Ya se nos escapa abril, el mes del libro, celebrado y cacareado. 
No está de más hacer un breve examen de conciencia con respecto a su relevancia en nuestras vidas, su peso en nuestra rutina y el aporte a la hora de despertarnos, abrirnos los ojos a un universo de otras miradas con sus letras cafeína.
Cuando el escritor Miguel de Unamuno apuntó: “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”, se dirigía a ti. 
No te conocía personalmente, está claro. 
Sabía, sin embargo, que algún día necesitarías reconocer que mientras menos lees, menos puntos de referencia tienes para moverte en este mundo. 
Te estaba invitando a escapar de la ignorancia, a salir de las medias realidades, a expandir tu mundo, a revisar tus juicios, a regocijarte a través de las reflexiones de otros, a ser mejor Ser Humano gracias a un libro. 
Por eso nadie debería negarse a leer. 
Desde un microcuento camino al colegio hasta unas páginas de El Extranjero de Camus en una playa soleada, toda información detallada puede ser devorada por tu intelecto, a tu propio ritmo. 
Lo importante es que la entiendas, no basta con pasar la vista, no basta leer y olvidar. 
Toma nota, raya a pie de página, conversa al respecto, revisita esos párrafos a lo largo de tu vida, investiga a los autores, métete en su mundo, contextualiza sus escritos.
Así la lectura se asentará en tus vivencias, encontrará un eco en tu ser, brillará como pepitas de oro en la balanza de tu sabiduría. 
Sólo así valdrán la pena las palabras del escritor Unamuno,  que un día escribió una frase para ti y hoy estuviste a punto de no saberlo.

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