Chile tiene una larga tradición sanitaria y de campañas de vacunación, incluso antes de la independencia en 1765 el “Fraile Chaparro” fue pionero en inocular el pus de la viruela en Chile. El año 1887 se fabricó la primera vacuna antirrábica de uso veterinario y el suero antivariólico, luego a partir de la creación del Instituto de Higiene en el año 1892 y posterior Instituto Bacteriológico en el año 1929, comienza la investigación y el desarrollo de nuevos sueros y vacunas.

En Chile se fabricaron sueros y vacunas de forma ininterrumpida desde fines del siglo XIX hasta principios del siglo XXI, contabilizando un total de 10 tipos diferentes de sueros y 29 vacunas, dos de las cuales fueron creadas por científicos nacionales. A partir de mediados de la década del 70, ya no se introdujeron nuevas vacunas y el año 2005, se termina definitivamente con la producción de vacunas en Chile, la discusión del rol del Estado en la salud pública y el papel subsidiario que la Constitución del año 80 le dio al Estado, provocaron el fin de la producción de vacunas en el país, mas no de las campañas de vacunación.

Las tensiones ideológicas siempre estuvieron presentes en la discusión sanitaria, sobre todo sobre la obligatoriedad o no de vacunarse, pero el respaldo político a las campañas de vacunación fue transversal independiente del color político de los gobiernos de turno. Esta visión de país, permitió que se erradicara la Viruela en Chile en 1950, 27 años antes que en el resto del mundo (1977) y la Poliomielitis en el año 1975, siendo el tercer país en el mundo en lograrlo.

Hoy en día, cuando se avizora que la pandemia que nos azota puede llegar a su fin gracias a la llegada masiva de una vacuna, es la hora de unirnos los unos y los otros para dar tranquilidad a la población. No es hora de debates sobre si el gobierno y la oposición lo han hecho bien o mal en este tema, sobre todo cuando la ignorancia, el miedo y la sinrazón de los “antivacunas” amenaza con eternizar los sufrimientos de nuestro pueblo, sobre todo de los más necesitados.

La Convención Constitucional que elegiremos en abril, será el momento en que podamos discutir los temas de fondo: el rol del Estado en la salud, la obligatoriedad y gratuidad de las vacunas, la organización y estructura del sistema de salud pública, entre otros temas que debemos consensuar en nuestra nueva constitución. Hoy al igual que los hicieron nuestros abuelos o bisabuelos en los 50 y 60 y nuestros padres en los años 70, 80 y 90, apenas tengamos disponibles las vacunas en los consultorios, hospitales, colegios y recintos de vacunación que se dispongan, debemos ser los primeros en poner nuestros brazos, voluntades y esfuerzos: Por nosotros, por nuestros hijos… ¡por el futuro mejor que tenemos que construir!

 

Carlos Schneider Yáñez

Odontólogo y Magister en Gestión en Salud. 

Universidad de Chile

M.B.A. Tulane University (USA)