Ateísmo no significa la negación de dios o desprecio a dios, (no se puede negar aquello que no se ha probado –la carga de la prueba recae en quien afirma- y en concordancia, tampoco se puede despreciar algo inexistente), entonces resultaría más preciso definirlo como una forma de pensamiento que concibe al mundo sin la necesidad de creer en un creador o supersticiones de esa índole. Ateísmo significa superar la idea de dios.

Comúnmente se cree que el ateísmo se originó dentro de un contexto occidental moderno. Sin embargo los sistemas de pensamiento que rechazan la existencia de un dios o de múltiples dioses, son milenarios y variados. En la India védica surgía la escuela filosófica chárvaka abiertamente atea y la doctrina del mimamsá, que rechazaba la existencia de dios, también teniendo lugar el budismo como espiritualidad sin dioses, entre otras corrientes. En la Grecia clásica innumerables escuelas y filósofos cuestionaron el significado y existencia de los dioses; el materialismo mismo como filosofía destinada a explicar los fenómenos del mundo dentro de la propia materia, tiene sus orígenes en el mundo antiguo.

Los presocráticos apostaron por la investigación natural y el rechazo de explicar fenómenos con reflexiones divinas. El mismo Sócrates fue sentenciado a muerte por cuestionar la existencia de los dioses de la polis repensando su significado. Epicuro nos hablaba del clinamen, o fenómeno de desviación de átomos capaces de crear mundos diferentes, este pensamiento fue reutilizado por Althusser para desarrollar la teoría del materialismo aleatorio.

Filosofías antiteístas, las podemos encontrar en numerosas culturas y épocas, dentro de grandes civilizaciones y comunidades tribales.

Busquemos la pista que nos lleva hacía los orígenes del dios judeocristiano occidental, o la creencia de un dios todopoderoso, creador y omnipresente, capaz de bendecir y castigar. Esta concepción de dios se extendió por toda Europa (cristianismo) y Medio Oriente (islam), dando nacimiento al espíritu teocéntrico de la edad media.

La cuna de esta idea de dios, se encuentra en la cultura de las tribus de Israel. Estas tribus habían sufrido innumerables periodos de esclavitud durante siglos. El sufrimiento del subyugado, dio lugar a la psicología del resentimiento y ánimo de venganza, se busca la salvación en un mundo intangible-imaginario, en un paraíso extraterrenal en el cual las adoloridas almas pueden tener un lugar de descanso eterno. Es una forma de escapismo, de huída esotérica, una vía totalmente contrapuesta a la espiritualidad heroica que obliga a combatir hasta la muerte.

Así el esclavo sufrido, con su impotencia y debilidad ante el pueblo dominante, busca su redención en otro mundo, un mundo idealizado en el que habita un todopoderoso dios protector, por el cual siente una gran devoción. Pero ese dios de Israel que suele aparecer como un protector de su pueblo elegido, es también vengativo y castigador, exige continuamente sacrificios y muestras de fidelidad, como un tirano cualquiera.

¿A qué se debe este fenómeno? los esclavos israelíes atribuían a su dios, todas las características de un monarca poderoso mundano, a veces protector, otras castigador, benevolente o despiadado; era un dios inventado por la moral de los hebreos.

Este dios que además es universalista, observador de todo e interviniente en la materia por medio de milagros, es el que retoma el movimiento cristiano para su propio altar, mezclando en él, múltiples elementos del orfismo griego (la materia versus el espíritu), conservando valores esclavo-israelíes, como la devoción, la esperanza, la creencia ciega en otro mundo, el temor a dios, el escapismo, etc.

En la extraordinaria obra de Nietzsche llamada: "Así habló Zaratustra", el autor cuestiona en forma de sátira todos los falsos valores del cristianismo. Toma a zaratustra (inspirado en Zaroastro; un pastor espiritual que existió mil años antes de jesucristo). Zaratustra se retira a las montañas para gozar de su espíritu (Jesús se retira al desierto para enfrentar las tentaciones mundanas). En las montañas Zaratustra es acompañado por un águila y una serpiente enroscada en su cuello (ambos animales son amigos y simbolizan determinados valores); el águila expresa el valor, la altivez y la serpiente desprende la inteligencia y la duda (valores considerados como pecaminosas y soberbios por la moral esclava de Cristo).

Zaratustra baja de las cumbres para anunciar la muerte de dios y hablar del súperhombre, y se da cuenta de que la gente no se ha percatado de este suceso, y se aferra firmemente a la creencia de dios. ¿A qué se refiere Nietzsche con la muerte de dios y con la venida del súper hombre?

Nietzsche dice que dios ha muerto, porque occidente se enfrenta a una época en la cual todos los fenómenos pueden explicarse por medio de la materia y no por teorías bíblicas. Ello ha provocado un vacío espiritual, un nihilismo que la fe ya no puede vencer. Nietzsche propone al súperhombre que es ante todo, un legislador, un personaje que desciende desde las cumbres con sus propias leyes, con su propia moral vitalista (rechazando la enfermedad cristiana y la moral de los esclavos), por ende el súperhombre habla de una nueva moral, una ciencia-gaya.  El súper-hombre es la superación de dios y es el relámpago que triza las nubes oscuras en medio de la tormenta.

Este súper-hombre o ultra-hombre (sobre el hombre), sería el gran vencedor de la moral culposa del cristianismo que desprecia la vida y busca la salvación en otro mundo ajeno. Así como el simio era una vergüenza para el hombre, el hombre debía ser una vergüenza para el súper-hombre.

Zaratustra no era un pastor de ovejas, sino un peligroso lobo liberador, pues venía a despojar a los hombres de su fe del dios muerto, venía a hablarles del súperhombre y de la voluntad de poder, venía a destruir el nihilismo y fomentar una cultura más sana.

El teólogo sería por ende un antípoda del filósofo, en términos de que el teólogo inculca la culpa y llama a creer, en cambio el filósofo siempre duda, reflexiona e intenta derrotar todos los prejuicios dogmáticos. Esta religión de Cristo, impone la verdad revelada de las sagradas escrituras y sataniza el pensamiento, comparándolo con la metáfora del génesis, denominando a la inteligencia un don maligno de la serpiente, la cual engaña a Eva para comer del fruto del árbol prohibido, desobedeciendo las órdenes de dios. Adán también come del fruto, suceso que les permite tener discernimiento, siendo ambos expulsados del paraíso.

Dios se negaba a que el hombre y la mujer pudiesen comer del fruto del conocimiento, y la religión cristiana se niega a que los seres humanos puedan cuestionar los dogmas de la verdad revelada.

Los gnósticos concibieron una interesante interpretación sobre el pecado del paraíso. La serpiente Lucifer quiso liberar a la humanidad de su esclavitud espiritual, dándoles de comer del árbol de conocimiento, que el dios de naturaleza maligna les negaba, con el fin de mantenerlos en la oscuridad y animalidad. Este tipo de planteamientos llevaron a los gnósticos a ser perseguidos por la inquisición.

Los católicos nos hablan sobre la posibilidad del libre albedrío (voluntad de elegir evitando la predestinación), pero si negamos los dogmas de la religión nos condenaremos de todas formas, entonces ese libre albedrío reduce tus posibilidades a creer o no creer. El cristianismo impone una especie de dictadura espiritual en la que un dios te vigila en todo momento, observando cada uno de tus movimientos y pensamientos para castigarte si contradices su ley. Es una extensión cultural y sicológica de la moral del esclavo devocional. Obviamente los defensores del pensamiento reflexivo nos oponemos a esta imposición con todo nuestro ser. Los hombres libres no tememos al pecado.

Cabe mencionar que esta idea de la culpa, inculcada profundamente por sacerdotes durante siglos, permitió desarrollar una sociedad profundamente jerarquizada o sometida, en la cual los pobres, los trabajadores de la tierra y el oficio, debían cumplir su destino divino manteniendo el orden clerical, buscando una mejor vida en aquel otro mundo prometido por la fe. Dios castigó a Adán y Eva con trabajo manual para que ganaran su pan con sangre y sudor. El pobre debía expiar sus pecados con trabajo, ignorancia y miseria, para esperar la salvación en el otro mundo.

Hay que dejar constancia de que el dios del cristianismo-de los religiosos- no es ni será, el dios de los filósofos. No es el motor inmóvil de Aristóteles, ni el dios de Heidegger, ni el de Hegel, ni de Kant, ni de Spinoza. El dios de los filósofos busca la reflexión y el dios de la religión impone el dogma negando el pensamiento.

La moral cristiana es una imposición de occidente. Probablemente quienes se consideran devotos creyentes, jamás hubiesen tenido fe si nacieran en una sociedad budista o en alguna tribu americana. Es una moral cultural impuesta desde las normas del hogar hasta la ley iusnaturalista que rige toda una nación, una ficción de valores. Nietzsche intentó romper con todo ello; Zaratustra desciende con fuego, para arrasar con la cultura decadente cristiana y convertir en ceniza el cadáver de dios, surgiendo una nueva moral del goce del espíritu (espíritu no entendido según el significado bíblico de Abraham, sino como el daimón griego de potencia creadora fáustica) . Del mismo modo el titán Prometeo les entregó el fuego a los hombres los cuales igualaron a los dioses.

Autor

Imagen de Luis Bozzo
Profesor de Historia y Geografía Estudiante de Derecho

 

 

 

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