Con los protagonistas de la noticia de la semana. Con roles diferentes, por cierto. Han sido actores estelares de una obra novedosa estrenada en el escenario nacional. No sé si encasillarla en el rubro comedia o, derechamente, en el catálogo de la tragedia.
Auth, parlamentario de la República en ejercicio, fundador del PPD y alto dirigente de ese Partido, ha renunciado a él, denunciando que ese conglomerado político se ha trasformado en el dominio de un señor feudal, llamado Girardi, que lo maneja a su beneficio junto a un grupo de actores secundarios. Reclama Auth que ese partido fundado por Ricardo Lagos buscaba cambiar los cánones tradicionales de la política y, por ende, los actuales dirigentes han olvidado a los ciudadanos que confiaron en ellos y, por eso, ha preferido renunciar.
Fuente-Alba, en el segundo acto de esta obra, ex Comandante en Jefe del Ejército hasta hace poco, se ha negado a concurrir a las citaciones de la Cámara de Diputados que investiga el escandaloso fraude de millones de dólares esquilmados de la Ley Reservada del Cobre que está destinada  a la permanente renovación de armas y material de las FF. AA. Casualmente, parece, estalla la noticia que el mentado Fuente-Alba ha acumulado una fortuna superior a los 3.000 millones de pesos en el último tiempo,  imposibles de generar a partir del sueldo mensual de un funcionario público.
Girardi  solo ratifica una imagen pública debilitada por la acumulación de actuaciones reñidas con la corrección y la ética, amparadas por un inexplicable e indolente silencio de la militancia que ahora se rompió. Con respecto a la situación  de Fuente-Alba, la opinión pública incluyendo las propias Fuerzas Armadas, esperan anhelantes una satisfactoria explicación.
La obra teatral en comento, podría  escenificar el descrédito de dos grandes instituciones de la República: la Política y el Ejército. Sin embargo, una reflexión somera muestra que no son las instituciones las desacreditadas,  sino algunos personajes a los cuales se les confió la representatividad de ellas. Más que las instituciones fallan los hombres siempre.

Autor

Otras columnas de este autor

 

 

 

X