• URSS vs Chile: 40 años después...
    URSS vs Chile: 40 años después...
La “Roja” venció 2-1 a Perú el 3 de agosto de 1973, por lo que consiguió los pasajes al repechaje intercontinental disputado entre la Conmebol y la UEFA. Tras ello debía enfrentar a la URSS, en Moscú. El 26 de septiembre, días después del golpe de Estado, logró un trabajado empate sin goles y la revancha, el 21 de noviembre, en Santiago, nunca se jugó. Así, Chile clasificaba al Mundial del año siguiente…

Ya no se sabe si es mito o realidad. Es más, hasta los protagonistas de esa inolvidable y gélida jornada tienen muy difusos los recuerdos, pero sí muy claro que el empate sin goles ante la desaparecida URSS, el 26 de septiembre en el Estadio Lenin de Moscú, fue muy importante para conseguir la clasificación al Mundial de Alemania en 1974. Esto, porque los rusos no vinieron a la revancha y dejaron el camino expedito para que la “Roja” se quedara con el cupo y volviera a la elite el fútbol mundial, tras el campeonato que se jugó en Inglaterra en 1966. Aunque claro, para el festejo el equipo nacional enfrentó al Santos de Brasil -y antes a Francia- y terminó celebrando el equipo paulista. Pero a esa altura daba lo mismo, ya que el objetivo que partió el 29 de abril de 1973 con la derrota ante Perú en Lima por 2-0 -en el duelo de revancha ganó Chile por idéntico marcador y por ende tuvieron que ir a un partido de revancha, el cual ganó la “Roja” por 3-1-, ya se había conquistado. 

HOTEL CARRERA. Nelson Vásquez Palma conduce el móvil 15 del servicio de transportes de colectivos La Serena- Coquimbo. Vive con comodidad junto a su mujer María Rosas en el Barrio Universitario, junto a uno de sus siete hijos. Hace cinco o seis años que ya no juega a la pelota, pues sus rodillas se lo impiden. Exmediocampista ofensivo, vistió varias camisetas de clubes profesionales en el país, entre ellas la de Coquimbo Unido. En su mejor momento defendiendo la camiseta de Palestino, donde estuvo a un paso de ser transferido a España, pero finalmente no se dio. Colgó los botines en Antofagasta. Volvió a la zona, se radicó en La Serena, trabajó en El Indio, ganó durante diez años seguidos la competencia local de la Liga Comercial, incluso, alzaron un título nacional en la misma categoría. A Nelson Vásquez le brillan los ojos con ese rápido barniz de su vida ligada al fútbol. Han pasado 64 años desde que nació en Valparaíso y 40 desde que representó como seleccionado al equipo nacional que jugó ese mítico encuentro con la desaparecida Unión Soviética, en Moscú, y que terminó con el marcador empatado en blanco.

El 26 de septiembre de 1973, la “Roja” consiguió una igualdad casi histórica ante la Unión Soviética en el duelo de ida en el estadio Lenin, que presenciaron muy pocos chilenos. Extrañamente no quedó registro fílmico de ese compromiso, razón que ha permitido correr una serie de rumores acerca del sobresaliente cometido de Elías Figueroa, el portero Juan Olivares o la ayudita que el juez brasileño, Armando Marques, le dio al elenco sudamericano.

Vásquez, que era uno de los pocos seleccionados de provincia en ese equipo que dirigía el “Zorro” Luis Álamos, formó parte de la expedición que viajó a Moscú. Fue un largo viaje de semanas, con algunos amistosos antes de llegar a destino y prácticamente con prohibición de hablar con cualquier persona, dada la convulsión que vivía Chile producto del golpe de Estado que a él lo encontró a metros del bombardeo a La Moneda.

No obstante, no sólo fue partícipe de ese choque del recuerdo (la URSS no vino después a la revancha por lo que Chile clasificó al Mundial de 1974 de Alemania), sino que vio en situ el bombardeo a La Moneda ese 11 de septiembre de 1973.

“Cuando ocurrió el golpe nosotros estábamos en el Hotel Carrera frente a La Moneda y no teníamos idea de lo que estaba pasando, estábamos nulos. Ese 11 salimos como a las ocho y media a Juan Pinto Durán y ya La Moneda estaba llena de milicos. Recuerdo que nos escoltaron a la práctica, puesto que todavía no ocurría el bombardeo”, rememora.

Ese día le hicieron entrega de la ropa para ir a Moscú con una maleta blanca que decía selección chilena. “Estaba con Eduardo ‘Walo’ Herrera en el hotel, porque éramos los únicos provincianos. Claro, yo jugaba en Concepción y él en Everton. Cerca de las once de la mañana ocurrió el golpe, sentimos los bombazos, los aviones y nosotros sin saber qué hacer. Nos dijeron que no teníamos que abrir cortinas, ni mover nada, porque nos podía llegar un disparo. Sin embargo, dejamos la cortina abierta y miramos todo lo que pasó… En ese momento el delantero Julio Crisosto nos pasó a buscar para llevarnos a la casa del ‘Chamaco’ Valdés y ahí nos dio almuerzo, pero más tarde debíamos volver al hotel para ir a buscar nuestra ropa”.

NO DOS VECES. Narra que el regreso al Carrera fue complicado, difícil. Quizás una historia difícil de vivir en dos oportunidades. “El ‘Chamaco’ nos acercó un poco y de Recoleta hasta el hotel partimos a pie. Ahí pasó lo peor: Cada una cuadra nos ponían manos arriba, piernas abiertas y quiénes son… gracias a Dios andábamos con la maleta blanca de la selección y les decíamos a los militares que debíamos llegar al Carrera, porque éramos seleccionados. Bueno, por suerte nos creyeron y nos fueron escoltando hasta que llegamos. Ahí nos quedamos sin salir hasta que vinieron a buscarnos y al salir siempre con el uniforme y ropa de la selección. Luego nos llevaron a Cerrillos en un avión, todos los jugadores rumbo a Buenos Aires y de ahí a Europa y la Unión Soviética, sin saber qué pasaba acá”.

“Eso no se cuenta dos veces. Pensándola bien y reflexionando con el paso del tiempo, respecto de cómo fue el problema, esa no la contamos en dos ocasiones. Los tiros iban y venían por todos lados, en cualquier momento nos disparaban un balazo, pero no nos pasó nada. Estaba la escoba, todo era un caos. Nos fuimos con la espina clavada que algo podía pasarnos. Era un vuelo comercial, parece que fue en Rumania donde se bajó toda la gente y quedamos sólo nosotros que seguíamos a Moscú, donde pensábamos que hasta ahí nomás llegábamos. Estábamos sólo con los dirigentes y Alfredo Asfura, coordinador internacional, pero no nos dejaban hablar con nadie”.

- Ya en destino, cuénteme algo del partido…
“Hicimos un gran partido, ordenado, claro que no pasábamos la mitad de la cancha. Sobresalió Elías, Quintano, el portero Olivares. Sacamos un resultado que nadie se esperaba. Era un equipo muy aguerrido, de la mitad para atrás muy fuerte. El “Pollo” Veliz hacía el cuarto volante y adelante el puro ‘Chamaco’, ya que el ‘Negro’ Ahumada también se quedó más atrás. Se empató ante un gran equipo, una selección importante en el mundo en aquellos años, lo que era bueno, ya que estábamos confiados que en Chile ganábamos”.

- ¿Y no tuvo la suerte de jugar algunos minutos?
“En un principio me tuvo considerado para ingresar de titular en lugar de ‘Chamaco’ Valdés, pero decidió llevarme a la banca. No ingresé en esa fría noche moscovita. Hacía demasiado frío, cerca de 6 grados bajo cero. Recuerdo que el estadio estaba lleno, nos decían que nos iban a golear. Después del partido, la ducha, bus, hotel y al otro día temprano de vuelta a nuestro país”.

Juan Machuca y la compleja tarea de marcar a Oleg Blokhin 

Está claro que Elías Figueroa era la figura por ese entonces del equipo que dirigía Luis Álamos, pero también estaban Alberto Quintano, el “Chino” Arías, Guillermo Páez, Francisco “Chamaco” Valdés y Carlos Caszely, entre otros. En realidad, era una camada de muy buenos jugadores la que tenía el equipo nacional y todos cumplieron con la misión encomendada por el popular “Zorro” Álamos, frente al poderoso seleccionado europeo. Sin embargo, los más aproblemados para ese partido, lejos, fueron los defensores, principalmente Juan Machuca. El lateral de Unión Española tuvo que marcar al zurdo Oleg Blokhin, capitán de la Unión Soviética y mejor jugador de Europa. “Era poco menos que un monstruo imparable, si era muy bueno”, contó de entradita el exlateral hispano.

Luego, el extécnico de Lautaro de Buin en la Tercera División, hace ya algunos años -hoy está alejado de la actividad- contó que fue un poco complicado marcar a un jugador como Blokhin, “porque si bien siempre paraba a los punteros con buena ubicación, nunca pegaba patadas. A ese problema, se sumaba que por mi costado estaba la banca nuestra y hasta el ‘Chamullo’ Ampuero -utilero del equipo- quería pegarle una patada a Blokhin... Así que no sólo era Elías el que me ordenaba y gritaba, sino que también toda la banca: ¡Páralo... Pégale...! Me gritaba el ‘Chamullo’, jejé. No había caso, hasta que Elías fue a la orilla y mandó al ruso a suelo. Ahí cómo que se equiparó la cosa”. 

- ¿Recuerda algo de ese ya mítico partido?
“Llegamos una o dos veces, ya no recuerdo. Es que ellos tomaron el control del partido desde el primer minuto y nos dominaron, pero como pasaba el tiempo y no nos convertían, se desordenaron y comenzaron a tirar centros y todos fueron bien controlados por nuestra defensa. Ellos tiraban muchas pelotas al área nuestra, pero teníamos dos grandotes como Alberto Quintano y Elías Figueroa, que paraban y despejaban todos los balones. Juanito Olivares fue el arquero y un maestro para hacer tiempo y gracias a él, con suerte jugamos 40 minutos por lado. Cada pelota que agarraba eran segundos importantes para nosotros. Fue el gran responsable de ese empate”. 

- Cuenta la historia que se colgaron del travesaño…
“El objetivo era el empate y sacarlo ante los campeones de Europa, era poco menos que imposible. Así que tomamos un poco de precauciones y jugamos por la igualdad. Llegamos poco al arco. Fue mucho centro por parte de ellos y durante gran parte del partido ellos dominaron las acciones, pero nos crearon poco peligro. Es que teníamos mucha gente en nuestro campo. Creo que si ante Rusia jugábamos de igual a igual, nos traíamos una boleta”.

- ¿Tiene buenos recuerdos de ese 26 de septiembre?
“Para nada. El partido, como expresión de fútbol, fue muy malo y, por lo mismo, sólo se destaca la obtención del punto y la patada de Elías a Blokhin. Pienso que ese partido se recuerda por todo lo que pasó con el golpe militar, nada más que por eso. Se inventaron muchas cosas referentes al compromiso, cuando nadie lo vio. De verdad que el partido como expresión de fútbol fue malo, unilateral. ¡Si nos dedicamos a puro defender…! ¡No mostramos nada…! Aunque claro, la igualdad fue importante para lo que queríamos, que era clasificar al Mundial”. 

- ¿Y qué pasó con Santos de Brasil?
“El Santos llegó para los festejos y nos golearon 5-0. Por suerte sólo jugué el primer tiempo, ya que en la segunda fracción ingresó Edú y dio un espectáculo. Sabes, luego del compromiso frente a la Unión Soviética y antes de regresar a Chile, jugamos en Francia con el seleccionado local y también terminamos perdiendo por goleada. Es que a esa altura ya estábamos relajados. Ya habíamos conseguido el punto que nos acercaba al Mundial”. 

- Mucho se ha especulado con el viaje…
“Bastante, pero en realidad no pasó nada. Cuando entramos al Estadio Lenin, donde habían más de 50 mil personas, nos pifiaron mucho, pero luego nos terminaron aplaudiendo. Y si nos gritaron algo, la verdad es que nadie entendía nada. Si hasta un francotirador dijeron que había en el estadio, pero eso ya es parte del mito. Nosotros llegamos, entrenamos, jugamos y nos regresamos. En la calle nadie nos dijo nada, conocimos varios lugares y nunca hubo un clima hostil. Todo lo que se diga es solo cuento”.

Elías Figueroa: “Voy a Moscú y vuelvo”

El capitán venía del Inter de Brasil y se juntó en Alemania con el resto de sus compañeros. No se conocía con ellos y por primera vez jugó junto a Alberto Quintano

En los gustos no hay nada escrito, menos en el fútbol. A veces prima el talento, en otras la garra, la habilidad, el don de mando… y, por lo mismo, es muy complicado decir quién es el mejor. En fin, son muchas las cualidades que hacen destacar a un futbolista. Sin embargo, en Chile hay una unanimidad en decir que el mejor es Ricardo Elías Figueroa. El excentral demostró su clase en todos los equipos en los cuales jugó. Y también en la “Roja”, en partidos claves, como el que se disputó el 26 de septiembre de 1973 en la ex Unión Soviética, que a la postre le entregó los pasajes a Chile para que disputara el Mundial en Alemania al año siguiente.

“Antes del viaje a Rusia estaba concentrado en el Inter de Porto Alegre, ya que ese día habíamos jugado en San Pablo. Tras el partido, ya en el camarín, me contaron que tenía que viajar para jugar por Chile ante la Unión Soviética. Y me costó viajar, ya que primero me dijeron que no me darían permiso -lo mismo sucedió con Carlos Reinoso en el América de México que se quedó en tierras aztecas-, pero al final me autorizaron. Y de verdad, todo lo supe en el camarín, luego del partido con San Pablo, puesto que antes del compromiso no tenía idea que debía viajar. Ya en el camarín un dirigente -del Inter- se me acerca y me pasa 100 dólares para que le trajera un perfume, que al final nunca le conseguí, puesto que apenas llegué a Moscú me compré ropa de invierno. Me dijo que en París, Francia, me estarían esperando los dirigentes chilenos. Recuerdo que iba con una polera del Inter, de manga corta, además de un pantalón delgado y una chaqueta de verano. En suma, me fui a la Unión Soviética con el uniforme del Inter. Y como en esa época no había celulares y la comunicación no era la más adecuada, por una radio que me entrevistaron a la salida del estadio aproveché de mandar un recado a mi familia: ‘Voy a Moscú y vuelvo’. Era la gran oportunidad de avisar a la casa”.

“Llegué a París y al final no había nadie esperándome, así que me fui a Lan Chile y me dijeron que por Alemania pasaban los aviones para Moscú, así que tomé un avión y me fui a Alemania, donde al llegar nuevamente partí a Lan Chile y el gerente era cónsul de Chile, así que con su hija me llevaron para su casa, porque al otro día recién pasaban los aviones para Moscú. Y si el viaje de ida fue una odisea, peor fue el de regreso. Me acuerdo que tuve que hacer la combinación Moscú-Copenhague-París; París-Madrid; Madrid- Río y Río- Porto Alegre. Llegué muerto”.

“Ya una vez que hice contacto con la gente, conocí recién a la mayoría de los jugadores. De hecho fue la primera vez que jugaba con Alberto Quintano, y creo que no lo hicimos nada de mal. Ahora, más allá de histórico, creo que el empate fue un buen resultado, ya que ellos no pensaban que nosotros lograríamos una igualdad. Ellos estaban seguros de que nos ganaban. Y claro, si el equipo soviético era uno de los mejores de Europa, con grandes jugadores que brillaban en el mundo. Estaban seguros de que se quedaban con la victoria, pero al final fuimos nosotros los que terminamos festejando”.

- La única vez que cruzaron la cancha fue cuando partieron, ¿verdad?
“No, para nada, jejé. Luis Álamos, el técnico, planificó muy bien el partido y nos defendimos bien y salíamos mejor de contragolpe. ¡Si también tuvimos alguna posibilidad de marcar! Es cierto que en la defensa tuvimos un mayor trabajo, pero el equipo en general jugó muy bien. Claro, sobresalimos atrás por lógica, porque pasamos más en el arco nuestro, pero de verdad que el equipo supo aguantar e hizo un buen partido”.

- ¿Verdad que mandó fuera de la cancha a Oleg Blokhin?
“Jejé. Dicen que fueron 10 metros fuera de la cancha, pero en realidad fueron unos nueve. En ese momento era uno de los mejores jugadores del mundo, la gran figura que tenían ellos. Y si bien Juan Machuca lo estaba marcando bien, ya estaba desbordando mucho y nos estaba complicando, así que en una salí a la orilla y le pedí a Alberto (Quintano) que me lo dejaran un poquito ¡y salí con todo! En realidad fui fuerte, muy fuerte, pero siempre a la pelota. Ahí bajó un poco la guardia y no sólo él, sino que todos los delanteros”.

- ¿Es grato recordar ese compromiso luego de 40 años?
“Para nosotros era la ida al Mundial del año ’74, con una generación muy buena. En ese Mundial fui elegido el mejor central del mundo, estuve en el equipo ideal junto a Franz Beckenbauer. De verdad que el empate, más allá de cómo jugó el equipo, fue una alegría tremenda para el pueblo, que lo estaba pasando mal por ese entonces”.

- ¿Fue tenso el ambiente en el estadio?
“En general cuando llegamos a Rusia la cosa se veía difícil, pero el público del fútbol es siempre igual. Nos pifiaron al comienzo y luego nos terminaron aplaudiendo. El fútbol es transversal en ese aspecto. Ellos estaban muy confiados y cuando se dieron cuenta de que podían perder en cancha, más allá del tema político, decidieron no venir a jugar el partido de revancha, en mi opinión. Ellos podían haberle pedido a la FIFA que jugáramos en otro lado, como en Mendoza o en Montevideo, o en otra ciudad del país y así no tener complicaciones con los detenidos que estaban en el Estadio Nacional. De verdad que se pueden especular muchas cosas con respecto a esa situación, pero lo importante es que con un gran puñado de jugadores conseguimos empatar en Rusia y luego obtener la clasificación para Alemania. Para festejar la clasificación se invitó al Santos de Brasil, pero fueron ellos quienes terminaron celebrando con nosotros, ya que nos golearon. Pero estábamos en otra, ya habíamos cumplido con el objetivo de clasificar al mundial…”.

 

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