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Lautaro Carmona / Archivo El Día
Un arquero que marcó época en Deportes La Serena y Coquimbo Unido

Nos encontramos en el ingreso al estadio Francisco Sánchez Rumoroso, por calle Santiago Trigo y desde un primer momento se le nota entusiasta, de buen ánimo. Recibe el saludo de algunos hinchas que llegaron hasta el recinto deportivo,  para presenciar el entrenamiento de Coquimbo Unido. Es que pese al correr del tiempo, su imagen resulta prácticamente inconfundible para los forofos. Hablamos de Mario Rodríguez, el “Loco”, un exarquero que no pasa de moda.

De hecho, nos espera con la camiseta del portero Matías Cano, la misma que el guardameta argentino que defiende la casaquilla aurinegra le regaló tras jugar el partido ante Magallanes. 

“Disfruto mucho viéndolo jugar, porque me reflejo mucho en él, ya que tiene un estilo que muy pocos arqueros poseen en Chile. Lo puedo reflejar en Amadeo Carrizo o Hugo Orlando Gatti en Argentina. Otro de ellos es Manuel “El Loco” Araya, que es mi ídolo y que jugó en Palestino y Naval, igual que yo. Lo que no tenía era buen manejo con los pies, a diferencia de Cano, que como jugó de centro delantero sabe muy bien (qué hacer)con la pelotita. Es un líbero y tiene el típico enganche de un atacante. Me identifico mucho con las ganas que le pone y con su voz de mando”, argumentó.

Respecto de la tapada notable que tuvo el trasandino ante Magallanes, donde corrió a su arco para sacar el balón sobre la marcha, Rodríguez no escatimó en halagos. “A él lo pilló mucho más lejos de la distancia que pensaba iba a necesitar correr. Holgado la perdió saliendo del área grande y Cano estaba bien posicionado, pero el atacante de Magallanes dió media vuelta y rápidamente remató.  Cano lo resolvió en forma extraordinaria, por eso Matías es un referente para muchos jugadores jóvenes”, señaló.

Un gesto de respeto de uno de los cuidatubos que se quedó en el recuerdo del futbolero de antaño, que logró un ascenso con Coquimbo Unido aunque también vivió la alegría vistiendo los colores de Deportes La Serena.

Pero parte de su alma, indefectiblemente, está en el puerto, donde actualmente trabaja como formador de arqueros de la institución aurinegra. Y los fines de semana está frente a los micrófonos de Radio Montecarlo para comentar los entretelones de los equipos en las canchas.

Sin dudas, la parte formativa es una de sus pasiones. “Estoy trabajando en la Escuela de Fútbol de Coquimbo Unido, donde formar requiere mucha dedicación y tiempo. Es lo que me encanta. Ha sido un proceso bueno, porque así me sigo rodeando del ambiente en el que estuve durante mucho tiempo, no sólo cuando jugué en el fútbol profesional, sino cuando yo me inicié en los clubes amateur. Porque para llegar a ser un profesional y a Coquimbo Unido, tienes que ser el mejor del barrio y estar en las selecciones juveniles”, subrayó. 

Eso también lo entrega haciendo comentarios de fútbol y analizando los partidos de Coquimbo Unido, generalmente en el puerto. “Yo reconozco que uno ocupa el lugar de periodistas titulados, pero no es menos cierto que uno puede tener más experiencia en la parte futbolística. Todo esto me tiene contento, me tiene feliz. Estar en la caseta es como estar jugando”, reconoce.

“Don Otmar Rendic me dijo con toda franqueza: ‘Quiero que estés con nosotros para llevar gente al estadio, porque te van a ir a ver fracasar, porque eres coquimbano’. Todo eso me dio fuerzas para no defraudarlo”. - Mario Rodríguez,

LAS PRIMERAS ATAJADAS

Mario Rodríguez debutó en Coquimbo Unido en 1978, en la época de Torino, Liminha y Bené, los brasileños que marcaron historia en Coquimbo Unido.  Jugó su primer partido en Calama ante Cobreloa, donde le atajó un penal a Guillermo Yávar. El cuadro pirata cayó por 1-4.

Posteriormente, igual cayó por 1-4 en la capital, pero el desempeño del “Loco”, con sólo 18 años de edad, fue muy bien evaluado.  

El tiempo pasó, y en 1982 se quedó con la titularidad, esto debido a que Rolando Rivera, guardapalos habitual de esa época, se lesionó. “Él tuvo esa mala fortuna, y de ahí en adelante yo no salí más del arco. Luego, me lesioné yo y Rolando volvió a la titularidad,  y ahí yo cometí errores, como por ejemplo infiltrarme para no dejar de jugar, lo que me trajo graves consecuencias. Por eso, yo sufro mucho con mi rodilla”, añadió el portero, que tuvo su primer llamado a la Selección Sub-20 para el Sudamericano de Paysandú el ’79, equipo que tuvo una grave polémica por el “caso pasaportes”.

Chile llevó veinte jugadores, diecisiete con pasaportes falsificados, cumpliendo con la edad reglamentaria sólo Óscar Meneses, Fernando Astengo y José Luis “Pelé” Álvarez, mientras el Cóndor Rojas, Raúl Ormeño, Juan Carlos Letelier, Osvaldo Arica Hurtado, Edgardo Fuentes, Mariano Puyol, Osvaldo Papudo Vargas, entre otros, fueron parte del acto organizado por la Asociación Central de Fútbol, presidida entonces por Eduardo Gordon Cañas. 

“Yo sabía eso de antemano y renuncié, ya que desde siempre tomé decisiones. En mi primer llamado a la selección chilena, estando con grandes jugadores, la dejé porque sabía que estaban haciendo mal las cosas. En el ’83 me volvieron a llamar, ya en otras condiciones, y participé del Sudamericano que clasificó a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, donde estuvimos sólo jugadores de Segunda División. De 12 partidos jugué once, y estuve compartiendo con Roberto “El Cóndor” Rojas, a quien le gustaba como yo jugaba”, señaló.

LA PORTADA LO RECIBIÓ

A mediados de la década de los ’80, Mario Rodríguez recibe una interesante oferta, pero para muchos inesperada, incluso para él: vestir la camiseta de Deportes La Serena, siendo que el “Loco” estaba plenamente identificado con Coquimbo Unido.

“Hubo un período en el que iban como 300 personas al estadio La Portada, tiempos malos para el equipo. El 12 de octubre de 1986, don Otmar Rendic me llama y me invita a ser parte del equipo del año siguiente. Firmé contrato en el Deca, en el tercer piso, que estaba en La Serena. Ahí, curiosamente, fue la primera vez que me puse un terno”, recordó.

Reconoce que don Otmar lo invitó a participar con un objetivo muy claro. “Me dijo con toda franqueza: ‘Quiero que estés con nosotros para llevar gente al estadio, porque te van a ir a ver fracasar, porque eres coquimbano’. Pero todo eso me dio más fuerza para no defraudarlo, por la confianza que me dio. Suma que yo me fui mal de Coquimbo, porque tuve varios problemas con Miguel Bauzá, aunque le tengo mucho cariño, pese a nuestras diferencias políticas.”.

Fue determinante la temporada de 1987, cuando en enero del 88’ van y vencen a Deportes Ovalle, ante un estadio “Willy González” repleto, que hoy sólo es parte de la historia y del recuerdo. “Abrió la cuenta  el “Nene” Rubén Gómez, y después vinieron los goles del “Pititore” Cabrera. Y ahí comenzó el repunte que nos llevó a ser punteros y luego rumbo al ascenso. Éramos una mezcla de juventud y experiencia. Esa fue la clave”, recordó.

Aunque ascendió, Deportes La Serena tuvo que jugar una final contra Deportes Valdivia, equipo de la zona sur, para definir al campeón. Y los granates lograron imponerse, aunque en el duelo jugado en La Portada hubo una batalla campal, donde el “Loco” estuvo presente con una patada voladora a Hormazábal, lo que quedó en el recuerdo de los fanáticos serenenses. 

Respecto de los clásicos regionales, los que disputó con ambas camisetas, tiene anécdotas especiales. “Hubo uno donde jugué por Deportes La Serena en Coquimbo. Ellos quedaron con uno menos, por la expulsión de Juan Páez. Los que jugamos anteriormente en Coquimbo Unido no te niego que queríamos ganar, porque La Serena nunca lo había hecho en el Sánchez Rumoroso. Y era la oportunidad precisa. Pero curiosamente José Sulantay nos pedía atacar y los referentes de La Serena creían que lo mejor era contener. Por eso me quedó marcado ese partido. Lo bueno es que yo nunca perdí un clásico, jugando con las dos camisetas”, sostuvo.

El exarquero, si bien se sabe identificado por Coquimbo Unido, hasta el día de hoy es reconocido con respeto por hinchas, exdirigentes y afines a Deportes La Serena. “Me quedo con ese orgullo. De hecho, hoy estoy dirigiendo a Justo Donoso en La Pampa, y el cariño que se me da en las canchas amateur es impagable. Yo recién a mi edad, sopeso lo que fue mi carrera en el fútbol, porque yo lo hice siempre para divertirme. Yo era un loco, y no percibí hasta después todo lo que trascendí. Padres y abuelos de los jóvenes que hoy quieren ser arqueros, les hablan de mí”, cuenta con orgullo.

En 1992, lo llamó Isaac Carrasco para jugar en Santiago Wanderers, que luchaba por no bajar de Segunda a Tercera División de ese entonces. “Compartí con Rodrigo Goldberg, Mauricio Illesca, Adolfo Ovalle, Santiago Pizarro, Cristian, el “Pistola” Flores, entre otros. Luego vino Naval, Deportes Ovalle y en el 95’ retorné a Wanderers, pero me lesioné de los cartílagos y me retiré de lo profesional. En 1999 estuve en Bélgica, donde fui técnico y jugador, y ahí me alejé del fútbol. Vinieron años muy difíciles”, recordó.

EN EL INFIERNO.

 El “Loco” está consciente que luego del fútbol cometió errores altamente costosos. “Caí en la droga, en la cual estuve como 25 años. Pero los últimos quince fueron terribles, porque mi consumo era 24/7, por lo que llegué incluso a robar. La enfermedad es tan grande que te maneja la vida, los pensamientos, te quita el autoestima y el amor por el prójimo y por los tuyos”, reconoce.

Mario está en Narcóticos Anónimos, institución que le salvó la vida. “Nosotros tenemos un lema. ‘Sólo por hoy’. Y así es como un adicto puede ayudar a otro adicto. Yo quiero contar mi experiencia, que creo puede ayudar a otros. Yo no puedo encerrarme en una burbuja, porque siempre las personas van a estar consumiendo drogas o alcohol. Pero yo quiero seguir adelante”.

El gran punto de inflexión para Mario fue cuando sufrió un infarto. “Si no me hubiese pasado, es muy posible que yo hubiese seguido consumiendo hasta morir. Si uno no toca fondo, definitivamente no va a parar. Te pueden retar, zamarrear, castigar y no va a servir de nada si uno no quiere parar. Y lo peor, es que se lo hice vivir a mis hijos”, rememora con pena.

El punto llegó a extremos tan grandes, que vio los roles cambiados. “Mis hijos actuaban como mis papás (se emociona) y yo como hijo. Me pedían que me cuidara y que me portara bien. Eso, con el tiempo lo valoro, porque tenían razón, ahora pueden ver a su padre, que está bien y que está limpio. Incluso, de regreso a los medios de comunicación. No porque uno haya caído, tiene que ser postergado, pero las posibilidades hay que ganárselas y yo estoy dispuesto a eso. Cada día le gano a la droga, y para eso hay que tener amor”, reconoce con esperanza.

Mario participa de una agrupación en la Junta de Vecinos Nº 11 del Llano, en Coquimbo, de lunes a viernes, de 20:00 a 21:30 horas, que opera en forma gratuita. “Estamos para salvar vidas, así como yo he podido salvar la mía”, reconoció este “Loco” que sigue bajo los tres tubos, para evitar los contragolpes de la vida y salir triunfante en el torneo de los valientes. 

El presente del Fútbol

Mario Rodríguez, al igual que todos los porteños, está expectante por lo que está haciendo Coquimbo Unido en el presente año. “Esto es el resultado del pundonor. Patricio Graff tiene un grupo muy unido, es un equipo corto pero todos están detrás del mismo objetivo. Lo importante es la cohesión que se ha logrado y lo férreo que está el conjunto. Tanto en el triunfo como en la derrota, Patricio Graff está calmo”, destacó.

El “Loco” hace un análisis diferente de lo que ha pasado con Deportes La Serena. “Ellos a comienzo de año tuvieron un plantel muy largo, pero vino una seguidilla de malos resultados, sumado a los problemas internos que ha habido dentro del equipo. Luis Marcoleta es un ganador, pero hay tarea por delante, porque este es un equipo que está herido”, recalcó.

 

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