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Nuestra dimensión oculta

Con la llamada “partícula de Dios” nos encontramos con límites insospechados de lo pequeño y a la vez de lo grande, por las celebraciones de los científicos. Y, qué pasa con el hombre, contigo, conmigo, con usted. ¿Cuál es nuestra partícula de Dios? Quizás el tiempo, que no podemos detener y en ocasiones miramos con nostalgia. Quizás el espejo, mal aliado, como lo fue con la bruja del cuento. Las horas, los días, los meses y los años pasan fugazmente como rayos. ¿Cuál ha sido mi propuesta de vida, de trabajo, de compartir familiar? Puede que esté arrepentido de no haber hecho más cosas. Puede que esté contento al sentirme realizado con lo que soy, con lo que tengo y basta.

Cuando digo basta y disfruto de la vida, tengo conciencia de que no soy inmortal y que mis planes futuros pueden no realizarse. Allí, está su dimensión oculta que él ha descubierto. Me refiero a un amigo “casero” da la feria, el que, domingo a domingo, me da lecciones del buen vivir, sin oratoria ni recetas, sólo observándolo junto a su esposa e hijo, codo a codo, pero sonrientes. En la tarde nos vamos con la vieja a pasear a Coquimbo y nos comemos unas empanaditas de marisco. Ella ríe y comenta… también le pone un vasito de vino, pero de vuelta en la micro, no se nota. Otras veces vamos al cementerio a poner flores a nuestros muertos. Nos da pena ver tumbas tan olvidadas de caballeros que conocimos aquí, tan cerca de las flores de nuestros viejos. ¿Para qué tanto esfuerzo?

Me pregunto ¿habrán conocido su dimensión y se centraron en ella? Amerita una reflexión personal, ¿no lo creen?

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