Una iniciativa cultural, fruta impresa, aporta alegría para inquilino añoso en potrero viñatero. Cuando el niño recibe la sorpresa de su vida por hacer un favor a sus hermanos. Donde el almanaque y el devocionario vecinal se renuevan tal como una sandia. Corazón colorado... Ya en la primera mitad de la década de los años ochenta del siglo pasado, los sandiales elquinos declinaron. El potrero (un rectángulo con 250 metros de frente por 800 de fondo, apróx.) se quedó con el recuerdo de los sandiales tradicionales entre maravillas   y maizales. Una franja de tierra con un desnivel al fondo por el  paso del río milenario.Fundo pequeño con calle de por medio y curiosamente ligado a penadurias y siembras misteriosas. En La Puntilla de Diaguitas y frente al cerro Piramidelqui suelen suceder hechos extraños: La mujer que llora, el hombre que se muere o el niño que lee y ve cosas que los demás no ven... Manuel Montaño Medalla (86) recuerda: “En febrero de 1944 mis hermanos mayores me pidieron ayuda para cuidar el sandial ya que ellos irían al pueblo vecino para bailar”. Se hizo la noche y nada malo ocurría...  Pero, habíamos quedado con la iniciativa cultural, la mujer que llora, el niño que lee y ve cosas, entre otras. Manuel no vio pero sintió “La Llorona” sobre su cabeza. Cogió la escopeta y disparó al aire. La madre y la cuñada acudieron en su auxilio. La arremetida no volvió a repetirse. Ellos, arrendatarios, habían mejorado al fundo.Por el lado Oeste, un callejón vecinal ponía deslinde al fundo desde la calle a la línea férrea...un pircado tan largo como faja de huaso. Allí vivía otro niño que sí leía y veía cosas. En efecto, el Instituto del Campesino desde la capital enviaba a provincias sus aportes: libros y ruecas. ¡El libro “Corazón Colorado” llegó tal como una sandía... abierta, generosa y con muchas letras para leer otros mundos ignorados!  

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