Ya sabemos que en política nadie puede cantar victoria hasta que no se cuente el último voto. Esta prudente norma es asimilable al juicio de la historia: no se puede hacer el balance de un  gobierno antes que termine su período. 
En 2013, Egidio Damas, comentarista venezolano, no tuvo contemplaciones: “Al hacer un balance de la gestión de Obama, quien esto escribe, se atreve a afirmar que es demasiado difícil encontrar diferencias entre lo actuado por Obama y su antecesor George Bush”.
La lapidaria sentencia ponía el énfasis en el incumplimiento de algunas promesas fundamentales del primer afro-americano que llega al poder en Estados Unidos. 
Ahora las señales son positivas: Obama ha tenido dos logros históricos. 
El primero es la regularización de las relaciones diplomáticas con Cuba.
Más de medio siglo de tensiones, incluyendo un momento en 1962 en que los cohetes soviéticos instalados en Cuba pudieron ser la chispa para un conflicto planetario, están quedando atrás.
Y entonces, junto con ese anuncio, se produjo el acuerdo con  Irán. 
En Viena, con el respaldo de otras cinco potencias, el gobierno de Washington cerró  lo que consideraba una peligrosa amenaza nuclear.
El acuerdo restringe la capacidad de Irán de fabricar bombas nucleares a cambio del levantamiento de una serie de sanciones económicas y de comercialización del petróleo. No se trata de un acuerdo basado simplemente en la confianza, sino en “la verificación de su cumplimiento”, aseguró Obama.
Todavía queda camino por recorrer, pero Obama es optimista. 
En un mensaje radial transmitido “en vivo y en directo” en Irán, calificó el acuerdo como “un nuevo capítulo en nuestra búsqueda de un mundo más seguro y más esperanzador”. 
Debería ser parte importante del balance final de su gobierno.

Autor

Imagen de Abraham Santibáñez Martínez

Secretario General del Instituto de Chile. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua.Premio Nacional de Periodismo 2015

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