Crédito fotografía: 
Andrea Cantillanes
A los 21 años Vincent Mégevand llegó a Chile para trabajar en el Observatorio La Silla emplazado en la comuna de La Higuera, en lo que sería un proyecto de tres años. Al tiempo se casó y tuvo una hija, razón por la que echó raíces en nuestro país donde hoy busca patentar su propio negocio

Es uno de los emprendimientos más llamativos del último tiempo, tanto por la calidad de sus productos como por la emotiva historia de amor que esconde su fina estantería. Se trata de la chocolatería boutique Bon Chocolat que hace dos semanas abrió sus puertas en calle Balmaceda 432, local 1-A del Patio Colonial de La Serena.

Para nadie es un secreto que el chocolate es la mejor compañía de una pareja de enamorados y también el remedio perfecto para una desilusión. Una dulce adicción que Vincent Mégevand y su esposa Carolina Torres esperan acercar a la comunidad por medio de una variada oferta, donde destacan alimentos sin azúcar y gluten.

“NO NOS SEPARAMOS MÁS”

Hace diez años un joven suizo dejó su tierra natal en busca de una oportunidad laboral en nuestro país. Lo que sería un viaje de tres años se transformó en una larga estadía de aprendizaje y contención. Con un título de ingeniero electrónico bajo el brazo, Vincent Mégevand ingresó a trabajar al Observatorio La Silla, ubicado en la comuna La Higuera de la región de Coquimbo.

Luego de desempeñar su oficio en el Centro de Búsqueda Nuclear de Suiza, se instaló en la capital del país “con los cielos más lindos del mundo”, tal como lo define. Vivía en Santiago y viajaba cada cierto tiempo a la zona para hacerse cargo de la mantención de los telescopios. Se mantuvo unos años en esa dinámica, hasta que emigró al área de informática de una empresa capitalina, donde conoció a su mujer.

En conversación con El Día, Carolina Torres cuenta con evidente emoción en sus ojos que “nos conocimos trabajando. Yo trabajaba como contador auditor en finanzas y él en el sector de informática. Un día se me echo a perder el computador y nos vimos por primera vez. A partir de ese momento no nos separamos más”.

Sobre cómo han compatibilizado dos culturas tan distintas, manifiesta que “al principio fue un poco difícil. Yo aprendo de él y él aprende de mí. A veces chocamos en cuanto a costumbres, pero hay que tratar de complementarse. Hasta el momento lo hemos manejado bien y nos llevamos súper bien”.

Con el tiempo el joven empresario de 31 años volvió a trabajar en el observatorio, razón por la cual echaron raíces en La Serena, ciudad donde hoy crían a su pequeña hija de dos años y se la juegan por un proyecto de familia. “Vine a Chile por unos años, pero la conocí a ella y me quedé. Además me gusta mucho el país y espero que podamos sacar adelante el negocio”, comenta Mégevand.

PARAÍSO DE CHOCOLATE

La nueva chocolatería de la capital regional, además de ofrecer productos para celiacos, veganos y diabéticos, cuenta con una amplia gama de mercancía suiza, alemana y artesanal chilena. Según sus dueños, esto ha llamado ampliamente la atención de los consumidores, quienes en Navidad aprovecharon de comprar un regalo especial para sus seres queridos.

Entre sus tareas inmediatas Bon Chocolat pretende colaborar con los pequeños emprendedores de la región y contar con un proveedor de Suiza, para lo cual ya se iniciaron los trámites. De esta manera la marca que está asociada al país de la mejor elaboración de chocolate a nivel mundial pretende posicionarse en el rubro alimenticio de la zona.

Respecto a cómo nació la idea del emprendimiento, Vincent detalla que “nace de mucha conversación entre nosotros que desde hace bastante tiempo queríamos tener nuestro propio negocio. Y bueno elegimos chocolate porque soy suizo, entonces vamos a andar bien en cuanto a las tendencias”.

Por su parte, su esposa agrega que la primera vez que fueron juntos a Suiza se sorprendió de la cantidad de locales comerciales dedicados a la venta del producto. “En ese viaje descubrí su verdadero sabor porque aquí en Chile generalmente se consume puro sucedáneo y no se siente lo que es el cacao”, señala.

Carolina Torres cuenta que si bien tuvieron la oportunidad de irse a vivir a Europa, decidieron tomar el desafío que les presentó la vida y enfocarse en este proyecto. “Por ahora nuestra meta es que la chocolatería siga creciendo, poder traer chocolates suizos y quizás en un futuro traer recetas y hacer nuestro propio producto”.

Cabe destacar que los dueños del local contaron con el respaldo del Centro de Desarrollo de Negocios La Serena de Sercotec, organismo que a través de un asesor le acompañó en el proceso de inicio de actividades y en la definición de su logotipo. Este acompañamiento también se tradujo en un acercamiento con una estudiante de la carrera de Diseño de la Universidad de La Serena, quien orientó a los empresarios sobre el diseño interior y la accesibilidad de la tienda.

 

 

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