Cuando se retiró del fútbol, hace diez años, la gente y el mundo futbolístico le entregaron todo su cariño. Es que fueron más de veinte años vistiendo de corto, con buenos pasajes en la Selección y también en el legendario Cobreloa de los años ochenta.

Debo reconocer que tomar un taxi en Santiago es toda una experiencia. Dentro de la diversidad que ofrecen todos los conductores- en Buenos Aires es mucho más, por cierto-, siempre es agradable charlar de todo, pero principalmente de fútbol. Y con Chile a las puertas de jugar importantes duelos clasificatorios para el Mundial de Brasil en 2014, ante Bolivia y Venezuela, el 2 y 9 de junio, respectivamente, salta la pregunta del millón: “¿Sabes cuál es el problema hoy de la Selección? Que no tenemos buenos centrales. Es que ya no hay ninguno como Elías o el ‘Mocho’”, suelta el chofer. Y quizás tenga razón…

Es que ante la carencia de jugadores que dominen ese puesto –vienen muchos en el camino, pero todos con un potencial para el día de mañana-, al chofer le creció la añoranza por Eduardo Gómez, el popular “Mocho”, como le llaman sus amigos desde pequeño por su particular forma de caminar. Sin duda uno de los grandes centrales que ha tenido el fútbol chileno, y que viene de una numerosa familia de hermanos ligados a la pelota. Se consagró como uno de los ídolos indiscutidos de los ochenta y compartió en más de alguna ocasión la camiseta de la “Roja de Todos” con Mario Soto, René Valenzuela y Fernando Astengo, entre otros.

Eduardo Hernán Gómez Cortez nació en Ovalle el 2 de junio de 1958 y desde chico supo que el fútbol sería su profesión. Ingresó en juveniles al cuadro de Ferroviarios en su tierra natal para luego jugar en Deportes Ovalle en 1978. En 1979, recomendado por su hermano Rubén, llegó a Cobreloa, dirigido entonces por Andrés Prieto, cuando se lucía como un volante de salida de exquisita técnica y pegada. Pero fue el técnico Vicente Cantatore quien lo ubicó como zaguero central, función con la que alcanzó su mayor rendimiento en el conjunto minero, donde fue campeón los años 1980, 1982, 1985 y 1988, y dos veces subcampeón de la Libertadores. “Pasé los mejores momentos de mi vida en Cobreloa, no sólo en la cancha, sino también fuera de ella. Allí se me enseñó que todo costaba y que había que ser disciplinado para triunfar en la vida. Crecí mucho al lado de grandes tipos, tanto como futbolista y como persona”, recuerda.

Tras sus exitosos pasos por el legendario Cobreloa de los años ochenta, en 1990 marchó a la “U” y enseguida a Deportes La Serena, para luego volver a su querido Ovalle, donde decidió retirarse a fines del 2003, con 43 años, entre aplausos y rodeado de figuras de la talla de Carlos Caszely, Claudio Borghi, Héctor Puebla, Hugo Tabilo y Fernando Astengo, entre otros astros del fútbol nacional. En ese momento Eduardo “Mocho” Gómez levantó los brazos al cielo y dio gracias por haberle dado la oportunidad de deleitar al respetable por más de 20 años.

Es cierto, pues en su despedida no sólo estaban los grandes del fútbol chileno, sino también la mayoría de los integrantes del plantel famoso de Cobreloa que disputó dos veces la final de la Copa Libertadores de América.

Luego de la vuelta olímpica, los aplausos y vítores del respetable y el cordial abrazo de sus ex compañeros, el “Mocho”, con más de una lágrima corriendo por sus mejillas, dijo: “Me voy en paz con el fútbol. Yo lo di todo y el fútbol me retribuyó con mucho... No pensé que la gente me quisiera tanto”.

- ¿Con qué se queda tras años ligados al fútbol?

“Con muchas cosas, ya que disfruté de esta profesión, aunque igual tuve muchas lesiones a lo largo de mi carrera. Recorrería los mismos caminos, pero me cuidaría más. No hay nada como ser jugador de fútbol. Como en la vida, el fútbol tiene de todo. Lo digo en serio. Jugué tantos años y disfruté mucho, pero todo termina”.

- Con la mano en la Biblia, ¿Era usted un central de esos que pegaban?

“No, pero cuando había que pegar, lo hacía. Por ahí metía la pierna firme, pero nunca con la intención de lastimar a nadie. Es más, creo que no recuerdo una patada en la que lesioné a un compañero, pero te insisto, cuando tenía que pegar, lo hacía”.

- ¿Y qué pasó con Francescoli en la Copa América del 1987?

“Es uno de los malos recuerdos que tengo a nivel futbolístico, ya que me hice expulsar tontamente y perjudiqué a los muchachos, puesto que sabíamos que a Uruguay le ganábamos. Lo que pasa es que entré al campo de juego con muchas ganas, muy ansioso y pasado de revoluciones, lo que al final terminó por pasarme la cuenta. No me enorgullece para nada lo que hice ese día, pero bueno…”

- ¿Cuál es el abc del defensor central?

“Lo principal es tener tranquilidad, ser ordenado ante cualquier situación. Es que el central, como último hombre, debe mostrar seguridad ante todo, ya que de esa manera tus compañeros se sentirán cómodos y así jugarán más tranquilos”.

- ¿Qué Gómez era mejor, Rubén, Omar o el “Mocho”?

“Sin duda que Rubén. Era un jugador muy talentoso y elegante. Y en Cobreloa, donde había muy buenos jugadores, lo demostró. Era un fuera de serie”.

- ¿Y el compañero con el que mejor se entendió?

“Jugué con muchos en el puesto de central, pero sin duda que con los mejores que anduve fue con Mario Soto, René Valenzuela y Fernando Astengo. Todos muy buenos, además de excelentes personas, por lo demás”.

-Un día Ivo Basay dijo que los mejores centrales que había visto en su vida eran Elías Figueroa y Eduardo Gómez…

“Parece que no sabe mucho de fútbol, jejé. Mira, es grato que la gente te reconozca como un buen jugador y también como buena persona. Y claro que es una satisfacción tremenda estar entre los grandes del fútbol chileno, más cuando te lo dice un jugador que dejó huella en el fútbol nacional. Se siente bien ser querido. ¿Le cuento una anécdota?”

- Claro…

“Una vez el técnico Vicente Cantatore dijo que yo era el mejor jugador que había dirigido. ¡Y pucha que dirigió jugadores en todos los países en los cuales trabajó! Esas son las cosas que te hacen volver al pasado y decir: Creo que hice bien las cosas”.

- ¿Le cuento una yo?

“Por supuesto…”

-Yo tengo las medias de fútbol que usted usó en el partido con Uruguay, en la Copa América del ‘87, y hasta el día están manchadas de verde, con el color del pasto…

“Ufff, pensé que me dirías que están rojas por la patada que le pegue a Enzo, jejé”.

Hoy, el “Mocho” entrega sus conocimientos junto a la municipalidad de Ovalle en poblaciones de riesgo social. “Hace cinco años que estamos trabajando juntos y es algo que realmente te llena”. 4301iR

 

 

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