• En la puerta principal de El Día, Frank dejó el sello de su simpatía y ganas de vivir. Su meta es llegar hasta Ushuaia, en Argentina.
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El Día
Frank Molina salió desde Venezuela con una mochila llena de sueños e ilusiones, pedaleando desde la misma Caracas para recorrer Sudamérica y llegar hasta el sur del mundo. En su paso por La Serena, encontró muchas amistades y una solidaridad a toda prueba

Era una mañana cualquiera en pleno centro de La Serena, en el marco de una mañana sombría y algo fría.

Todo ocurría con plena normalidad en las dependencias de diario El Día cuando recibimos un llamado muy particular en portería,  avisando de una visita.

Y no se trataba de una visita cualquiera. Era un hombre que ha hecho de la bicicleta parte importante de su vida y se ha puesto metas interesantes y atrevidas para alguien de sus años y experiencia. 

Nos referimos a Frank Molina, un ciclista de 68 años que ha cumplido variados sueños y ha demostrado que no hay límite posible, ya que tras un largo viaje desde Caracas, Venezuela, llegó  a Chile luego de más de 7 mil kilómetros de travesía, donde ha puesto a prueba su condición física, pero sobre todo su temple y fortaleza.

Se cansó de recorrer su propio país y de practicar ciclismo, pero pese a su avanzada edad,  se atrevió a una acción mucho más arriesgada y aventurera. Su deseo era cruzar las fronteras de su país, y para eso debió prepararse y romper con todos los prejuicios.

“Comencé en 2004, y tras conocer mi propio país, decidí que quería visitar México sobre dos ruedas. Solicité el apoyo del Instituto de Deportes de mi país,  me ayudaron y por medio de ellos recibí el respaldo de RedBull, que me patrocinó el viaje.  También aproveché de recorrer Centroamérica, lo que fue una experiencia notable”, afirmó.

SOBRE DOS RUEDAS.

Si bien ya está jubilado, la bicicleta ha acompañado a Frank en todo momento y es así cómo en diciembre del año pasado comenzó su viaje hacia Chile.

“Pasé por Colombia, que tiene mucha altura, mucha montaña, con gente maravillosa. Luego fui a Ecuador, país al que entré por la selva y llegué a Quito, donde hice algunas charlas deportivas en escuelas y pude encontrarme con mi hijo, a quien no veía desde hace largo tiempo”, añadió`.

Posteriormente, Frank fue a Perú,  donde participó de un seminario destinado a ciclistas y la vida sana, donde había personas de distintas partes del continente. “Luego ingresé por Arica, posteriormente continué por Antofagasta, el desierto de Atacama, pasando por distintos pueblos y caletas, donde hice muchos amigos y agradezco el apoyo de diversas familias, donde incluso trabajé con pescadores, a cambio de tener alimento y algo de abrigo”, recordó.

Su bicicleta le ha acompañado por todo el continente, donde también ha debido trasladar una serie de artefactos que le son útiles. “Guardo mis víveres, mi pequeña cocina, pan y café. Hace pocos días, llegué a La Serena y recibí alojamiento e incluso unos amigos que trabajan en una tienda de bicicletas en calle Colón me apoyaron y me la dejaron impecable”.

Frank ya dejó La Serena y su próximo destino fue Santiago, para posteriormente dirigirse hasta Osorno, San Carlos de Bariloche  y hasta la Patagonia. “Mi destino es Ushuaia,  Argentina, el fin del mundo, donde yo quiero llegar”, concluyó. 3801i

 

 

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