar por las calles de La Serena.
Una hirsuta barba y sonrisa casi eterna, y una cajita de tinto, acompañan permanentemente a este personaje, que más de algún dolor de cabeza ha ocasionado a los locatarios de La Recova con sus “travesuras”, uno de sus lugares favoritos para pasearse.
“Francisco Tabilo es su nombre”, nos revela Gonzalo Cortés, director ejecutivo del Hogar de Cristo sede Coquimbo-Atacama, quien explica que este es uno de los pasajeros intermitentes de la hopedería ubicada en calle 21 de Mayo, en el centro de La Serena. “Él en eventualidades ha venido al hogar, y hemos generado un vínculo importante con él, tanto en la hospedería como en el programa calle, porque nos reconoce, incluso hemos logrado establecer un diálogo coherente con él” expresa Gonzalo Cortés, director ejecutivo de esta institución sede Coquimbo-Atacama, quien reconoce que pese a dar acogida en algunas ocasiones a este personaje, “él tiene su residencia en la calle”.
Muchos mitos se han erigido sobre el “Francisco”. Que tiene mucho dinero, que es de buena familia, etc. sin embargo, nada de eso se ha comprobado. “He escuchado de cosas por el estilo, pero no tenemos más información de eso; sólo comentarios de la gente, pero es muy difícil obtener detalles de su vida”, expresa Gonzalo Cortés, del Hogar de Cristo.
Otro de los antecedentes se refiere al estado de salud de Francisco Tabilo, es que sufre de esquizofrenia, y que su madre padecía ese mismo mal, sin embargo no existe un diagnóstico claro al respecto. “Él tiene algún grado de discapacidad mental, en términos de una descompensación psiquiátrica, aunque no sé si eso está diagnosticado” manifiesta Cortés.
El “Francisco”, el “Cojo Lucho”, la “Loca María”, el “Cabeza de Lápiz” (el que en nuestro recorrido fue imposible encontrar), personajes que “adornan” el centro de la ciudad y forman parte de la idiosincrasia de La Serena.
El “Guatón de la Flauta”, “Faime La Paz”, el “Moroso”, “Tía Gloria”, la “Yoko Ono”, personajes que ya partieron y que dejaron su huella entre los serenenses, quienes poco y nada supieron de la vida de estos personajes, más que su apariencia y seudónimo.
Sin embargo, cada uno tiene su historia, su nombre y un pasado que la mayoría de los habitantes desconoce, y cuya existencia revela las desigualdades y el desamparo en que pueden llegar a vivir algunas personas, esas que se aparecen frente a nuestros ojos sin que muchos se detengan a hacer siquiera una reflexión.
“Faime La Paz”
Jaime La Paz nació el 9 julio de 1948, y vivió prácticamente en el centro de La Serena y en el Regimiento de la cuidad. Vivió en la denominada Villa Militar hasta 1962, año en que su padre se jubiló con 35 años de servicio. En ese momento, con su familia, se trasladó hasta una casa en la población Víctor Domingo Silva, en el sector de Cuatro Esquinas, pero siempre siguió ligado al regimiento y sus visitas eran frecuentes. Junto a sus hermanos Pedro, Morelia, Marcia, Gerardo y Cristián, prácticamente se crió en el regimiento de La Serena.
"Para nosotros, era como nuestra casa (…) por eso el gran hobby de Jaime eran las armas, las historias de guerra y batallas", relataba su hermana Marcia, a los pocos días de su muerte. Su hablar era entrecortado y difícil de entender. De ahí que fuese conocido como “Faime".
Pero su vida se detuvo drásticamente. Cuando se dirigía a su hogar el pasado 13 de junio, por una calle poco habitual, la Ruta 5 (siempre caminaba por calle Balmaceda) a la altura de Huanhualí, un microbús lo atropelló, causándole la muerte en forma instantánea.
El “Guatón de la Flauta”
Hugo Diómede Toro Olivares, tenía 45 años al ser encontrado muerto en la vía pública. Un infarto al miocardio acabó con su vida, tras pasar varios años haciendo sonar su flauta, que incluso lo llevó a tener su propio video en Youtube, y un grupo de amigos en Facebook.
Padecía de obesidad mórbida, problemas renales a raíz de su alcoholismo, problemas cardíacos, entre otras afecciones, que gatillaron su deceso el pasado 21 de septiembre.
“Él tenía problemas de exclusión social, estuvo desvinculado de su familia aproximadamente 18 años y tenía una discapacidad mental. Venía del norte, del sector El Salado, cerca de Copiapó” expresa Gonzalo Cortés, del director ejecutivo del Hogar de Cristo, quien reconoce que este personaje estableció un fuerte vínculo con la entidad creada por el Padre Hurtado.
“Nosotros logramos que controlara sus problemas de peso y logramos vincularlo familiarmente, y que viviera hace algunos años con su padre en el sector de Las Compañías, lo que motivó en su momento los comentarios de la gente sobre su presunta muerte”, comenta Cortés, graficando el trabajo de esa entidad con este personaje y explicando, además, que Hugo Toro incluso logró tener contacto, hasta hace poco tiempo, vía telefónica con una hermana de Copiapó.
Otro dato sobre Hugo es que fue beneficiario del Programa Personas en Situación de Calle que implementa Mideplan, a través de su Secretaría Regional de Planificación y Coordinación (Serplac) en la zona.