Cuando ocurrió todo lo que tenía que ocurrir, a propósito del financiamiento de los partidos políticos y de los candidatos, rápidamente el gobierno impulsó una nueva ley sobre la materia, que lamentablemente como ha ocurrido con las otras tantas leyes que ha impulsado son improvisadas, carentes de sintonía con la ciudadanía y de difícil aplicación práctica. Ahora bien, como tiene la mayoría en ambas cámaras, obviamente la ley se tramitó con una urgencia desmedida y sin medir las consecuencias de su aplicación.En otras palabras, fue una ley para la galería, populista y que pretendía apaciguar las críticas ciudadanas. Estableció tantas limitantes, trabas y complejidades, que en la práctica fue un traje a la medida para quienes hoy ostentan cargos de elección popular, llámese senadores, diputados, alcaldes y concejales. Ahora bien, esta ley, que tiene un par de cosas buenas, como por ejemplo el no tener tapizada la ciudad de carteles, es un verdadero candado, cerrojo o tranca para figuras nuevas que pretenden desde sus ideales, cambiar muchas cosas, que uno podrá estar de acuerdo o no, pero que sin duda forman parte del debate y discusión que se tiene que dar en una sociedad democrática. Por el contrario, quien detenta el cargo y va a la reelección, como sabe que es difícil que alguien nuevo le pueda arrebatar su puesto (salvo que lo haya hecho extraordinariamente mal), no se expone a la opinión pública, no debate, se aparta de los programas de radio y Tv y en definitiva no confronta sus ideas y proyectos con los demás candidatos que van en la misma carrera. Lo mismo ocurre con los candidatos que se sienten ganadores, que esquivan que nuestros comunicadores, periodistas o medios de comunicación, los entrevisten y muestren al ciudadano de a pie, quién es y cómo piensa. En ambos casos, ese candidato funda su campaña en eslóganes, titulares y promesas, pero impide que los ciudadanos nos informemos bien del cómo, cuándo y para qué quiere detentar el cargo ya sea de concejal o alcalde. Como se puede apreciar, con esta ley bloqueamos justamente lo que reclamaba la ciudadanía, esto es, más transparencia, más participación, más información y más competencia. Nos vestimos con un supuesto smoking que era perfecto para enfrentar el tema del financiamiento irregular, pero sin querer queriendo, como decía el Chavo del 8 (me baso en la buena fe) lo único que se hizo fue regular de tal manera todo, que difícilmente tendremos la renovación que la ciudadanía clama y pide a gritos, para que en definitiva resurjan los verdaderos ciudadanos con vocación de servicio público. 

 

 

 

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