Facundo y señora, amigos argentinos, nos convidaron a su cabaña cerca del Mar. Atentos como siempre, entablamos una interesante conversación mientras Corina, y su esposa Matilde revisaban fotografías del año anterior. Mirá  hermano, hay tanto argentino en La Serena, que de repente se arma un quilombo bárbaro. En las noches se ven algunos mamaos, uno que otro pibe bajando del colectivo y pidiendo guita, parecen poseros. |Que macana, le contesté| Anoche, con Matilde y una morocha amiga, salimos a joder a una discoteque.  Matilde se puso una remera y pollera, pues la noche estaba cálida. En el camino de regreso compramos unos pochoclos  o pororós que estaban exquisitos. Siempre protegidos por Carabineros cada uno con su fierro que parecían verdaderos y no truchos. Muy elegantes con su lompa de color verde oliva. Unos pibes vendiendo artesanía. Les compré un farolito de piedra, para que no  crean que sea rata. Me interrumpe Facundo y me dice. Pará, pará, mira esa mina de blanco. Es un bagayo. No es para tanto agrego. Un coterráneo me ha contado que estuvo en el horno el otro día, pero que salió bien. Suena el celular, atiende Facundo y dice Mira hermano, te llamo mañana ahora estoy a full. Las señoras nos llaman. La comida esta lista y no paremos de lastrar, dice sonriente Matilde. Salud entonces con buen vino chileno. La carne está re piola le comento. Bueno, de eso se trata hermano continua Facundo, para que cuando vuelvan a casa vaya a torrar bien. Gracias Facundo y Matilde. Lo hemos pasado El descueve. Le achuntaron en la invitación ¿Cachai? Miré a Corina y percibí que estaba medio choreada con mis modismos. Pero no. Por el contrario, me estaba inflando con una sonrisa .Un brindis con piscola. Ya. Al tiro y Facundo eleva su copa con una mirada de interrogación. Son cosas del verano y modismos Felices vacaciones mis estimados lectores. 

Autor

Imagen de Marcial Robledano Perucich

Escritor.

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