Quizás una de las reformas más  emblemáticas del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, es la nueva constitución de nuestro país.
La actual, nacida en dictadura, con las opresiones y controles propios de un sistema, en que no existía ninguna posibilidad de participación de la ciudadanía, ha derivado por su influencia a una evidente desigualdad en los derechos, que se trasunta en la vida diaria.
Y la discusión de la nueva constitución en nuestro país, no es cómo lo anuncian y esperan los agoreros de siempre;  será un proceso cívicamente informado, analizado y  discutido.
Se trata de que cada ciudadano de nuestro país, de que cada compatriota, estampe su opinión sobre lo que desea para ella, especialmente porque la constitución es la madre de todas las leyes, por lo tanto ahí radica todo lo que deseamos en los siguientes decenios.
Definirá los valores que nos une como nación, cómo el respeto  a las etnias y multiculturalidad, y por sobre todo, consignará las reglas básicas de nuestra convivencia política.
Se precisa de una amplia discusión,  por lo que la Presidenta anunció que el primer paso será  una etapa de  información constitucional y educación cívica, en donde habrá que repensar el país, sobre quiénes somos, que queremos y hacia donde deseamos avanzar en nuestro desarrollo. 
No será una discusión de élites y “preparados de cocina”. 
Por el contrario, de cara a la gente y es por eso que se organizarán los “Diálogos Ciudadanos”. Se  nombrará un Consejo Ciudadano de Observadores, que cautelará la escrupulosidad de ese proceso.
 El resultado de estos análisis, opiniones, perspectivas, visiones y sensibilidades de todo el país, le será entregado al ejecutivo.
El proceso  concluirá en el otro gobierno.  Una nueva constitución siendo la madre de las leyes, debe aspirar a que contenga lo que será el Chile del futuro,  en una expresión libre y democrática, habiendo dejado en el pasado, la principal trinchera de la dictadura.

 

 

 

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