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Atrás quedaron sus estudios de derecho y sus caminatas por la playa. Hoy está dedicada a la crianza de su hija y a un emprendimiento fotográfico junto a su marido.

Corría el año 2010 y Paulina Urqueta trabajaba como asesora jurídica de un conocido diputado de la región. La joven oriunda de Coquimbo llevaba una vida tranquila, pero carente de emociones. A sus 29 años jamás imaginó que lo que empezó como una relación virtual se transformaría en su gran proyecto de familia.

Hace seis años decidió partir de cero. Con una maleta de sueños bajo el brazo dejó su tierra natal para caminar junto a Emiliano Pacheco, un argentino que la conquistó a punta de cariño y dedicación. La pareja vive en la ciudad de Córdoba junto a su pequeña hija de un año Lucrecia, el motor de su felicidad.

Mientras se encontraba en su estudio fotográfico infantil, emprendimiento que lleva poco más de seis meses, Paulina hizo un alto en su jornada laboral para conversar vía audio de whatsapp con El Día, oportunidad perfecta para recordar su historia, un ejemplo de valentía de alguien que le dio la espalda a la rutina y construyó su propio destino.

“CONOCÍ LOS SUEÑOS”. A los siete meses de entablar contacto, Emiliano viajó a la comuna porteña a conocerla. Desde ese momento los encuentros no cesaron hasta que el año 2012 se casaron. Él tenía un trabajo estable en Argentina, razón primordial para que decidieran vivir en el país trasandino.

A sus 35 años, la mujer confiesa que “antes de conocer a mi marido no tenía muchos proyectos. Mi idea era terminar mi carrera de Derecho, pero no tenía nada que me apasionara, nada que me llenara como persona. Desde que conocí a Emiliano empecé a soñar, le tome el valor a los proyectos y expectativas”.

Con evidente emoción en su voz, comenta que “siempre he pensado que uno puede ser mediocre en muchos aspectos en la vida, pero menos en el amor. Nunca encontré a una persona que me moviera el piso en Chile. Cuando me di cuenta del gran amor que sentía por él, supe que mi felicidad estaba en otra parte”.  

NO TODO ES COLOR DE ROSA. A un mes del matrimonio y de la llegada de Paulina a Córdoba, Emiliano quedó sin trabajo, en lo que fue su primera prueba de fuego como pareja. “Fueron tres años muy difíciles, tuvimos que irnos a vivir con su abuela. Nunca pude encontrar trabajo y con el paso del tiempo me inscribí a estudiar psicología, mi verdadera vocación”. La vida siguió su curso y las cosas fueron mejorando. Hoy conforman su propio hogar junto a Lucrecia.

Asimismo reconoce que le costó acostumbrarse a las diferencias culturales. Según indica “estamos a una cordillera de distancia, pero el cambio cultural es del cielo a la tierra. Los chilenos somos más tranquilos y cuidamos las formas, en cambio los argentinos no, no tienen filtro. Al principio te choca su manera de ser tan frontal”.

Sin embargo, valora la “cultura de calle” que conserva Argentina, costumbres como caminar por la plaza, conversar con los vecinos o llevar a los niños a jugar al parque. “Es una ciudad muy rápida y cuesta acostumbrarse, pero tiene sus ventajas. Es un lugar donde jamás te vas aburrir, siempre te sorprende”, señala.

De la región lo que más extraña es el mar y la tranquilidad, además de su familia y amigos. “En un futuro queremos volver”, asegura.

RECOMENDACIONES PARA VIAJEROS.

Paulina aconseja a quienes quieran emprender una aventura a atreverse. “Estés donde estés no todo será color de rosa, pero uno tiene que seguir su propio camino. Si bien los afectos se extrañan, la familia y los amigos, es una decisión necesaria”, comenta. Según confiesa para ella no ha sido fácil estar lejos de su madre y hermanos, pero está convencida que su elección valió la pena.    

En tanto, afirma que al conocer otras culturas, uno aprende mucho. “Es un proceso enriquecedor”.

 

 

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