• El economista colombiano y coautor del libro “Economía Naranja, una Oportunidad Infinita”, habló sobre la importancia de aprovechar el potencial de las industrias creativas.
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El Día
El economista colombiano y coautor del libro “Economía Naranja, una Oportunidad Infinita”, hizo un llamado a convertir La Serena y la región, en una sociedad inclusiva y abierta a las nuevas ideas. En entrevista con radio Mistral, habló sobre el extenso potencial de las industrias creativas, donde las ideas bien ejecutadas a través de la asociatividad, pueden generar más empleos que incluso, Estados Unidos.

Un panorama sobre la relevancia del sector creativo dentro de la economía mundial fue el argumento de Felipe Buitrago durante un seminario llevado a cabo en La Serena esta semana. El economista colombiano y coautor del libro “Economía Naranja, una Oportunidad Infinita”, habló sobre la importancia de aprovechar el potencial de las industrias creativas, que se caracterizan por desarrollarse en torno a las nuevas ideas de creativos y emprendedores.

Asimismo, hizo un llamado a convertir la región de Coquimbo, en una sociedad inclusiva. "Si La Serena por ejemplo se convierte en un nodo donde los creativos de cualquier sector se sientan cómodos y libres para expresarse, vamos a ver como seguirán llegando creativos, quienes comenzarán a demandar bienes y servicios que complementan sus ideas. Esto fortalecerá toda la cadena productiva de la región. Y cuando se logra una sociedad creativa, inclusiva y llena de vida, habrá ejecutivos de otros sectores incluso no creativos, prefieren vivir aquí. Prefieren incluso una paga menor, por vivir en una sociedad así”, dijo.

-¿Cómo define el concepto de “economía naranja”?

“El concepto es la sumatoria de varias ideas que confluyeron a principios del siglo en torno a la economía creativa, una economía basada en intangibles como la literatura, el cine, la televisión, artesanías, videojuegos, entre otros, y cómo todas estas actividades están llamadas a un proceso de transformación de ideas a bienes y servicios de carácter creativo. De hecho, a mí me gusta llamarlas “mentefacturas”, porque se hacen con la mente, y no con las manos, por eso no “manufacturas”. Este proceso donde se toma una idea y se convierte en un negocio, genera muchísimo valor. Además, es un sector que está creciendo muy rápido por las nuevas tecnologías y está creando los empleos que no se están generando ni en la agricultura, ni en minería ni en otros rubros. Esto es de suma importancia para los jóvenes que están en búsqueda de una oportunidad distinta”.

-¿Por qué el color? ¿Por qué la caracterizaron como “naranja?

“En el proceso de entender esto junto al coautor del libro, Iván Duque, tuvimos una revelación, (que fue la que dio origen al libro), sobre qué estaba pasando, por qué la gente no estaba apropiándose de estas ideas y por qué políticamente está siendo tan difícil asimilarlo. Nos dimos cuenta que era porque había poca información al respecto, y la que había, estaba contada en términos que no eran fáciles de entender. Así, comenzamos a pensar en los modelos que han tenido éxito en términos de comunicación, y pensamos en el experimento del movimiento medioambiental que adoptó una tendencia en torno al color verde. Nos comenzamos a preguntar sobre cuál sería el color de la identidad de este concepto creativo, y una investigación arrojó que este sería el naranjo, ya que es un color que tiene una asociación muy profunda con la cultura, con la creatividad, con el liderazgo, con la transformación. Además, se dice que el color naranja es el más feliz”.

-Se habla de que esta economía representa el 6% del PIB a nivel mundial, ¿cuál es el fundamento de esta cifra tan contundente?

“Si bien estamos acostumbrados a hablar sobre sectores tradicionales y conocemos más o menos su dimensión, no así conocemos la de las industrias creativas. En este brazo de la economía existen muchísimas pequeñas sub industrias y emprendimientos que si se ven por separado, pueden parecer pequeños, pero cuando se juntan, efectivamente representan el 6% del PIB mundial. Esto en contexto convertiría a la industria creativa en la cuarta economía del planeta, después de Estados Unidos, China y Japón. Adicionalmente, crearía más empleos que EE.UU. y tiene la potencialidad de generar tanto comercio como Corea del Sur. Ese comercio equivale a casi cuatro veces en precios de hoy, a las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita”.

-¿Qué hacer para aprovechar este potencial? ¿Por dónde deben empezar los emprendedores para cultivar la economía naranja?

“Lo primero que tienen que hacer es entender su rol. Hay gente que es emprendedora y otros que son creativos, y no son lo mismo. Lo importante es saber en qué parte de la ecuación estamos. Así por ejemplo si soy creativo, debo buscar a un emprendedor que me complemente, es decir, que mi imaginación se complemente con alguien que tiene la visión y capacidad de convertir eso en bienes y servicios que se comercialicen con éxito. Cuando se tiene esa persona que complementa, se debe encontrar un tercer elemento de importancia: el inversionista. Este no es un prestamista ni un donante, sino que una persona que invierte capital, conocimientos, relaciones y recursos varios. Es decir, que se involucra. Esta asociatividad entre la persona creativa, el emprendedor y el inversionista es lo que yo llamo “triángulo creativo”, donde la gente con ideas se junta con los que tienen visiones de mercado, y luego se reúne con alguien que tiene inclinación al riesgo, a hacer que las cosas escalen y se vuelvan más grandes. Entonces el emprendedor debe buscar esa media naranja. Estos tres agentes son fundamentales y si alguno de los tres falta, el sistema tiende a fallar. La historia de que el mismo actor atiende la boletería, ubica al público en los asientos, enciende las luces y actúa, no es funcional. Si estamos esperando vivir dignamente de una creación, de una idea que tengo, si quiero activar una cadena de valor que genere empleos, aporte riqueza,  pague impuestos y fortalezca el sector, debo entender que no puedo solo. Debe haber apoyo y una convicción de poder hacerlo, y además entender que mi rol es igual de importante que el resto”.

-¿Cuál es el balance de la ejecución de esta economía en Latinoamérica?

Nuestra región en general (América Latina), es bastante conservadora y reticente a los cambios, algo que está bien porque es parte de nuestra identidad, sin embargo en pos del desarrollo del potencial que hay detrás de las industrias creativas se debe desarrollar algo que para mí, es esencial: la tolerancia, que es la diferencia fundamental para crear. Con la tolerancia, las ideas pueden fluir, se pueden transformar y pueden llegar a ser apropiadas localmente. En la diversidad de las ideas hay mucho valor. Desafortunadamente cuando una idea es muy diferente de lo que la mayoría espera, la gente se asusta, genera resistencias y eso nos limita. Tenemos que liberar el potencial. Donde encontremos tolerancia, habrá un imán de crecimiento. Si La Serena por ejemplo se convierte en un nodo donde los creativos de cualquier sector se sientan cómodos y libres para expresarse, vamos a ver como seguirán llegando creativos, quienes comenzarán a demandar bienes y servicios que complementan sus ideas. Esto fortalecerá toda la cadena productiva de la región. Y cuando se logra una sociedad creativa, inclusiva y llena de vida, habrá ejecutivos de otros sectores incluso no creativos, prefieren vivir aquí. Prefieren incluso una paga menor, por vivir en una sociedad así”.

 

 

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