• Carmen Callegari dejará la gerencia general de la automotriz a sus 63 años, para emprender en nuevos negocios, e inyectarle energía a otros que ya están en marcha.
  • Anka Bakulic tiene 58 años, y hace 12 es dueña y administradora del restaurante Porota's, ubicado en Avenida del Mar, a un costado de El Faro.
  • Cecilia Serantoni, (al medio en la foto) tiene 70 años. Es fundadora y socia de las tiendas tipo boutique con su mismo nombre en La Serena, comenzó su tradición emprendedora a los 24 años. Hasta el día de hoy, realiza populares desfiles de moda en la región.
  • Dagmar Claussen es oriunda de La Serena y ha incursionado en distintos ámbitos del emprendimiento a lo largo de su vida, entre ellas centros de belleza y tiendas de decoración.
Crédito fotografía: 
Andrea Cantillanes
Cecilia Serantoni, Carmen Callegari, Anka Bakulic y Dagmar Claussen son algunas de las mujeres empresarias “hechas en la región de Coquimbo”. Todas en distintos rubros, pero con un mismo perfil en común: firmes y con espíritu emprendedor. El estar inmersas en un mundo típicamente de hombres —hasta ahora— no las hizo bajar los brazos y hoy, su historia se ha erigido como ejemplo para la nueva generación femenina que está conquistando el mundo de los negocios y haciéndolo propio.

Temas como la igualdad de género en el trabajo y la estandarización de sueldos y cargos entre hombres y mujeres se han tomado la discusión laboral actual, y con aún más fuerza, los últimos meses de este 2017, con miras a las elecciones presidenciales, donde los candidatos han incluido esta materia en sus programas.

Y es que de un tiempo a esta parte, la mujer ha comenzado a tomar un rol mucho más protagónico en el trabajo, como profesional y ejecutiva. Hubo un vuelco radical en la imagen femenina que existía hasta el año 2000, donde ellas han comenzado a ganar terreno en el mundo de los negocios.

Ejemplos a nivel mundial hay varios: Marisa Meyer se convirtió en la primera directora ejecutiva de Yahoo, Susan Wojcicki de Youtube e Indra Nooyi es presidenta de Pepsi: todas consideradas como algunas de las mujeres más influyentes del mundo.

Una tendencia que a nivel local también se comenzó a sentir ya hace varios años, pero que ahora se ha consolidado como una realidad con mujeres de la región que crearon sus propios negocios, y otras que tomaron el mando de grandes conglomerados familiares, con frutos que hasta el día de hoy se ven.

Se trata de Cecilia Serantoni, Carmen Callegari, Anka Bakulic y Dagmar Claussen, algunas de las mujeres empresarias “hechas en la región de Coquimbo”. Todas en distintos rubros, pero con un mismo perfil en común: firmes y con espíritu emprendedor. El hecho de estar inmersas en un mundo típicamente de hombres —hasta ahora— no las hizo bajar los brazos y hoy, su historia se ha erigido como ejemplo para la nueva generación femenina que está conquistando el mundo de los negocios y haciéndolo propio.

 

CECILIA SERANTONI Y EL MUNDO DE LA MODA

Cecilia Serantoni, 70 años, fundadora y socia de las tiendas tipo boutique con su mismo nombre en La Serena, comenzó su tradición emprendedora a los 24 años. Oriunda de Santiago, llegó a esa edad, casada y con hijos, a vivir a Vallenar.

Recuerda que una de las cosas por las que siempre llamó la atención, fue por su forma de vestir, más aún en una ciudad como Vallenar. “Yo usaba colores y tenía un estilo distinto al de la época. Siempre me preguntaban que dónde había comprado tal cartera, o cual abrigo”, dice.

Por lo mismo, decidió hacer una boutique en su casa, desde donde se comenzó a hacer un nombre, hasta que abrió un local con su sello, frente a la Plaza de Armas de la ciudad. “Esa fue mi primera tienda, y la más emblemática por más de 20 años”, detalla.

Años después, ya viviendo en La Serena —se trasladaron por los estudios de los niños—, comenzó a expandir su imperio de moda: llegó a tener siete tiendas simultáneas, incluyendo a Ovalle.

“Fue un tiempo de bonanza. Tuvimos hasta un local de 600 metros cuadrados con cafetería y peluquería inclusive. Esa fue la época dorada de mi tienda, teníamos accesorios y ropa por departamento, marcas como Estée Lauder, Clinic, igual como son los malls ahora”, reconoce Sernatoni.

Sin embargo, esa racha de suerte comenzó a verse mermada con la llegada del primer centro comercial a gran escala de La Serena: Mall Plaza. “Uno de mis hijos me aconsejó, me dijo que no podíamos hacerle la competencia, y ahí volvimos al concepto de boutique con el que habíamos comenzado, para hacer la diferencia a estas grandes tiendas y darle valor agregado al concepto, con ropa más seleccionada”, relata.

Con todo, Serantoni ha sabido sobreponerse a los vaivenes típicos del ciclo de desarrollo económico. Hoy, mantiene dos tiendas en La Serena, una en Huanhualí y otra en el strip center de Cuatro Esquinas, local que administra su hija. Ella ha tomado el mando de esa empresa, donde viaja al extranjero a ver tendencias, nuevas marcas para representarlas en Chile.

“Yo emprendí hace más de 45 años, y la verdad es que ha sido un camino bastante fácil y entretenido, algo que creo, tiene que ver con el cariño y la pasión que siento por mi profesión”, expresa. Si bien reconoce que la parte más difícil era el desgaste de viajar a Santiago sola a hacer compras maratónicas, asegura que como era joven, le encantaba, por lo que fue una época más bien feliz. “Todo lo hice con gusto”.

A futuro, Serantoni no vislumbra nuevas aperturas de la que ya, es su marca. “Las fuerzas también van bajando con la edad y ahora prefiero mantener todo bajo control”, señala.

 

ANKA, LA POROTA DE LOS BAKULIC

Dueña de uno de los mejores restaurantes de Avenida del Mar —Porota’s, por el apodo que le dio su familia—, Anka Bakulic (58) se caracteriza por su energía. Es una mujer que no se queda quieta. No porque no quiera, sino por la fuerza de la costumbre, y le encanta.

Toda su vida adulta, Anka ha estado ligada al mundo de los servicios. Estudió hotelería, profesión que ejerció por cinco años, antes de pasar a administrar el reconocido restaurante de uno de sus hermanos, el Bakulic, también ubicado en Avenida del Mar.

“Si bien estudié hotelería, terminé cocinando por las circunstancias, porque veía que no llegaba nadie a trabajar y había que hacer las cosas. En este negocio uno tiene que saber hacer de todo”, asegura.

En el Bakulic eso sí, ejerció como administradora, posicionándolo como una de las mejores alternativas para comer en de La Serena. “Un día, pasando por acá fuera —donde hoy está su local, a un costado de El Faro—, me dieron ganas de abrir algo. No tenía ni uno, pero lo hice igual”, recuerda.

Eso fue hace 12 años. Hoy, con un nombre establecido entre los turistas y los serenenses, abre de martes a domingo, tiene capacidad para 70 personas y ofrece una carta que ella define como “de autor”, con carnes, pescados, mariscos y una variedad importante de postres, todo hecho por ella misma. “Cocinar en el Porota’s es como cocinar en mi casa, como si estuviera atendiendo a mis invitados, entonces todos los días trato de hacerlo bien y me preocupo de los detalles”, reconoce, y agrega que si bien puede que sea anti comercial, al menos a ella le ha funcionado. “Creo que el gran secreto ha sido la perseverancia”, comenta.

Respecto a cómo ha sido llevar un negocio desde la mirada femenina en la región, Anka asegura que se tuvo que “transformar en un hombre”. “Si no, te comen viva. Si el rubro del servicio ya es duro de por sí, llevarlo como mujer puede serlo aún más. Hay que tener carácter para manejar a los clientes y dejarlos contentos”, dice.

Por otro lado y mirando hacia adelante, Bakulic comenta que no tiene en mente la apertura de otro local u otro negocio. “No me imagino como son las cadenas. A mí me gusta estar metida en el negocio de cerca, y con dos o tres sucursales no podría hacerlo. Si bien se pueden estandarizar los servicios, es impersonal y eso a mí no me gusta. Finalmente esto es mi vida, y me gusta tenerlo bien cerca”, confirma.

 

CARMEN CALLEGARI Y SU LEGADO AUTOMOTRIZ

Es la heredera del imperio automotriz Callegari, empresa fundada por su padre, Atilio, y que hoy se configura como una de las compañías más grandes del norte chico y grande.

Carmen Callegari (63), ha sido por 31 años, gerente general de la firma, que hoy cuenta con cerca de 20 locales entre Salamanca y Copiapó, y representa a más de 25 marcas. En estas décadas, la segunda de seis hermanas ha logrado posicionar a la empresa familiar como uno de los conglomerados más importantes de la industria, una labor que además ha sido acompañada por un excelente ciclo del negocio automotor en general. En lo que va del año, las ventas de autos nuevos en la zona han ido en sostenido alza, levantando así la decaída economía regional de los últimos meses.

Y si bien Carmen lleva ligada en total casi cuatro décadas al rubro automotriz, sus inicios se dieron como dibujante técnico (su profesión), en CAP.

“Yo empecé a trabajar formalmente en 1977 con Callegari. Antes sólo colaboraba informalmente, mientras trabajaba en la minera, hasta que mi padre me pidió que me metiera de lleno en el negocio, para apoyar la llegada de una nueva marca que habíamos traído: Subaru”, recuerda.

Entró en ese entonces como ayudante de su madre, quien llevaba las finanzas de la empresa. Después pasó por el área de postventa y de cobranzas. “En fin, hice una pasantía de 10 años, ya que recién en 1986 tomé la gerencia general. Han sido casi 40 años de trabajo en la empresa familiar”, reconoce la empresaria.

Hoy, tiene en la mira un cambio de hábito. En enero se retira de su cargo de gerente general para emprender en nuevos negocios, y otros que ya tiene en marcha, con dos de sus hermanas.

Según Carmen, uno de los nuevos planes es desarrollar el negocio de la construcción que mantienen desde Inmobiliaria Italia. “A fin de año, las tres hermanas nos retiramos de la automotriz, y enfocarnos al área inmobiliaria de la empresa familiar”, confirma.

Inmobiliaria Italia en general arrienda y vende terrenos en la zona. También construyeron proyectos habitacionales, pero son los menos. El grueso de la oferta se ha concentrado en construir nuevas oficinas y locales justamente, para automotriz Callegari… hasta ahora. Eso sí, la empresaria dice que por el momento no hay nada fresco en carpeta, por la ralentización de la economía. “Cuando se recupere, veremos nuevas iniciativas”, comenta.

Por otro lado, y tímidamente, Carmen deja entrever la posibilidad de negocios distintos, no relacionados con lo que hasta ahora ha hecho. “Estoy viendo la posibilidad de otras empresas, con personas diferentes, pero no quiero revelar mucho. Nunca me voy a quedar quieta. Quiero buscar cosas nuevas, que se van a saber en su momento”, revela.

 

DAGMAR CLAUSSEN Y EL RENACER DE UNA MUJER DE NEGOCIOS DE TOMO Y LOMO

Oriunda de La Serena y mujer de negocios desde sus inicios, Dagmar Claussen repasa su historia con detalle y dedicación. Claussen se casó joven, por lo que su vida adulta comenzó tempranamente,  y con ella sus ideas de emprendimiento. “Cuando joven tuve un centro de belleza y peluquería en la región, fue mi primera aproximación al mundo de los negocios y me fue muy bien”, recuerda.

En 1966, en un período de reordenamiento de su vida y con un primer matrimonio fallido, conoció a Guillermo Campos, en ese tiempo reconocido contador auditor de la región, y que luego se convertiría en uno de los empresarios más recordados de la zona.

“Nos encontramos en un momento en que necesitábamos un cambio de vida”, detalla Claussen. Así, llegaron a Santiago a instalarse para cambiar el aire, donde Campos continuó ejerciendo su profesión de contador auditor. En la capital, tuvo la oportunidad de conocer el mundo de los negocios y aprovechó de invertir. “En esa época le empezó a picar el bichito del empresariado, comenzando con la opción de licitar el casino de Peñuelas y al mismo tiempo, de generar una empresa de recolección de basura, que hoy se conoce como Tasui y presta servicios al municipio de Coquimbo”, dice. Fueron muy buenos tiempos en los que los negocios crecieron de manera consolidada, asegura, con lo que el matrimonio Campos se hizo un nombre importante entre los empresarios de la región.  

De forma paralela, Claussen potenció también su arista como emprendedora, creando negocios tan distintos como exitosos en la región, entre ellos tiendas de decoración y una empresa de asistencia para emergencias de la salud. Firmas que hasta el día de hoy se mantienen, pero que fue traspasando a sus hijos a modo de herencia.

Sin embargo, el gran sueño de los Campos Claussen estaba en el ámbito de la salud: soñaban con una clínica para Coquimbo que satisficiera las necesidades que la región sufre (hasta el día de hoy) en términos de atención.

Así, en 2009 iniciaron el proyecto de Clínica Regional de Coquimbo, que en 2013 —y después de la muerte de Guillermo Campos—, se inauguró con una inversión cercana a los $7 mil millones.

El centro de salud fue el primero de la región con factibilidad de exámenes de hemodinámica, cirugía cardiovascular y atención integral del paciente cardiológico. Sin embargo, hoy está en proceso de renegociación. “Estamos stand by con la operación de la clínica, un proceso que ahora está en manos de los abogados. No tenemos fecha para una respuesta concreta para saber qué va a pasar con ella”, revela

Con todo, Claussen asegura que le encantaría reactivar el proyecto. “Mi sueño es que alguien que quiera invertir se interese por la clínica y la tiremos para arriba. Hemos tenido varias ofertas, pero ninguna ha llegado a buen puerto. Pero lo ideal es eso: que se convierta en lo que yo siempre quise: un centro médico para ayudar a la región, para que no haya tanta gente en los hospitales esperando”, recalca.

Los planes a futuro de Dagmar están concentrados en terminar el proceso de renegociación de Clínica Coquimbo, y en el ámbito personal, comenzar a escribir sus memorias. “Es uno de los proyectos que tengo en mente. Tengo muchas historias que compartir, con sus respectivos aprendizajes. He tenido varios acercamientos con interesados en publicar mis memorias, pero tengo que ordenarlas. Es que son muchas cosas”, dijo.62-01R

 

 

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