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La felicidad, ¿qué es eso?

Creemos que la felicidad es un botín palpable, material, brillante y seductor. La buscamos y no sabemos cómo viene y qué es.

La felicidad es esa búsqueda por la cual corremos y detenemos la vida. La felicidad no es un momento. Es un estado. Muchas veces la confundimos con la satisfacción de nuestras ansiedades. ¿Es la felicidad lo que tenemos disfrazado de éxito? ¿Esas conquistas indescifrables? ¿Esos vacíos que llenamos de chatarra?

Creemos que la felicidad es un botín palpable, material, brillante y seductor. La buscamos y no sabemos cómo viene y qué es.

Creemos que es la fortuna, el privilegio y el éxito. ¿Qué es eso que llamamos la felicidad?

Su búsqueda nos hace atrapar atardeceres que se parezcan a nuestros secretos. Sin embargo creemos que la felicidad es llegar a ser cómplices del placer. También creemos que la felicidad es como la desnudez que enfría nuestro cuerpo y agita la sangre ante la avalancha del amor y el deseo.

O que la felicidad es lo que tenemos. Lo que ganamos. Lo que lucimos. Pero la felicidad ni siquiera es la suma de todas esas cosas.

También dicen que la felicidad solo es un momento. Que no existe. Que es un mito más de nuestra cultura.

Sin embargo al pasar los intentos por ser feliz descubrimos que ella se parece al desprendimiento.

La felicidad es como el mismo tiempo, extenso y fuerte. La felicidad es grosera. Golpea tanto como el dolor y la tristeza. La felicidad existe. Pero no es lo que hemos creído de ella a la luz del consumismo ni del éxito.

La felicidad es un reflejo. Es la ausencia de la oscuridad, de la codicia y del egoísmo. Porque la felicidad no viene en cajas finas, no está en las vidrieras ni en los mall`s. Tampoco tiene ruedas ni huele a nueva. Ni menos viene en el aumento del dinero en los bolsillos.

La felicidad es vieja y necesitada. Porque requiere de más luz y amor a cada instante para sobrevivir en nosotros. La felicidad es escasa. Porque somos nosotros mismos que la dibujamos como un regalo. La felicidad cuesta toda la vida.

La felicidad es sosiego y generosidad. Placidez. Como huellas en la arena. Es inatrapable, insostenible con las fuerzas de los músculos y el deseo. Es inmensa y ajena siempre.

Pero nosotros queremos que nuestras huellas queden para siempre a pesar del mar. Nos movemos rápido y corremos sin darnos cuenta de lo que dejamos de ver. Queremos atrapar todo, poseerlo todo.

Pero no nos damos cuenta que en el vacío se encuentra esperándonos la semilla de ser feliz.

La felicidad es como la masa oscura del universo, la que lo une todo sin dejarse ver. No se vende ni arrienda. No se puede comprar.

Por eso no reconocemos la felicidad cuando la tenemos de visita en la vida.

La felicidad es el equilibrio y no es la demasía de nada. La felicidad es la mano que tomas y dejas partir.

La felicidad no es lo que detienes y aprietas para ti. Tampoco es la fortuna de las cosas. Porque esa fortuna te encarcela, te obliga, te plastifica y te deja solo. Esa fortuna te quita el amor y te da a cambio el desvelo. La desconfianza.

La fortuna aleja el aire libre y acerca el ahogo. La fortuna te engaña a cada paso haciéndote creer que la tienes. La fortuna es como esos amigos que te traicionan. Te engaña.

La felicidad es más simple que un número. Porque la felicidad llega cuando podemos reconocerla. Cuando entendemos nuestro entorno. Siempre se encuentra más allá. No sacas nada con apurarte.

La felicidad esta en el desprenderse de sí mismo. De nuestras ambiciones.

Cuando pones fin a la ansiedad, la felicidad llega a ti. Cuando pones fin al egoísmo, te abraza. Cuando das todo ese afecto atrapado en tu cuerpo como energía atorada, la felicidad te disipa como un ventarrón de aire caliente que te eleva y te hace caer suavemente a la tierra.

La felicidad esta siempre delante de nosotros. El asunto es descubrir su huella que se desvanece a cada instante.

La conquista de la libertad te abre paso a la felicidad. La felicidad es darse. Vivir en plenitud del amor y perdonar a los que han agrietado tu camino. La mejor posición para encontrar la felicidad es ascender para mirarlo todo y observarte en el entorno desde la altura. La felicidad se busca infinitamente y se guarda en secreto.

Comentarios

Mateo 6:33
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.

Deléitate en el Señor, y él te cocederá los deseos de tu corazón

Sus palabras son muy verdaderas, me calaron muy profundo y creo que en estos minutos necesitaba algo o alguièn que me iluminara para saber que era lo que en estos momentos estaba sintiendo.-
Creo que su mensaje me dejo sentada mirando al horizonte, calmada y relajada.-
Gracias, muchas gracias.-

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