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#quesejodan

Los partidos políticos, como otras entidades que hacen de intermediarios, no están sabiendo asumir el creciente empoderamiento de sus votantes gracias a las redes sociales.

Esta semana el twitter español reventó con ese hashtag. Fue una protesta generalizada contra una diputada del Partido Popular que usó esa expresión dentro del debate que se dió mientras Mariano Rajoy anunciaba el ajuste económico más grande que recuerde la economía española en democracia.

El insulto de Andrea Fabra es todavía más grave porque se trata de una parlamentaria de la que nadie había oído hablar aunque ya llevaba más de una legislatura en ese cargo. En una versión todavía menos “democrática” que nuestro sistema binominal, los españoles eligen a sus diputados por listas de partido donde el elector solo llega a conocer a los que las encabezan.

El Partido Popular confirma lo lejos que vive de la ciudadanía cuando pone en sus listas a una jóven que sólo puede destacarse por ser la hija del constructor de una de las estafas que ha caracterizado esta crisis: su padre fue el empresario que con dineros públicos construyó un aeropuerto en la ciudad de Castellón que nunca ha recibido aviones y costó más de 150 millones de euros.

Los partidos políticos, como otras entidades que hacen de intermediarios, no están sabiendo asumir el creciente empoderamiento de sus votantes gracias a las redes sociales. Aunque en esta misma columna he defendido que estos espacios no son más eficientes que una asamblea para canalizar la participación política, es evidente que obligan a estos representantes a usarlas más allá de las elecciones y asumir un mundo donde nuestras acciones son mucho más evaluadas.

El gobierno de Rajoy está obligando a su pueblo a realizar un fuerte ajuste mientras la clase política ni siquiera hace un guiño a su aproblemado electorado. Se calcula que en el sistema político español sin gran esfuerzo se podrían ahorrar 6 mil quinientos millones de euros, pero eso no se toca.

Parece verosímil que esa frase parece que se la dijo toda la clase política española a sus votantes.

Comentarios

TRAICIONES Y MENTIRAS forman parte del archivador esencial de todo político. Venderse al mejor postor, sacrificando a sus electores, parece constituir el non plus ultra de senadurías, diputaciones y ministerios. ¿Y la gente? Bah…es desechable, ella interesa solamente en su calidad de electores, pero únicamente al momento de los comicios y siempre que responda de manera positiva al inacabado tiroteo de promesas y falacias. Después de ello, esa gente importa un carajo. Como un carajo importan también los benditos ideales que el candidato propaló durante su investidura de opositor y, obviamente, en el proceso de la campaña.

“¡Somos el país con la mejor democracia de Latinoamérica!”, le espetarán a través de canales de televisión y diarios ‘oficiales’. Usted está condenado a aceptar cualquiera sea la indolente mentira que le endilguen. Tiene derecho ’oficial’ a aplaudir y endiosar a su ‘representante’ de turno. Pero, las preguntas simples y directas nunca son contestadas por lo derecho. No les conviene responder a políticos y gobernantes. No tienen argumentos para ir de frente. El camino recto es odiado por ellos, pues prefieren las vías enrevesadas ya que estas les permiten ir recogiendo frutos y monedas ajenas sin quedar desnudamente expuestos a la vista pública.

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