La elección de los convencionales constituyentes para la redacción de una Nueva Constitución (NC) exige paridad, presencia de pueblos originarios (aún en discusión parlamentaria) e independencia política partidaria indican otros,  y así currículums con amplia experiencia y formación académica también apelan. La pregunta es: ¿Son características suficientes para garantizar mínimos de pluralismo, diversidad y sentido común que prioricen el bien común?

Considero valioso que una gran mayoría participe de este proceso, que permita incluir las características mencionadas, pero creo que es necesario no quedarse sólo con esos factores, en especial algunos que podrían coartar la participación.

Creo que nos ayudarían a profundizar en los perfiles de quienes participen como constituyentes preguntas tales como: ¿Qué artículos conservaría y agregaría en la actual Constitución chilena? ¿Está de acuerdo con que los pueblos originarios sean incorporados en la NC? ¿Cómo redactaría el derecho a la salud y educación? ¿Qué conceptos utilizaría para evidenciar la necesidad de tener un medio ambiente sano? ¿Cómo redactaría los nuevos tipos de familia? ¿Cómo analiza la privatización de recursos naturales como el agua? ¿Considera que debiera incorporarse el mandato revocatorio del pueblo frente a las autoridades? ¿Qué atribuciones debería tener o dejar el Tribunal Constitucional? ¿Qué tipo de Gobierno le gustaría tener?

Éstas y otras preguntas nos ayudarán a tener mayor claridad y asertividad al momento de elegir nuestra opción. Adolfo Mendoza Leigue, sociólogo boliviano, dijo respecto al proceso constitucional de su país que se debe tener un "movimiento social detrás y soporte organizacional", vale decir, contar con una participación activa y una vinculación directa con causas colectivas y no de sectores minoritarios.

Es justamente eso lo que el pueblo espera de quienes lideran o representan lo colectivo. Cuando no es así, la lejanía de todas y todos es mayor, manifestándose el descontento a través de los movimientos sociales por ejemplo. Por ello, este proceso debe ser una oportunidad que nos permita -desde cada soporte organizativo- encausar un petitorio de reforma de la Constitución que tenga sentido en todos los territorios y teniendo como voceros a constituyentes que busquen el bien común.

El convencional constituyente debe ser una extensión de los movimientos sociales y no debería estar asociado a una relación utilitaria, clientelar o de influencia de grupos de interés sectorial, incluyo aquí a aquellos académicos, políticos y económicos que buscan profundizar o perpetuar el estado actual del país, teniendo desidia por cambios más profundos en favor de la ciudadanía.

Tenemos el deber de participar activamente, y realizar control social a la Convención Constitucional. Debe construirse un reglamento que vincule de forma permanente a los constituyentes de forma efectiva con el pueblo, su gente, plebiscitos locales, asambleas territoriales, formas directas de consulta al distrito que representa, etc.

Para finalizar, quisiera añadir a la reflexión que el movimiento social desde el 18-O, gatillador de la NC, ha sido categorizado desde el estigma de algo negativo con conceptos como “estallido social” y “crisis política”. En mi opinión, creo que el concepto “Despertar” de la ciudadanía está conectado profundamente con lo que buscamos comunicar en el último plebiscito: Una ciudadanía que abre los ojos sobre el nuevo Chile que queremos, un pueblo con una alta conciencia que pide más que el discurso y acción asistencial/clientelar tradicional.

Autor

Imagen de Jorge Naveas Bravo
Trabajador Social en Salud, Secretario Regional Confusam. @JorgeNaveas

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