Cincuenta años después de ser ultimado por un sargento del ejército boliviano cuando estaba inerme, detenido en la escuela de La Higuera, la imagen de Ernesto Che Guevara sigue viva.  Pero casi nadie lo ve como un símbolo de la guerrilla revolucionaria. El triunfo en Cuba, donde participó al lado de Fidel Castro, fue su trampolín hacia la fama. Pero no todo el mundo se dio cuenta de que era un escenario irrepetible. Eso explica que su intento de trasladar la experiencia fuera de Cuba estuviera destinada al fracaso desde el comienzo. El grupo guerrillero, que contaba inicialmente con dos cubanos y una decena de bolivianos, se encontró con múltiples problemas. En menos de un año -noviembre de 1966 a octubre de 1967- la situación se fue haciendo cada vez más difícil.En su diario, escrito en una agenda médica alemana con su letra pequeña y no muy clara (”de médico”), llevaba un completo registro de todo lo ocurrido en cada uno de los escenarios en que vivió. Aunque siempre subrayaba lo positivo, en Bolivia debió aceptar que la suerte le era adversa. Agosto de 1966, resume, fue “el mes más malo que hemos tenido en lo que va de la guerra”. La memoria del guerrillero argentino-cubano se idealizó a partir de la llegada de Fidel Castro a La Habana en 1959. En los primeros meses se vio como una saga heroica y entusiasmante. Por un tiempo, en los años 60, tuvo imitadores en otros países del continente. El Che, que nunca se sintió cómodo con las tareas burocráticas en Cuba, construyó una imagen del guerrillero desinteresado, que luchaba sólo por la liberación de los oprimidos. No era una pose: siempre se mostró compasivo con los explotados y conoció a muchos en nuestro continente cuando emprendió su primer viaje entre 1951 y 1952. Es la experiencia que se retrató en 2004, en la película Los diarios de la motocicleta. Pero su buen corazón ni su aire romántico fueron suficientes para darle el triunfo en la vida real. 

Autor

Imagen de Abraham Santibáñez Martínez

Secretario General del Instituto de Chile. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua.Premio Nacional de Periodismo 2015

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