Estoy en Italia esta semana y noto varias diferencias entre este país y Chile. Una cosa es la rapidez en que una persona puede completar trámites; lo que demoraría dos días en Chile, se hace en cuatro horas en Italia. Otra cosa es que la gente es más informada y no inventa lo que desconoce, esto es desde el asunto más sencillo hasta el más complicado. En Chile tenemos que preguntar a cinco personas y creer la respuesta en común de tres de ellas. Aquí hay cortesía entre conductores de vehículos y los buses y trenes andan en forma ordenada. Salen a la hora con horarios y la gente tiene una puntualidad que demuestra respeto por el tiempo de los demás. La cultura de la gente de pueblitos del sur de Italia es más “redneck” (pueblerino) que en Chile y muchas personas tienen problemas dentales por no cuidar bien sus dientes. En el sur hay mucho sobrepeso y personas que no visten bien. Chile es mejor en estas cosas, pero peor en su servicio al cliente; Italia es lejos mejor y la oferta de bienes es mayor con mejores precios.

Lo curioso es que las reformas tributarias propuestas por Bachelet, pretenden cambiar Chile para que se parezca más a países Europeos, que sufren con altos impuestos y regulaciones venenosas; ella quiere que los chilenos sufran igual. Sin embargo, no hace ninguna reforma para ayudar a los chilenos a cambiar actitudes, mentalidad y cultura, que influyen considerablemente en el atraso del país. El fuerte izquierdismo de los chilenos, disfrazado de anarquismo, copiado tal vez de los españoles, les da licencia para plantar bombas que dañan a inocentes. Europa se ha graduado de este tipo de maldad. Sugiero que la reforma tributaria sea postergada y luchemos por una reforma mental y cultural. Sería provechoso para Chile que nos transformemos en imitadores de lo bueno de otros países y desechemos las malas prácticas estatistas e intervencionistas de ellos.

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