Hemos visto como en estos últimos días se ha tratado de perjudicar al presidente Piñera, mediante una guerra sucia nunca antes vista, donde además de todas las actuaciones y puestas en escena (un elemento de la estafa) de dirigentes y algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría, se dio a conocer por el comunicador Fernando Villegas, que a tal punto ha llegado su desesperación por mantener el poder, que se ha creado una “unidad” especial para perseguir a Sebastián Piñera y enlodarlo como candidato. La verdad es que por suerte el ciudadano de a pie no es tonto y ha sabido analizar y comprender el tema. Lo anterior lo ratifica el hecho cierto que, a pesar de todo este aparataje comunicacional destinado a perjudicarlo, no logró hacer el daño que ellos pensaban, ya que la misma encuesta Adimark mostró que Sebastián Piñera subió 4 puntos en relación a la misma encuesta del mes anterior. Adicionalmente, el expresidente ha sabido liderar a la coalición Chile Vamos, manteniendo una unidad que no se apreciaba desde el triunfo que se obtuvo el 2009 y que permitió repetirlo en las elecciones municipales de este año. Todo ello indica que dada su figura y la unidad que ha mantenido el sector, en la centro derecha tenemos un plan A, que es que Sebastián Piñera sea el abanderado de esta coalición y que todos quienes tenemos esos principios y valores nos pongamos a disposición de su programa y estemos disponibles para aceptar los desafíos que se nos propongan. En la otra vereda, la de la Nueva Mayoría, no se ve en el horizonte un plan A y menos un plan B, toda vez que hemos visto como ese pacto electoral demuestra que la división entre ellos es definitivamente escandalosa. Bajo esa premisa difícilmente pueden ser una alternativa de gobierno. De hecho, basta ver cómo a nivel nacional se pelean entre ellos, en donde el expresidente Lagos se desvincula de los proyectos de su gobierno, endosándoles los errores al primer gobierno de Bachelet, como lo fueron el Transantiago o el Cae. Por su parte, otro precandidato, como Insulza, a su vez le recrimina a Lagos que si es responsable de esos proyectos que todos sabemos de sus resultados finales, a pesar que este señor fue la piedra angular de su gobierno. Adicionalmente, otros líderes de esta coalición se desvinculan del programa de gobierno de Bachelet, aduciendo que “no lo habían leído bien”.  En fin, es un desorden y desunión entre sus filas que hoy no los habilita para ser una alternativa. Sumado a todo lo anterior, hemos sido testigos de cómo un sector ideológico de este pacto electoral ha impuesto su doctrina en la conducción del gobierno, que ha llevado al país por un camino de estancamiento y retroceso, que ha significado que miles de compatriotas estén sin trabajo o tengan unos en precarias condiciones. Todo esto, sin duda impedirá que a pesar de sus infinitas ansias de aferrarse al poder, puedan permitirles ser una alternativa de gobierno, aunque tengan un plan de la A a la Z. En conclusión y como lo señala el título de esta columna “No hay plan B”. 

 

 

 

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