• El ingeniero agrónomo Jorge Astudillo Galvez muestras las primeras floraciones de los cultivos de cerezo en el fundo.
  • En el valle de Limarí, los cerezos deberían estar listos para su cosecha a mediados de octubre.
  • Un detalle de la floración del cerezo, en la zona de Ovalle, provincia de Limarí.
Crédito fotografía: 
Leonel Pizarro
Productores agrícolas de Ovalle apostaron al cultivo de esta fruta que en la actualidad se exporta en su totalidad al mercado chino. El precio de retorno al productor es muy seductor: puede alcanzar a los 15 dólares por kilo.

Productores agrícolas de la provincia de Limarí están apostando al cultivo del cerezo, cuya producción es enviada en su totalidad a China con excelentes precios de retorno, el que fluctúa entre los 10 a 15 dólares por kilo.

A 20 kilómetros al oeste de la ciudad de Ovalle se ubica el fundo Tabalí que tiene 650 hectáreas, 450 de las cuales son nogales. Sin embargo, desde el año 2002, la empresa agroindustrial Valle Arriba comenzó el cultivo de cerezo con el objetivo de obtener productos más competitivos.

Fue una pequeña fracción del terreno de sólo 3,5 hectáreas donde se experimentó con distintas variedades hasta obtener las más adecuadas para esta zona. Los primeros años, la fruta se derivó al mercado nacional, pero desde hace tres temporadas y gracias a un convenio con una exportadora de la Región de Valparaíso se logró llegar al mercado chino.

Los precios son tan generosos que incluso permiten que la cereza sea enviada en avión a su destino. Así la fruta que colgaba de un árbol en Ovalle, tres días después se vende en los supermercados y fruterías de Beijing y otras importantes ciudades del gigante asiático.  

El ingeniero agrónomo Jorge Astudillo Gálvez es gerente de producción de la empresa agroindustrial Valle Arriba y encabeza el proyecto del cultivo de cerezos en el fundo Tabalí. El profesional comenta que el cerezo no es tradicional en el valle de Limarí y en la Región de Coquimbo, donde predomina más la uva, los nogales, entre otros, pero que “en los últimos años se comenzó a tener una producción interesante del cerezo y que hoy se vive una especie de mini boom”.

3 años  se demora el árbol del cerezo en dar fruto y siete en alcanzar su plena producción.

“En particular no había experiencia acerca del cerezo y este huerto es la demostración de que el negocio puede funcionar. En un principio había un problema de qué hacer con esta fruta. Primero se resolvió destinar al mercado nacional y luego se abrieron los mercados internacionales”, añade.

Hace un par de años, apareció China en el horizonte y se instaló como el gran importador. “Esta fruta al tratarse de primores (primeras cosechas) consiguió en China un lugar donde la reciben y la valoran”, dice Astudillo.

En Chile, los principales cultivos de cerezos están en la zona central del país y su cosecha se efectúa a partir de la segunda semana de noviembre, pero en Ovalle -el lugar más al norte donde se están cultivando- el proceso se adelanta un par de semanas, a mediados de octubre, cualidad fundamental para transar mejores precios en el mercado. “Nosotros incluso podemos igualarnos a nivel de latitud con Sudáfrica, siendo las únicas cerezas a nivel mundial cuando cosechamos”, asegura.

“Nuestro objetivo ahora es tener la cosecha en octubre y este  año, la floración se dio en forma anticipada, entre 10 y 15 días antes que un año normal, por algunos aspectos de manejo que estamos desarrollando apuntando justamente a salir más temprano” detalla.

“Desde hace tres años la totalidad de nuestra producción  se exporta a China. Antes, como era tan poco en términos de volumen, se comercializaba a nivel nacional pero no tenía el valor que hoy se paga por esta cereza que para el retorno a productor puede llegar a los 15 dólares por kilo. Hay que considerar que por cada hectárea se obtiene entre 8 mil y 10 kilos, es decir, se tiene una rentabilidad muy alta”.

 

Un buen escenario

El valle de Limarí es una de las zonas privilegiadas para el desarrollo de proyectos agrícolas y en relación al cerezo aquí se han encontrado las características idóneas para su exitoso desarrollo.

Jorge Astudillo detalla que para que el cerezo se pueda desarrollar en buena forma necesita de un frío invernal, “en este caso, frío otoñal, que tiene que estar del orden de las 300-400 horas frío en un año, las que se alcanzan en años relativamente normales como este 2019”.

Las variedades que están hoy seleccionadas son de bajo requerimiento de frío por lo tanto se han adaptado bien a esta condición.

Otra de las particularidades se relacionan con las condiciones de la floración. “Aquí la humedad relativa tiene que tener un piso mínimo de 25 o 30 por ciento para que la viabilidad de la flor permita una buena “cuaja””, indica Astudillo.

“Nosotros estamos ya en agosto y tenemos medias de temperaturas entre 18 y 25 grados que es cuando la planta mejor hace sus procesos fisiológicos (...) son estos tres elementos: frío, condiciones de floración y días grado que son la suma térmica para poder desarrollar el proceso de “cuaja” y maduración de la fruta”, afirma.

 

El agua

En tiempos de escasez hídrica, el uso adecuado del agua resulta fundamental. Así, el cerezo también es un cultivo muy eficiente en términos de requerimientos de riego porque necesita menos agua que otros cultivos tradicionales de la zona.

“Nosotros somos olivareros, sabemos cuál es el consumo de agua del olivo y en el caso del cerezo, nos hemos ido ajustando a la demanda del cultivo a partir de experiencias prácticas y hemos conseguido regar de manera óptima con entre 4.500 y 5 mil metros cúbicos por hectárea en huerto adulto, lo que es bastante bueno y permite utilizar bastante bien el recurso que sabemos que es limitado en esta región” explica el ingeniero agrónomo Jorge Astudillo.

“En comparación, en un año los olivos necesitan entre 2.500 a 3.500 metros cúbicos, dependiendo del tamaño del árbol y de su desarrollo, pero sabemos que en la región hay cultivos que pueden superar los 10 mil metros cúbicos, como es el caso de la uva. Así el cerezo puede resultar una atractiva alternativa muy competitiva a la hora de tomar una decisión”, afirma.

La empresa agrícola Valle Arriba tiene acciones de agua de la Asociación de Regantes de Cogotí y se riege mediante un sistema de turnos de riegos.

 

Más hectáreas

La empresa agrícola Valle Arriba comenzó con 3,5 hectáreas, después aumentó a 20 y en la actualidad tiene 30. Son cifras que representan que el cerezo puede ser una buena opción para los agricultores de la zona.

“Se ha notado una especie de mini “boom” a partir de lo que hemos visto acá, donde se han desarrollado bastantes días de campo. El INia está trabajando con parcelas experimentales para conseguir variedades más precoces como nosotros, es decir, que requieran pocas horas frío y tengan ciertas características para adaptarse en distintos tipos de clima”, admite Jorge Astudillo.

“Además se corre la voz de que hemos salido en ciertas fechas de cosecha con muy buenos precios. En la zona se calcula que debe haber entre 100 y 150 hectáreas ya plantadas (...) ahora se nota un “barrio” que se está llenando de cerezos”, añade.

“En términos de la calidad de la fruta no tenemos ningún problema, están las condiciones agronómicas para que se vaya dando el cultivo, las condiciones de la calidad de la fruta son espectaculares, ya que nuestros porcentaje de fruta exportada siempre está sobre el 90 por ciento”, concluye.

 

Trabajo en terreno

Alfonso Salinas, jefe de producción del fundo Tabalí, explica que en el año 2002 se experimentó con cuatro variedades y que finalmente se optó por aquellas que tuvieron mejor respuesta en el lugar: brooks y tulares.

Agrega que las expectativas esta temporada son auspiciosas considerando el adelantamiento de la floración. Incluso a mediados de septiembre se podría efectuar un raleo, es decir una poda selectiva, que permite que el fruto que permanece en el árbol obtenga un mejor calibre, cualidad necesaria para la exportación. El calibre deseado es aquel que se llama super jumbo, es decir, aquel de más de 22 milímetros.

La cosecha se realiza en un período muy corto de tiempo, de máximo tres semanas. Se estima que se contratará a alrededor de 80 personas para esta fase, en su mayoría habitantes de las localidades cercanas al predio, quienes cosechan alrededor de 100 kilos diarios. El trabajo se inicia a las 7 de la mañana y concluye a las 13 horas. Más tarde no se trabaja porque las altas temperaturas estropean el fruto.

 

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