• La charla de instrucción general y las condiciones del Parque Nacional Fray Jorge a cargo de la guardaparque María Antonieta Martínez.
  • El parque es administrado y resguardado por la Corporación Nacional Forestal (CONAF), quien tiene a su cargo los parques nacionales, las reservas nacionales y los monumentos naturales.
  • El Fray Jorge es un bosque muy sureño, valdiviano, que vive principalmente de la neblina, del mecanismo que tienen los árboles para capturarla y precipitarla como si estuviera lloviendo dentro del bosque.
Creado en 1941 con el objetivo de conservar su antigua vegetación, de gran importancia para el interés científico y botánico, en 1977 el parque fue declarado por la UNESCO Reserva Mundial de la Biosfera, porque en él se desarrolla el bosque húmedo valdiviano, fenómeno poco común en zonas desérticas.

Se miraban sus rostros los muchachos. La pregunta los había desencajado un poco. ¿Por qué lleva el nombre de Fray Jorge, el parque nacional de administración de CONAF en la provincia de Limarí? Una que otra tímida voz se hace notar, explicando  que  fue un sacerdote de la orden franciscana quien lo descubrió. En efecto, dice la historia que fue en el año 1967 cuando un franciscano lo encontró y utilizó la madera para construir un campanario en la actual iglesia San Francisco, en La Serena.

La administradora y guardaparque  María Antonieta Martínez iniciaba así una charla instructiva de unos 20 minutos con los alumnos del 6° A del colegio Andrés Bello Centro de La Serena, que cumplieron una visita de estudio junto a su profesora jefe, Ana María Villarroel, y apoderados del establecimiento.

Fue el primer encuentro con medios, de un día que había comenzado en la capital regional con amenaza de lluvia que se fue disipando a medida que el bus comenzó a recorrer los últimos 30 kilómetros que separan la administración de CONAF con la Ruta 5 Norte, en la Provincia de Limarí.

Convertido en parque nacional en 1941, el Fray Jorge destaca por contar con bosques relictos de tipo valdiviano en plena zona desértica. “Eso lo hace de una riqueza invaluable”, explicaba la profesional, recitando una presentación que ha tenido que desplegar día a día a múltiples delegaciones.

“Conozcan el parque, hagan todas las consultas, agudicen los sentidos. Muchas veces hay muchos animales que se camuflan con el paisaje y la vegetación. Sentir los sonidos, sáquenles provecho a esta experiencia y a la caminata de un kilómetro por el sendero del parque”, narraba mientras las nubes se abrían para dar paso a los primeros rayos de sol.

La guardaparque se esmeraba por captar la atención de los chicos reiterando la importancia de tener un bosque valdiviano en una zona desértica de la región de Coquimbo. “Gracias a la presencia de una neblina que lo cubre gran parte del año, más conocida como la camanchaca, este bosque se mantiene húmedo.

Arriba cambia la vegetación como también el clima. Solamente se encuentra en la cima del cerro, es especial. También tenemos otro ecosistema que es semi desértico”, señala en referencia al punto de información o administración de la CONAF.

En tal sentido reitera la particularidad del parque. “El origen de los árboles data de mucho tiempo atrás. Tenemos entre la era geológica, entre el periodo cuaternario y terciario, antiguamente todo lo que era el desierto de Atacama estaba cubierto de estos bosques valdivianos que veremos arriba. Había tropicales, como valdivianos, de todo tipo y producto de la última glaciación hace 30 mil años quedaron estos remanentes acá, porque se formó lo que es el desierto de Atacama y la glaciación en la Antártida que hizo que quedaran estos bosques como remanentes”.

Les insiste en el nombre de “bosque relicto, porque es una verdadera reliquia natural, que data de esa época, un paisaje de hace 30 mil años que se mantiene en forma natural, gracias a la camanchaca”.

En la misma intervención les comenta que el acceso se hace por el límite norte  y que al sur dan  con la desembocadura del río Limarí; por el oeste con el océano Pacífico. “Ahí nos dan los cuatro ecosistemas. Tenemos el ambiente semidesértico; el bosque que es más húmedo valdiviano; el ambiente de las terrazas costeras que limita con el mar y la desembocadura del río Limarí, donde hay un humedal, una parte donde se une el río con el mar y llegan muchas aves a alimentarse para después viajar al otro hemisferio y poder reproducirse”.

Tras algunas recomendaciones sobre el trekking por el sendero, los estudiantes comienzan el recorrido.  Conocen que la perdiz es una de las especies de fauna que se protege como también la torcaza y de diferentes clases de roedores.

“Me gustaron los árboles. Hicimos varios videos y sacamos fotografías”, comentó Catalina Garviso, lo que reafirmó Valentina Navarro, quien se mostró contenta por la visita y los animales que pudo observar.

“Vimos murciélagos y mucha vegetación”, comentaba Javiera Pinilla, una vez cumplido el recorrido donde pudieron apreciar olivillos, petrillos y canelos, principalmente.

En esa misma línea se mostraba la profesora jefe a cargo del 6° A, Ana María Villarroel, quien describió como importante la visita para los alumnos y sus apoderados, “es una experiencia linda para los niños, en realidad el paisaje, el compartir con la naturaleza, hace que sea inolvidable”.

Precisó que dentro de los objetivos como curso en el Andrés Bello se han propuesto la participación como  la integración de los chicos, “les hace falta salir en estas pequeñas giras, porque los niños están muy herméticos en todo lo que es la naturaleza, ellos pasan más en una sala de clases o con toda  la tecnología a la mano, mientras que esto es realmente puro y muy valioso para el conocimiento”.

La docente agradeció de manera especial la disposición del equipo de CONAF Coquimbo para concretar la visita, “se han portado muy bien, estamos muy agradecidos”.

Explica finalmente María Antonieta Martínez, que la comunidad ha ido conociendo el Fray Jorge, “cada vez tenemos más recepción de delegaciones, colegios, universidades, institutos, juntas de vecinos, el adulto mayor. No paramos de marzo a diciembre con delegaciones y grupos organizados. Es necesario difundir este bosque que es realmente muy frágil y que está presente en la Cuarta Región. Un bosque con estas características de neblina con un microclima  en el desierto es algo único. Por eso la idea es que lo conozcan, lo difundan y nos ayuden a cuidar”, recalcó.

 

SENDERO DE TREKKING

Con carpeta de tierra de suave pendiente, apto para toda persona que no tenga capacidades físicas reducidas, posible de recorrer en 1 hora. En el trayecto se puede disfrutar del paisaje marino en un mirador. Asimismo, existe un sendero para personas con capacidades físicas reducidas, que también cuenta con placas en sistema braille, en el sector del bosque hidrófilo.

 

 

 

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