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Bullying

El que un niño llegue a acosar a otro tiene distintas causales. Es frecuente que viva en un ambiente familiar cargado de conflictos, donde haya tolerancia de la agresividad y se utilice la violencia para educar. También algunos niños presentan características madurativas, que propician comportamientos violentos como la impulsividad, con la que tienden a actuar sin medir consecuencias.

En el ámbito escolar, se ha podido observar que los chicos que hostigan a otros han desarrollado una falta de empatía, muchas veces no muestran arrepentimiento e incluso algunos disfrutan con el dolor ajeno. Tampoco son bien aceptados en el grupo y utilizan estas conductas como forma de imponerse, llamar la atención, ser reconocidos o canalizar su rabia o frustración.
Si un hijo está siendo víctima de bullying, lo primero que hay que hacer es creerle y agradecerle la confianza de contarlo, contenerlo (sin que el adulto emita juicios ni le dé instrucciones sobre lo que debería hacer) y ofrecerle apoyo, a través de acciones concretas, conversadas previamente con él.

Por otra parte, al colegio también le corresponde una participación importante. Actualmente, apoyados por la nueva Ley de Convivencia Escolar, todos deberían estar desarrollando programas preventivos, lo que disminuye la posibilidad de aparición del conflicto, pero no la suprime.

Con los chicos se pueden implementar algunas técnicas específicas, mediante una serie de pasos, compromisos a cumplir, seguimientos y evaluación de los acuerdos. Hay ocasiones en que el agresor también debe recibir apoyo profesional, lo que debe ser exigido por el establecimiento cuando es pertinente.

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