• ESPECIAL ANIVERSARIO ITALIA: La esperanza en el fin del mundo
    ESPECIAL ANIVERSARIO ITALIA: La esperanza en el fin del mundo
Hace sesenta y dos años, más de 153 italianos llegaron a Coquimbo

l 17 de mayo de 1951, el diario El Regional titulaba: “A bordo del Américo Vespucio llegan el sábado al puerto los ciento cincuenta colonos italianos (trentinos)”, todos huyendode los daños colaterales que había dejado la Segunda Guerra Mundial.
Es que Trento, una pequeña provincia de los Alpes italianos, se había convertido en el paso obligado para el ejército alemán. La población quedó expuesta a los bombardeos y persecuciones del enemigo. La única escapatoria que tenían a su alcance era emigrar hacia nuevos horizontes y Chile era una opción.
A sesenta y dos años de esa osadía, los colonos trentinos señalan que fue una de las experiencias más importantes de sus vidas. Si bien no conocían nada de Chile ni menos manejaban el idioma, el deseo por conseguir la tan anhelada paz los llevó a abandonar su tierra natal.
Diario El Día, en su portada del 20 de mayo de 1951, grafica ese momento titulando “La patria cuenta con veinte familias más”. “Fue cordial la recepción hecha a los colonos italianos”.
El libro “Trentinos, largo surco hacia un destino” grafica la desesperación de los colonos por encontrar un mundo mejor. “Tras la post guerra las condiciones de subsistencia se habían tornado muy duras. La oferta de desplazarse a América seguía siendo una oportunidad que en inmigraciones anteriores se había transformado en un mejoramiento sustancial de los niveles de la vida de quienes la habían enfrentado”.
En este primer viaje llegaron veinte familias (153 personas), las cuales fueron ubicadas en las Vegas de Peñuelas para que se dedicaran a las labores agrícolas.
El libro relata que el atraque en el puerto de Coquimbo dejó otra huella “que entremezcló desazón y sorpresa. Desazón porque el paisaje final marcaba un cambio al universo físico al que estaban acostumbrados”.
Enrico Rossi, quien en aquel entonces tenía cinco años, recuerda que el trayecto se realizó a través del canal de Panamá, el recorrido hacia Chile demoró más de treinta días. Durante ese período Rossi recuerda que sus padres participan de diversas actividades recreativas y culturales.
“Fue una experiencia especial, porque nunca habíamos andado en tren, menos en barco. Lo que más me impactó fue el recorrido por el canal de Panamá. Es más. Hace algunos años volví a recorrer parte del trayecto para ver si lo que tenía en mi mente era cierto”, relata.

Trentinos llegan a Coquimbo


Después de un mes de navegación los trentinos pisaron tierra chilena. En el puerto de Coquimbo fueron agrupados y trasladados en camiones del Ejército hacia sus nuevos hogares.
En el predio lo esperaban miembros de la congregación religiosa barnabita (creadores del Seminario Conciliar), quienes no sólo les sirvieron de intérpretes sino que también se encargaron de enseñarle todo sobre la cultura chilena.
En estas tierras sembraron todas sus esperanzas. Sin embargo, las expectativas estaban lejos de cumplirse. Rossi recuerda que lo más difícil para los trentinos fue dominar el idioma. “No conocíamos nada del país ni sabíamos que existía. Los diez primeros años fueron muy duros, porque a la tierra le costó producir. Al ser vegas de tercera clase tenían mucha sal, agua y arena, pero pasado el período más duro las tierras comenzaron a producir”.
Esta historia se repite en los cientos de trentinos que llegaron desde 1951 en adelante en busca de un nuevo mundo. El libro “Trentinos” relata la odisea de algunos colonos para quienes durante sus primeros años las palabras esfuerzo y perseverancia se transformaron en sus mejores compañeros.
Attilio Callegari explicaba que llegó primero a La Antena, “porque yo era un agregado, no tenía derecho a parcela, a ninguna cosa tenía derecho, en vez de los quinientos pesos que le daban mensualmente, tuve que arreglármelas y pasar hambre, comer cebollas no más… Me iba a buscar la comida (para el almacén) a Coquimbo de a pie desde aquí hasta los carabineros en Peñuelas, desde allí tomaba los buses para ir a Coquimbo. De allí me venía en los buses hasta Peñuelas y de allí me venía con los cien kilos hasta el almacén Trento”.
La prosperidad y estabilidad sólo llegaría seis años después. Esto porque en 1957 la CITAL, dueña de las parcelas, “aseguró que los predios serían vendidos a los colonos trentinos, dejando atrás las dificultades de los primeros años en Chile”, relata el video “Nueva vida al fin del mundo”.
Rossi recuerda que recién en 1960 la estabilidad económica llegó a su hogar, pese a que las deudas económicas seguían siendo altísimas. El pago por el dividendo de la parcela sólo se apaciguó quince años después de la llegada.
“Es un error pensar que nos regalaron las tierras, nuestros padres estuvieron muchos años pagando por esas tierras, que en algunos casos llegaron a ser hasta infértiles debido a la escasez del recurso hídrico”, explica Rossi.
Pero pese a estos inconvenientes los colonos lograron reinventarse y no sólo depender de la agricultura. Los conocimientos en otros rubros les permitieron a los trentinos ingresar al mundo de la mueblería, zapatería, vitivinícola, etc. especialidades que no estaban cubiertas en la región.

Nuevo zarpe de Trentinos


En 1952, un nuevo grupo de colonos trentinos llegan a la zona. Esta vez fueron cien familias las que decidieron dejar atrás su tierra natal. En una primera instancia los colonos fueron ubicados en el internado del Seminario Conciliar, debido a que las propiedades aún no estaban construidas en su totalidad.
Con el paso de los días, en algunos casos hasta meses, fueron ubicados en la Hacienda San Ramón, Santa Inés, El Mirador y La Rinconada.
Si bien le habían prometido lo mismo que al primer grupo, el libro Trentinos relata que las viviendas “carecían de agua potable y luz. Los habitantes de la Nueva Serena debían atravesar a pie los arenales de San Ramón hasta el matadero en la Pampa, donde recién podían tomar movilización hacia Coquimbo”.
La prosperidad sólo llegó con el paso de los años y gracias a la perseverancia. Aunque algunos no aguantaron y prefirieron volver a Italia o viajar en busca de un nuevo mundo, Brasil, en algunos casos. Así lo grafica la portada de diario El Día del 7 de enero de 1956. “Dieciocho familias de parceleros italianos viajan hoy al Brasil”.

 

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