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Marcia en la memoria

La tarde del 25 de diciembre de 1980 la pequeña Marcia Barrera Clavería (11) salió a calle Monjitas con Lautaro en el sector Las Compañías a disfrutar los regalos que le había traído el Viejito Pascuero. Entre otros había una pelota con la cual jugaba feliz. En un momento el balón sale disparado y Marcia corre tras él con el infortunio que fue alcanzada por un camión. Le causó una muerte instantánea. Entre su familia había desolación.
La tragedia fue recogida en portada por diario El Día de la época. Se trataba de un suceso que empañó la navidad de los Barrera-Clavería. Quien escribe fue testigo del momento en que aún el cuerpo estaba en el lugar en medio de un tumulto de personas. Lo observé desde un micro que nos traía desde la Fiesta Religiosa de Andacollo y que tuvo que detenerse por lo complicado que significaba avanzar. Tenía sólo 9 años y lejos estaba la idea en transformarme en periodista, pero el recuerdo está latente. Con el paso de los años observé cómo se levantó una animita donde nunca le ha faltado una flor.

En el sector el recuerdo del luctuoso suceso está intacto. Incluso, el 25 de diciembre del año pasado encontramos a Eduardo Ardiles. Estaba cambiando las flores y refaccionándola. Rememora que vivió de cerca el horrendo accidente. De hecho, era vecino de Marcia. Es por ello que él mismo construyó la animita que actualmente se encuentra en calle Lautaro, al llegar a Monjitas. “El dolor fue muy grande para la familia”, rememoró en su oportunidad.

Agrega que con el tiempo esta se fue transformando milagrosa. “Muchos jóvenes llegan acá y le dejan cartas”, enfatizó.
LAS BONDADES DE LA WEB

Cuando la noticia llevaba una semana en nuestro hiperlocal, apareció un comentario. Se trataba de su hermana Jeannette. Junto con agradecer la publicación daba luces claras de cuanto le había afectado el fatídico hecho ”me sentía terriblemente triste y fui a sentarme frente a su animita. Después de un largo rato logré encontrar algo de calma, pero a la edad que tengo hoy siento que ella me hizo mucha falta, sobre todo ahora que no estoy nada bien”. La confesión era sobrecogedora. Lo mismo que la historia de este caso que aún provoca dolor en la familia Barrera Clavería.
A través del intercambio de correos electrónicos logramos conocer cómo este hecho marcó a sus integrantes. El 2010 fue un año especial. El 25 de diciembre se cumplieron 30 años de la tragedia.
A través de este reporteo virtual no sólo pudimos recoger su testimonio tres décadas después, sino que accedimos a fotografías de la pequeña Marcia y trabajos que confeccionó en el colegio donde le demostraba el amor a su madre.
Es por ello que en este reportaje reproducimos los recuerdos de Jeannette y cómo debieron enfrentar la pérdida de su hermana.
“Era la más traviesa de todos los hermanos, se pasaba el día riéndose. Le gustaba mucho vestirse, pintarse y arreglarse como si fuese grande. Era muy graciosa y vivía encima de los adultos, decía que cuando fuera grande tendría muchos hijos”, rememora.

Era tremendamente feliz con sus hermanos Fernando (21), Ricardo (12), Jeannette (11), Yerko (8) y Lorena (6). Estudiaba en el colegio D-21 hoy completamente remodelado y que lleva el nombre de Alonso de Ercilla y que estaba cerca de su hogar.
Uno de sus mayores sueños era ser grande, pololear, aunque aún no tenía claro lo que deseaba estudiar. “Nos juntábamos un grupo grande de puros amigos de la misma edad. Andábamos en bicicleta, jugábamos mucho, y nos reuníamos casi siempre en mi casa. Compartíamos nuestros juguetes con ellos. Fue muy lindo aquel tiempo. Todo era mas sano, eran risas y juegos”, agrega.
CRUENTA NAVIDAD
El 25 de diciembre de 1980 era esperado con ansias. Había impaciencia. “Nos despertamos muy temprano a ver nuestro regalos, porque nuestro viejito pascuero los dejaban debajo de la cama. Estábamos muy bien. Todo era novedad y muchas golosinas”.

La alegre jornada cambió radicalmente por la tarde. “Recuerdo que ese día celebrábamos la navidad en nuestra casa y éramos muy visitados. Nuestra familia estaba reunida y nosotros jugando con todos los regalos nuevos. Marcia jugaba a la pelota con otras amigas y mi hermano Yerko estaba cerca. De pronto apareció un camión conducido por un hombre en estado de ebriedad que venía de una cantina. El la atropelló sin ni siquiera darse cuenta. Obviamente la mató instantáneamente. El fue muy cruel porque huyó y luego volvió a cerciorarse de lo que había hecho. Fue allí donde los vecinos amontonados trataron de arrestarlo para golpearlo, pero escapó”.
Rápidamente el hecho se transformó en un horrible accidente y poco a poco las calles de tierra se comenzaron a llenar de gente, “todos lloraban. Habían personas que estaban muy mal, tristes, pero también, como en todos lados, había mucho morbosidad por ver en qué estado había quedado (la pequeña)”.

Su madre vivió momentos desgarradores. “Lo primero que hizo mamá fue tirarse sobre su cuerpo y cubrirla con sus brazos y luego con una frazada. No creo haber visto en mi vida la desesperación y el dolor que observé ese día. Mi madre no soportaba eso, pedíamos auxilio pero nunca llegó ninguna ambulancia rápido, y más encima no llegaba nadie que hiciera el peritaje para levantar el cuerpo”.
Marcia estuvo en el suelo por más de cinco horas. “Mamá entró a la casa gritando y decía que no había Dios, que nunca más creería en él y comenzó a destrozar todos los adornos y el árbol de pascua. Al final fue muy triste esa navidad. Como niños, fue terrible. Nuestra casa inundada de gente, familia, Carabineros, que no conociéndola, no se podían contener. Incluso, costaba encontrar allí a nuestros propios padres. Queríamos abrazarlos, pero ellos no estaban. Mi papito fue muy diferente, se encerró en una pieza por mucho rato, no asimilaba lo ocurrido”.
A medida que pasaban las horas, comenzaron las recriminaciones hasta el punto que detonaron una fuerte crisis en la pareja. “Siempre quisieron culparse entre ellos: por qué estaba jugando en la calle. Quién le compró la pelota con la que jugaba. Por qué andaba con sandalias, si no podría correr bien. En fin, tantas cosas y todas tan dolorosas”, recuerda Jeannette.
Pero no fue lo único. Lo que vivieron al día siguiente fue más dramático aún. Ante la imposibilidad de asumir la pérdida, los hermanos debieron enfrentar una dura separación. “Dejamos de estar juntos, mis padres no pudieron con esto y nos separaron. Cada hermano quedó con algún familiar. A mí me tocó viajar con una tía al norte y fue muy difícil. Yo estaba más grande y pude soportar aquello, pero tenía dos hermanos menores que estaban solos en algún lugar. Mi hermano Yerko se tulló con el schock de haber presenciado el accidente y todos le preguntaban a él. Es tan increíble la vida, lo puedes tener todo y en un momento te quedas sin nada. Las personas parten en el momento menos pensado. siempre he pensado el por qué ocurrió esto. Era una niña con sueños y tenía que vivir”.

EL ESPERADO REENCUENTRO
En 1989 hermanos y padres se reencontraron. Decidieron empezar de nuevo y ante los angustiantes recuerdos del lugar, decidieron trasladarse al Agrado de Peñuelas donde hoy viven sus padres, mientras que el resto de los hermanos formaron sus propias familias.

El nacimiento del primer nieto provocó un cambió alentador. Su madre nuevamente había retomado la tradición de hacer un árbol de navidad, “el que no había hecho en años. Creo que sus nietos ayudaron un poquito a calmar esta pena. Empezaron a perdonar, pensaron en regalos para la navidad, pensaron en unirse otra vez. Se fue una vida y llegaron otras vidas”.
Reconoce que tras el cambio, nunca más volvieron al lugar “hasta este año, que fui yo. Estaba muy apenada por algo que me ocurría y fui una tarde. Estuve largo rato, hasta que anocheció. Se me acercaba gente que me decía que ella era milagrosa. Recé con el corazón y pedí a ella que me ayudara. Nunca sentí antes aquella fe. Le ofrecí algo a cambio si me concedía el favor. Fue una ocasión muy especial. Me sentí muy diferente y sentí paz. Mi vida está cambiando, se lo agradezco todos los días de mi vida, pero también le pido que no me suelte nunca mi mano y que esté siempre con nosotros”.

La tranquilidad también está volviendo al seno familiar. “Actualmente todos los hermanos nos juntamos con nuestros hijos para la navidad en Peñuelas, casi siempre en la casa de mis papás. Todo ha sido muy difícil, pero ellos volvieron a reír, aunque se quiebran con facilidad al hablar del tema”.

Jeannette siente que a través de estos recuerdos puede ayudar “a mitigar este dolor de mis padres y familia”.
A dejar atrás esa cruenta navidad de 1980.