|
Parafraseando a un catedrático advertimos que "para hablar de las secretarias habría que empezar por investigar el origen de dicha palabra".
El diccionario de la lengua española guía a una primera acepción: -"Se decía de la persona a quien se comunica algún secreto para que lo calle". -"La persona encargada de escribir la correspondencia, extender las actas, dar fe de los acuerdos y custodiar los documentos de una oficina".
Resulta claro que sobre la base de lo que en el presente hacen estas profesionales, tales definiciones están sobrepasadas.
En La Serena de 1940 encontrar en una oficina pública ejerciendo a una secretaria era cosa rara. Tanto como para que su nombre quedase en la memoria, como es el caso de doña Teresa González Videla, que desempeñó tal función en la Dirección de Vialidad.
En la municipalidad local ocurría otro tanto con doña Gudelia Rivera, que, a falta de profesionales de Servicio Social, también debía actuar como "visitadora social".
Pasado 1950 las empresas del Estado contrataron secretarias diplomadas. La mayoría los conseguía en cursos por correspondencia, institutos y academias que instruían sobre taquigrafía y dactilografía.
En el sector privado las había, pero para una multiplicidad de trabajos, como fue el caso de doña Estelita Iribarren, que por años se desempeñó en la Junta de Vigilancia del Río Elqui.
En 1964 la Universidad de Chile detectó en la región una carencia de secretarias administrativas, creando una carrera intermedia de dos años, que dictó en la sede de El Pino. La mayoría de dichas egresadas fueron contratadas por la propia universidad. Ya entonces se hablaba de la IBM y de las necesidades bilingües.
En las empresas particulares el asunto era diferente. La secretaria debía atender el teléfono, cumplir trámites bancarios, ir a cobrar casa a casa -si se daba el caso- y, atender los problemas de la familia del jefe, como asesora, apoderada de colegio y, otras tantas veces, salvavidas.
Los cambios de su función han variado radicalmente. Cubrir ese espacio laboral se hizo fundamental. Y también el perfil, aparecieron sillas anatómicas, los papelitos amarillos, el hervidor eléctrico, las estufas que podían instalarse debajo del escritorio, hasta que por alrededor de los '90 el teléfono a granel, internet y el celular.
Pero que hacen hoy las secretarias además de guardar secretos. Vuelvo a nuestra primera guía: "Pues aunque parezca contradictorio, lo mismo de antes. O sea, escribir, ordenar, archivar, conectar, observar, opinar, aconsejar, escuchar, comprender y siempre impecables".
En nuestro recuerdo las hemos visto con el ceño fruncido por un problema no resuelto; ojos brillantes de llanto contenido; atentas, curiosas; con una sonrisa plácida que oculta una alegría interna. Activas, realizadas, sabedoras de su importancia y... valer.
Fernando Moraga
|