Reducción en la intención de compra de productos de segunda necesidad en Estados Unidos, ampliaría el stock, bajando su cotización
Felipe Pardo Ortega
La Serena
Para los agricultores regionales la dependencia del mercado estadounidense, hasta donde llega el 48% de la uva de mesa, permitió por años abarcar un target de 300 millones de habitantes, obteniendo altos ingresos gracias a una moneda fuerte como el dólar. No obstante, el traspié que sufrió la divisa en los últimos doce meses, donde se cotizó bajo los $500, fue una voz de alerta. Hoy en día, y cuando la economía más poderosa del planeta lucha por evitar una recesión, esos temores comienzan a tomar forma.
A un mes de que se inicien los primeros embarques de esta fruta, el stock en Estados Unidos sigue incrementándose por una disminución en la demanda, debido al temor al gasto innecesario. Esto ha repercutido en las esferas productivas que ya avizoran cambios relevantes.
Para el gerente de Frutícola Zebra, Andrés Fuenzalida, la lenta demanda generaría efectos en la valorización. “Ha habido un incremento en los inventarios, por lo que una de las consecuencias podría radicar en un descenso de los precios”.
Es así como se ve bastante lejana la posibilidad de reeditar los US$60 por caja que se alcanzaron en enero pasado y que implicaron los mayores precios en diez años.
Eugenio Munizaga, presidente de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN), ve con preocupación la postergación del consumo de los alimentos de segunda necesidad. “La fruta es el postre, por lo que es la última en comerse (...) Si se radicalizan los problemas financieros, puede afectar el consumo de la fruta regional”, indicó el dirigente del gremio.
En todo caso y como representante de un sector que no lo ha pasado bien en los últimos años, deja espacio para el optimismo. “Tenemos que buscar sistemas que permitan bajar los costos, pues si hay una caída de los precios, debemos compensarlos con un acercamiento directo con los distribuidores”, aseguró Munizaga, quien se refirió específicamente a la eliminación de los intermediarios, quienes se quedan con el 12% de los costos.
El director de SAN, Federico Marín, estimó que la disminución del poder adquisitivo de los estadounidenses afectará las ventas, aunque nunca como para provocar pérdidas.
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