22 Mayo 2013 - 3:00pm
Así se desencadena una lógica secuencia de hechos, impuestos por el acontecer natural de cada ecosistema. Toda especie constituyente de cada sistema biológico, dispone de la oportunidad para manifestarse y caracterizar al hábitat de que es propietario y que le ha correspondido como herencia natural. De ahí la lucha que impone toda especie para perpetuarse como tal en el tiempo, frente a las severas exigencias del medio. Gracias al potencial genético que poseen, las más aptas sobreviven y tienen mayor posibilidad de mantenerse presente, vitales y perennes cuando los requerimientos ecológicos, que impone el ambiente, son más severos que de costumbre.
La especie humana, por su parte, pone en juego una serie de avances tecnológicos con los cuales tiene la facultad de alterar esa lucha natural de las especies, vulnerando el equilibrio medioambiental. Inventa mecanismos, crea propósitos y utiliza situaciones cuando lo desea.
Dispone, irracionalmente, del uso del fuego cuando quiere obtener terrenos de cultivo y con él arrasa, inclemente, bosques y praderas. Si el ser humano fuera consecuente con la relación existente entre el dar y recibir o el hacer y el entregar, tendría la posibilidad de respetar al ambiente, encargado de brindarle siempre los recursos naturales con que es capaz de sustentar la economía de un país y la del propio ser humano.