Ya es tiempo de actuar. Nuestros alumnos, hijos merecen la mejor educación. Nuestro país merece las mejores personas. Primero busquemos la explicación de qué les pasa a algunos de nuestros jóvenes que deben salir a las calles y tomarse sus centros educativos. Si encontramos los orígenes de este serio problema, hallaremos las soluciones. Pero debemos usar toda nuestra inteligencia y no la violencia.
Adultos, familia, medios de comunicación, profesores y toda la sociedad, no abandonemos nuestra labor esencial: Educar en valores y en actitudes. No hay que temer el corregir. Hay que tener la capacidad de dialogar, de escuchar, de “lenguajear” (Maturana). No a la violencia, al odio, a la agresividad, a la insolencia y vulgaridad.
No pueden predominar por sobre el amor, el afecto, el respeto, el buen trato, el buen lenguaje y la mejor inteligencia. Estos últimos acontecimientos del descontento estudiantil lamentablemente hablan muy mal de todos nosotros. ¿No podemos ser más inteligentes que la única forma que encontramos es usando la violencia en cualquiera de su formas? Las partes deben ser capaces de no generar violencia, a ser inteligentes, que para eso se tiene educación. Los gobiernos deben ser firmes y ser capaces de decir no a la violencia y apoyar todas las acciones educativas y legales para promover la buena educación, con calidad y equidad. Y sancionar cuando sea necesario, sin temor.
Volvamos a algo tan sencillo como profundo: Que nuestros hijos y alumnos dialoguen, saluden, den las gracias, se excusen, traten con el nombre, pidan permiso, digan “lo siento”, “perdona”; escuchen, lean, reflexionen, respeten. Y los adultos y gobiernos también.
Lisandro Castillo