En los últimos días la Presidenta Bachelet ha llamado a asumir un “realismo sin renuncia”, para implementar el proyecto político que planteó la Nueva Mayoría el 2013. Muchos, incluso entre sus partidarios, han dicho que lo más probable es que se vuelva necesario limitar las expectativas, hacer “lo que se pueda”, y mantener la seriedad fiscal y el prestigio del país.
El problema está en el origen. Es evidente que siempre se generan problemas si se promete lo que no se puede con dinero que no se tiene, o se realizan reformas más por voluntarismo o ideología que por necesidad o capacidad. Todas las decisiones y las políticas públicas tienen consecuencias, en este caso la reforma tributaria y la reforma educacional ya empiezan a mostrar sus resultados y dificultades. 
¿Por qué bajar ahora el ritmo, los plazos o incluso el contenido de algunas reformas? La Presidenta ha sido clara: la “desaceleración económica se ha mostrado más larga y profunda de lo que esperábamos”. El problema es muy delicado: los recursos han disminuido en parte por decisiones gubernativas (prohibir el copago, y a futuro el pago de las universidades) y el abandono del crecimiento económico ha sido muy claro en los últimos dos años, como discurso, como objetivo y en los resultados.
La realidad económica del país es algo que se ve a través de distintos indicadores, que en el último mes han sido particularmente negativos: el lamentable ritmo de la economía, el descenso de la inversión, el aumento de la cesantía y la pérdida de confianza empresarial y de los consumidores son manifestaciones visibles. La gran diferencia en estos días se refiere al reconocimiento político por parte del gobierno sobre la mala situación económica del país.
Todo esto indica un trabajo mal diseñado, si es que no fue deliberadamente demagógico. Crecer al 2 ó al 5% es muy distinto, como lo es tener un déficit fiscal de 1 ó 3%. La gente vive mejor o peor según cómo se muevan estos indicadores. Se debe prometer lo que se puede cumplir y hay que gobernar con sentido actual y futuro. Sincerar la información es políticamente valiente, pero organizar bien las finanzas será siempre una prioridad que, esta vez, claramente no se cumplió.

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