Un un año electoral, llama la atención la ausencia en la discusión pública del grave problema demográfico que presenta Chile desde hace bastante tiempo. A lo más aparece de manera lateral, asociado al tema de las pensiones y la necesidad de mejorarlas, en un contexto de aumento de la esperanza de vida; también emerge a propósito de la inmigración, un asunto recurrente en los programas de televisión y en análisis sobre el cambio social, racial y cultural en nuestro país.En 1969 el Programa de Gobierno de la Unidad Popular se refirió tangencialmente a este asunto, cuando denunció que el 50% de los niños menores de 15 años padecían desnutrición, lo que era doblemente grave considerando que -según señalaba el documento en su introducción- “Chile podría sustentar ahora mismo una población de 30 millones de personas, el triple de la población actual”. Sin embargo, en términos generales, no se vuelve sobre estas situaciones, a pesar de que los efectos actuales y futuros podrían llegar a ser dramáticos.En términos estadísticos y prácticos, la realidad podría resumirse así: los chilenos se casan cada vez menos y más tarde; cada año nacen menos niños (244 mil el 2015, frente a los 250 mil del año anterior); la tasa de fecundidad bajó de 1,9 a 1,8 niños (debajo de la llamada tasa de reemplazo, que se ubica en 2,1 hijos por mujer); los chilenos viven más y por lo mismo la pirámide poblacional crece en la cima, mientras los jóvenes son cada vez menos (cuestión que se ha empezado a reflejar ya en el acceso a la educación superior). Un dato interesante muestra que los nacimientos de madres extranjeras pasó de 7.786 el 2014 a 11.236 el año siguiente.Debemos tomarnos el tema demográfico en serio. No es razonable que todo esto pase y solo se analice para efectos estadísticos, considerando que hay demasiadas cosas en juego. Chile es un país grande, con enormes posibilidades naturales y una población cada vez más educada. Sin embargo, en otra mala noticia, en las últimas décadas las regiones bajan su incidencia en el total de la población, mientras Santiago no para de crecer. Otro tema a tener en cuenta para generar una política poblacional inteligente, creativa y de futuro. 

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