• El desarrollo de grandes proyectos energéticos en la región y el país, debe tener en cuenta el cuidado del ecosistema en donde se emplaza, además de incluir la participación activa de las comunidades cercanas.
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El Día
En una nueva entrega del segundo ciclo de webinars “Diálogos que inspiran”,organizados por ISA InterChile, un destacado panel de expertos e invitados debatieron sobre la importancia que hoy implica para las compañías, poder transformarse en un aporte para la conservación de los ecosistemas naturales, -yendo más allá de la búsqueda de los resultados económicos de sus proyectos – y apostando así a, fortalecer su relación con las localidades y territorios donde operan.

¿Cómo una empresa puede contribuir para proteger y cuidar el medio ambiente y su riqueza natural? ¿Es posible que una compañía – más allá de su rubro – pueda incorporar este aspecto en su estructura productiva y de costos? ¿Y qué papel juegan las comunidades en todo esto?

Todas ellas son preguntas que sugieren la existencia de un cambio en la típica visión empresarial predominante que, hasta hace unos años, cuando concebía un gran proyecto de infraestructura, dejaba fuera del proceso de planificación, la relación entre éste y el entorno natural en donde se iba a emplazar. 

Pero aquello está dejando de ser así, y cada vez son más las empresas que están incorporando el concepto de conservación de la Biodiversidad a su visión corporativa, lo que por lo demás, está redundando al final, en mejores resultados operacionales a largo plazo, y en una construcción más sólida de confianzas entre las comunidades “intervenidas” y los proyectos. 

Este fue de hecho, el enfoque del tercer encuentro del ciclo de webinars “Diálogos que Inspiran”, organizados por ISA InterChile, el cual contó con la presencia de cuatro panelistas que analizaron dicha temática en medio de un mundo que exige a las compañías adaptarse a estándares ambientales y operacionales más exigentes que en el pasado reciente. 

El compromiso de la empresa

En ese sentido, Juan Fernando Patiño, especialista de sostenibilidad de ISA y líder de conexión Jaguar, puso sobre la mesa la importancia del concepto de “jerarquía de mitigación”, el cual se aplica en todo el ciclo de vida del activo, es decir, al momento de la planificación, desarrollo, puesta en marcha y mantenimiento de los grandes proyectos de infraestructura. 

El profesional explica que este concepto se ordena en tres escalones: “primero sería ver cómo sería el impacto de un proyecto si no haga nada, y cómo puedo empezar a evitar ese impacto”, señala. Una vez puesto en marcha el proyecto, “se trata de minimizar aquel (impacto) que ya no se puede evitar; qué puedo todavía recuperar, reparar, restaurar. Y finalmente, cuando ya se tiene un impacto final residual, viene el cómo puedo compensar”.

Patiño asegura que esta visión “es hoy una tendencia a nivel global en el mundo de los negocios: buscar esa pérdida neta 0 de biodiversidad, cuando se logra transcurrir todo ese proceso, pero que pasa primero por lo anterior: evitar, minimizar, recuperar y finalmente, compensar”. 

Y respecto a esto último dice, hay dos niveles: compensar exactamente el impacto residual generado por un proyecto X, para de alguna forma, balancear y quedar con un impacto neto 0, o bien ir más allá, y generar ganancias en protección y conservación de biodiversidad.

Así señala, en ISA se cuenta con un ejercicio que, basándose en los diferentes planes de expansión energéticos con que cuentan los países, pone un marcha un proceso de desarrollo en la optimización del impacto de sus operaciones sobre la biodiversidad, evitando por ejemplo, pasar por parques naturales o ayudando a desarrollar “corredores biológicos”, como es el caso del proyecto Conexión Jaguar el cual, como dice su nombre, busca proteger los espacios naturales de la especie de este felino americano. Proyecto que pronto tendrá su réplica en Chile por lo demás, con el proyecto Conexión Puma. 

Decisión vital

Por su parte, para Juan Pablo Rubilar, especialista en medio ambiente de ISA InterChile, para las empresas abordar los temas de biodiversidad es hoy, casi una obligación, desde las mismas fases iniciales de un proyecto. 

“En general los proyectos energéticos, mineros y agrícolas, son iniciativas de muy a largo plazo, pues superan los 10 o 20 años durante los cuales, van a estar instalados en un territorio. Y eso es mucho tiempo”, señala Rubilar. 

Para el profesional, este largo tiempo de operación implica que las compañías –más allá de su rubro – “tengan la capacidad de poder conectarse súper bien con la esperanza de la sociedad y con todos los ‘servicios ecosistémicos’ que la biodiversidad nos prestan”

Para Rubilar de hecho, la reactivación post pandemia puede convertirse en un momento ideal para aplicar estas nuevas prácticas por parte de las empresas, actualizándose así, a las demandas sociales que hoy han aflorado en el país.  

“Hasta ahora han habido varios puntos de inflexión bien claros. No olvidemos que las mayores crisis, generan las mayores fuentes de innovación. Tenemos factores económicos y sociales en Chile por ejemplo, como lo que surgió después de octubre, que va  a cambiar harto el paradigma respecto de cómo la sociedad se relaciona con el medio ambiente, y a su vez, cómo ésta, se relaciona con las industrias y la empresa”.

A partir de esa mirada señala, “la minimización de los conflictos sociales y ambientales es a lo que tiene que apuntar cada una de las compañías, y es de hecho, hacia donde están apuntando la mayoría de ellas”. 

Cambio de paradigma para todos

Pero, ¿cómo han reaccionado las empresas a cada uno de estos cambios, los cuales sin duda, llegaron para quedarse?

Desde la academia, Carolin Mondaca, bióloga marina, con postítulo en Medio Ambiente, Energía y Sustentabilidad, proyecta una mirada optimista. 

“En materia de legislación ambiental aquí en Chile por lo menos, ya se ha hecho harto en esa dirección, y está súper bien que sea así. En ese sentido, yo pienso que las empresas ya están innovando en ese sentido también, tratando de hacer un poco más de lo que la ley les exige”, comenta. Eso sí, para la profesional, aún queda un camino largo por recorrer en este aspecto, más allá de los esfuerzos propios que han hecho las empresas o el mismo Estado. Y sobre este último punto acota, la participación y voz de las comunidades no pueden quedar de lado. 

“Las empresas están haciendo un mayor esfuerzo, pero falta. Falta educación y valorar el concepto de comunidad. En ese sentido, todos somos responsables de lo que está pasando”, advierte, y agrega que, “no todo el mundo en localidades lejanas -donde los proyectos se insertan-, conocen por ejemplo, la legislación ambiental, o conoce que tiene derechos y quizás deberes de participar, tal vez, en una consulta ciudadana”.

“Y es que nuestra legislación”, indica, “exige participación o consulta ciudadana, pero si las personas hacemos caso omiso o no nos importa, de cierta forma estamos perdiendo una gran oportunidad de participar en todo el proceso de instalación del proyecto que sea”, argumentó. 

Seguir avanzando

En esa línea, surge la ONG CEUS Chile, iniciativa estudiantil nacida en 2015, como una forma de reunir en un congreso nacional a estudiantes de diferentes carreras e intereses en torno a la sustentabilidad, buscando así que estas temáticas puedan incidir en la formación académica de los alumnos de manera transversal, más allá de su especialización profesional. 

Isabella Villanueva, presidenta de la ONG CEUS Chile, coincidió con la panelista anterior en cuanto a que, efectivamente, se han registrado importantes avances en materia de incorporar la sostenibilidad a la base productiva de las empresas.

Ahora bien, ¿es suficiente? Para esta joven profesional, aún no, pues “aún seguimos atrapados en una crisis climática y ecológica, en donde si los criterios de sostenibilidad estuvieran realmente incorporados en todos los sistemas productivos, esta crisis no existiría”.

En ese sentido indica, “es necesario robustecer la institucionalidad ambiental, robustecer los sistemas de monitoreo, de reporte y de verificación, y establecer los compromisos también en esa línea. Debe haber una mayor ambición y ahí lo público también cumple un rol fundamental, sobre todo cuando hablamos de proyectos grandes que afectan a la comunidad”. 

“Creo que en esa línea aún nos queda por avanzar, pero sin duda se ha notado un cambio, y lo he notado yo en el poco tiempo que llevo en esto, pues la lista de empresas que incluían a la sostenibilidad en su mirada era mucho más acotada en el año 2015 o en 2016, que lo que es en 2020. Estamos en esta lucha por el cambio climático y ahí se tienen que subir todos al carro para detener la crisis climática y ecológica, y ahí el sector privado juega un rol fundamental”, afirmó. 

 

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