Lamentablemente, la entrega de los resultados de la Encuesta Casen se ha vuelto una escenificación cada vez más politizada, que da pie al gobierno de turno para criticar al anterior o valorar sus propios logros, según sea el momento del ciclo de gobierno en que se entregan los datos. 

A pesar de lo que muestran las cifras dadas a conocer por el Ministerio de Desarrollo Social, en conferencia de prensa, el ministro destaca “un estancamiento en la disminución de la pobreza” y, amparado en el aumento de la desigualdad, que “los sectores pobres se han vuelto más pobres”. 

Lo que muestran las cifras es, no obstante, que la pobreza monetaria disminuye más de 3 puntos, que la pobreza multidimensional se mantiene constante y que la desigualdad aumenta.  No tenemos cómo saber si “los pobres se han hecho más pobres” porque para eso se requiere un panel longitudinal que siga a los mismos hogares a lo largo del tiempo. 

Politizar la entrega de resultados no ayuda en nada a abordar una tarea de largo plazo, que requiere de la confluencia de muchos actores y no sólo del Estado. 

En un período de cuatro años lo único que se puede atribuir directamente a un gobierno son las cifras de pobreza monetaria, que se pueden alterar a través de la entrega de bonos y subsidios. Pero cambios sostenidos y de largo plazo se vinculan mucho más directamente con modelo de desarrollo, y no se ven reflejados en períodos tan cortos de tiempo. Más altura de miras ayudaría a un debate necesario sobre los cambios requeridos para superar la pobreza y la desigualdad. 

 

Ignacia Fernández G.

Directora Ejecutiva 

Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural

 

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