Está claro que este país se estancó. La inversión cayó estrepitosamente; la creación de empleos se anuló; el crecimiento económico desapareció, en fin, estas bases de desarrollo de todo país, en Chile dejaron de ser una prioridad. Lo peor de todo es que a pesar que los resultados están a la vista, quien dirige los destinos de la nación sigue preocupada de la politiquería de pasillos, tratando de imponer temas ideológicos que están muy lejos de la sintonía con la ciudadanía. 
Es más. El negar el crecimiento, la inversión y el empleo como ejes de una política pública tiene al Estado de Chile sin plata. Los proyectos de infraestructura son los que vienen de antes; la reconstrucción de las regiones azotadas por fenómenos de la naturaleza está atrasada; la reforma educacional discrimina a los estudiantes y padres; la salud, en la UCI, etc. Todo lo anterior, por falta de recursos. 
Simplemente en lo macro, el país no produce. Pero esos son los datos que uno conoce y que se pueden revisar en los distintos medios de comunicación. Pero lo que preocupa es lo que está pasando con el ciudadano de “a pie”, como se dice en buen chileno, porque a pesar que hoy se maquillan los datos de empleo, con cifras, a mi gusto, totalmente ajenas a lo que ocurre en la realidad, en la práctica se están viendo fuertemente los efectos de estas malas decisiones, en los ingresos de las familias chilenas. 
No es necesario ver las cifras del INE o de los organismos especializados para palpar lo expuesto, porque los datos lamentablemente se encuentran en otras partes. En efecto, de una simple mirada a los diarios regionales y nacionales, se aprecia un explosivo aumento de publicaciones de remate de inmuebles, que obviamente son familias que, por la falta de oportunidades, ven como se les esfuma el sueño de la casa propia. Esto último se había disipado en los tiempos de bonanza en el crecimiento, la inversión y el empleo. Asimismo, otro dato y que es aún más preocupante, los embargos de inmuebles han crecido casi en un 50% en el último año y medio, lo cual significa que continuará esta dinámica perversa para las familias. El retiro de vehículos es pan de cada día. 
Esta es una situación muy preocupante, toda vez que se está disparando directamente a la clase media, que día a día paga los costos de estas pésimas políticas públicas, de índole ideológica y populista. 
No nos ceguemos y corrijamos el rumbo, ni imitemos los sistemas argentino y venezolano, recuperemos lo que siempre hemos sido: Un país con diálogo, moderado y basado en una economía social de mercado.     

 

 

 

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