El domingo último se celebró la tradicional concentración de la CUT por el Día del Trabajo. Respetable. No me quiero meter en la etimología de la palabra Trabajo (tripalium y tripaliera), sino que hacer una breve reflexión sobre la inmensa multitud de trabajadores de los que nadie se acuerda, pero cuya labor diaria es imprescindible para llevar el pan a su casa. Si no trabajas, no comes. 

Prohibido enfermarse. Ojo, muchos no tienen previsión ni salud garantizada como los que reclaman en la concentración. Ellos quizás aprovecharon el día para salir con su familia a pasear.  Un oasis de relajo para volver a la diaria preocupación y la pregunta ¿Cómo me irá mañana?

Ellos son los que representan a los trabajadores a contrata, cuya inmensa mayoría está en muchos organismos del Estado y municipales y desde luego en el sector privado, los denominados “independientes” que a su vez dependen de la situación económica general. Mejor la economía, más posibilidades tienen, peor la economía, todo lo contrario. Un gran porcentaje no son calificados como vulnerables, porque en su casa tienen un TV plasma que compraron a diez mil pesos mensuales por “n” años, porque no tiene otra posibilidad. 

Para ellos la frase compre al contado que es más barato, viene de otro planeta. El joven emprendedor que duda en “tirarse a la piscina” al observar lo que sucede en el entorno y prefiere seguir así, bajo el alero de sus padres, hasta una mejor oportunidad. 

El pequeño comerciante, que depende de sus ventas para pagar sus compromisos y a su trabajador de la tienda o la verdulería, etc. Todos ellos no tienen bonos, sino que deben pagar todo, si no le cortan la luz o le cobran judicialmente un dividendo. Y ¿Qué me dice de la dueña de casa cuyo mayor milagro es multiplicar los panes y los peces cada día, para alimentar a su trabajador independiente y a sus hijos? El homenaje merecido a todos ellos.

Autor

Imagen de Marcial Robledano Perucich

Escritor.

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