Los cementerios de nuestra región viven diferentes realidades. La mayoría son municipales, otros pertenecen a las comunidades locales y otros a la Iglesia Católica. Unos pocos son de corporaciones privadas. La preocupación radica en aquellos campos santos que guardan un patrimonio histórico, donde además convergen intereses locales y nacionales, como es el caso de connotadas figuras públicas que han enriquecido y ayudado a construir nuestra sociedad regional.

Dada la nota del 17 del presente, donde se busca dar un verdadero descanso al legendario suicida illapelino Romelio Ureta, amor fugaz y trágico de Lucila Godoy, en tiempos en que nacía como Gabriela, debo decir que en cuanto a mantención, muchas tumbas históricas se encuentran en franco deterioro.

Como investigador, soy testigo de la enajenación de tumbas, retiro de osamentas y reacomodo en fosa común, así como también de denuncias documentadas de apropiación de Mausoleos. En la crisis actual del cementerio coquimbano, por la carencia de tumbas, me tocó el "reacomodo" de cuerpos, con destrucción de ataudes, en un cuadro donde no faltaban vestimentas. Ante la consulta a un cuidador, me dijo que tenían órdenes de proceder con premura y por ello, se había actuado de esa forma. Otra rpregunta que hice fue por los veteranos de la Guerra del Pacífico que estaban, justamente en esos pabellones. Me dijeron que habían resguardado sus cuerpos y las placas de bronce, que los identificaba. Hace un tiempo que no voy, por tanto no sé si la administración cumplió con dejarlos en un mausoleo aparte.

En cuanto a La Serena, He ido solo o acompañado a limpiar tumbas de notables como Pedro Pablo Muñoz, Gregorio Cordovez, la Sociedad de Artesanos o visitar las tumbas de los Detenidos Desaparecidos y el Mausoleo del cuerpo de Bomberos. 

A pocos pasos de allí se presenta el Mausoleo del Ejército, que aun ostenta el nombre de Arica N° 21. Sin embargo, esta denominación es absolutamente falsa. Ese glorioso sepulcro corresponde al Mausoleo de los Veteranos del ´79, que con dinero personal y colecta pública levantaron en 1907 gracias a la gestión de su Presidente, don Nicasio Torreblanca, salamanquino y primo de Rafael, el gran Héroe del Atacama. Alrededor de 200 veteranos descansaban allí. Durante el gobierno de Gabriel González Videla se reparó, pero a partir de los gobiernos siguientes, los restos de veteranos fueron reducidos, las placas de bronce robadas y finalmente fueron hacinados (supuestamente) en tres nichos, sin individualizar y con el génerico "Veteranos del ´79 1923 - 1935". Los lugares que ocuparon originalmente han sido sistemáticamente ocupados por oficiales, clases y tropa posteriores a la guerra y que para bien o mal, no han combatido en ninguna guerra externa ni entregado lauros al país, como aquellos que conquistaron desiertos y montañas.

Esto lo sabemos por el ex comisario de la PDI don Oscar Torreblanca Rojas, quien mantiene un archivo fotográfico y documental familiar, indesmentible e incuestionable.

En fin, es realmente importante preocuparnos como pueblo de nuestra historia, bien o mal, como parezca a cada cual, es necesario preservar. Si Romelio Ureta no es querido en Coquimbo, pues entonces que vuelva a Illapel. No creo que sirva enviarlo a Monte Grande, por como las fuentes señalan que terminó ese amor.

Lo mejor es que las autoridades se preocuopen de mejor forma de nuestro patrimonio y que las fuerzas vivas se hagan presente en los cementerios, y no tan solo para honrar a notables, que son ejemplos, si no también preocuparse de sus propios.

Conozco a muchas personas que visitan el cementerio de Coquimbo sólo para buscar la tumba de Ureta. Sean inteligentes, conviertan un problema en una oportunidad de mejorar. 

Me sumo a las palabras y preocupación del amigo Quezada. Uretra podría ser trasladado a la Casa Cultural de La Cantera, que es municipal, en el pueblo donde aun está la escuela, hoy llamada Lucila Godoy. No se necesitarían mayores recursos para emplazar allí una tumba.

"Porque la memoria histórica radica en el esfuerzo consciente de los grupos humanos por entroncar con su pasado, sea éste real o imaginado, valorándolo y tratándolo con especial respeto" (Pierre Nora).

 

Joel Avilez Leiva

Historiador.

 

 

 

 

 

Autor

 

 

 

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