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Reuters
A pesar de la desgraciada caída, el atleta James Chiengjiek se levantó y decidió finalizar, generando un sinfín de comentarios de apoyo en redes sociales.

El atleta representante del Equipo de Refugiados, James Chiengjiek, finalizó la carrera clasificatoria de los 800 metros devastado y entre lágrimas, luego de sufrir una desafortunada caída en el principio de la competencia que lo sentenció a ocupar el último lugar entre los competidores.

Un desolador momento que se vivió tras el choque del africano con el español Saúl Ordoñez, quien al querer adelantarlo, impactó con el punta del pie de su rival, perdiendo su estabilidad por completo y llegando a la meta 17 segundos más tarde que el ganador de la carrera, lo que provocó las lágrimas del deportista que abandonó su nacionalidad

A pesar de la desgraciada caída, el atleta refugiado se levantó y decidió finalizar, generando un sinfín de comentarios de apoyo en redes sociales.

“Quería hacer algo importante para llamar la atención sobre la situación de miles de personas refugiadas”, se lamentó el atleta luego de su último lugar y pidió perdón ante las cámaras, reconociendo que más allá de la medalla, su objetivo era entregar un mensaje al mundo.

Chiengjiek escapó de la guerra civil sudanesa cuando apenas tenía 13 años, luego de que su padre fuera asesinado por las Fuerzas Armadas del país africano. De esta forma, evitó ser secuestrado y reclutado para las milicias. En Kenia, lugar donde se refugió, comenzó su amor por el atletismo.

Rápidamente, comenzó a hacerse espacio en el atletismo competitivo a nivel mundial y su caso llegó a las Naciones Unidas, organización que le brindó apoyo desde el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR). En 2013, entrenado por la destacada atleta keniata Tegla Laroupe, comenzó a capacitarse en la Fundación para la Paz.

Dada sus aptitudes en las pruebas de 400 metros, clasificó a Rio 2016 con el Equipo de Atletas Refugiados (ART), donde finalizó último en dicha prueba. Un resultado que motivó a Chiengjiek a seguir compitiendo y volver a decir presente en unas Olimpiadas, además de competir en los IAAF World Relays junto a su compañera refugiada Rose Nathike.

A pesar de su triste actuación debido a su desafortunado tropiezo, el atleta africano valoró su paso por Tokio y quiso enviar un potente mensaje. “Cuando haces algo, debes hacerlo con todo tu corazón y sabiendo que la puerta se abrirá algún día. Esperamos que, en el futuro, muchas otras personas refugiadas tengan también este tipo de oportunidades”, sentenció.

 

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