Mucho se ha escrito sobre el perfil de Gerardo Varela: neoliberal, defensor de la educación como bien de consumo, contrario a la gratuidad, etc.  

A mi juicio el presidencialismo de nuestro sistema político se impone, por sobre las perspectivas personales de los secretarios de Estado, y los encargos evidentes para el nuevo ministro parten con la implementación de las reformas ya aprobadas, incluyendo la nueva ley de educación superior. Eso ya es desafiante, pues hay muchos recursos comprometidos y puede que ahí radique la razón de este peculiar nombramiento.

Hombre cercano al mundo empresarial, especialista en fusiones societarias, ¿cómo reaccionará Varela al verse rodeado de ese verdadero ejército de funcionarios que existe hoy en día en el ministerio de educación y  sus dependencias?  

Con un presupuesto de miles de millones de dólares,  es suponible del nuevo ministro que difunda una visión crítica hacia la actual estructura del Mineduc, y respecto de la eficiencia del gasto en esta área. Durante la discusión de la ley de presupuesto de nacional del 2018, desde el comando de Piñera se advirtió de la irresponsabilidad en la expansión del gasto público.

Esto quedó soslayado con la visión de protección a los derechos sociales en versión Senador Ossandón que se observó en la segunda vuelta, pero la crítica debiera permanecer.

La modernización del Estado es una  postergada aspiración de los empresarios, y no sería raro que el ministerio  esté en la mira, como supuesto ejemplo de ineficiencia administrativa; como prioridad de racionalización.  En definitiva, la implementación de todos los componentes de la reforma educacional en sus copará los esfuerzos del nuevo ministro, y si sobrevive a las movilizaciones, hará evaluaciones hacia los dos primeros años de la nueva administración, para proponer los anunciados mejoramientos. 

Ricardo Retamal Ortiz, Abogado, Magíster UC

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