Señor director,

La construcción en altura ha sido indiscriminada desde un comienzo en Macul, dado que la intervención del mercado inmobiliario en los antiguos barrios residenciales interiores ha sido perjudicial para los antiguos residentes. En efecto, las inmobiliarias han hecho desaparecer para siempre barrios tradicionales, dando paso en el mejor de los casos a construcciones de edificios con 15 pisos de altura. Basta con recordar la experiencia de la “casa isla” que quedó situada al medio de dos torres de 25 pisos cada una. La vida de barrio ha sufrido un evidente retroceso, en favor de construcciones grotescas que amenazan otra vez a Madreselvas, barrio ubicado entre la calle Los Plátanos y Avenida Quilín al anunciarse la construcción de dos nuevos edificios de 12 y 15 pisos, similar al de 14 pisos que ya existe.

El problema radica en que el actual Plan Regulador Comunal aprobado el 2004 durante la administración ininterrumpida del alcalde Sergio Puyol Carreño, permite emprender proyectos inmobiliarios de gran magnitud, en zonas esencialmente de viviendas de dos o tres pisos, perjudicando sin compasión el patrimonio arquitectónico, cultural e histórico de uno de los bastiones residenciales de Santiago.

La oposición a la construcción, no obedece al propósito de oponernos al progreso de la ciudad, por el contrario, responde a la necesidad de que dicho desarrollo se desenvuelva en forma ordenada y con respeto al medio ambiente y a la calidad de vida preexistente, considerando la protección de los barrios interiores y la prevención de problemas como el despojo de la luz solar y el colapso del tráfico vehicular en calles estrechas.

Los instrumentos de planificación territorial deben ser la expresión fiel de la conservación de zonas residenciales consolidadas y del trabajo comprometido de nuestras autoridades por proteger a sus gobernados de las incursiones factoriales de las Inmobiliarias, que tras percibir las utilidades previstas, se retiran en una digna comparación con las colonias portuguesas en África en el siglo XVII, destruyendo costumbres y dejando una huella  imborrable.

Pablo Gutiérrez Muñoz
Presidente de la Organización Comunitaria Funcional Conservemos Nuestro Barrio.

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