El presidente Piñera señaló en varias oportunidades que las reformas que está impulsando el Gobierno son “mal implementadas” y que “están produciendo mucho daño y mucho sufrimiento a muchos chilenos”, porque cuando un gobierno quiere implementar reformas, debe hacerlo en forma responsable, con diálogo y, lo más importante, sin fines electorales. Las reformas aprobadas hasta ahora adolecen de severos problemas, además de no satisfacer las expectativas que generaron: la tributaria desincentivó la inversión y el emprendimiento, la educacional no ha mejorado la calidad y está arriesgando la supervivencia de colegios particulares subvencionados, la asamblea constituyente ha generado desconfianza y la laboral ya está generando un deterioro significativo en la creación de empleos. En efecto, en la creación de empleos, se perdió el trabajo realizado por el gobierno del presidente Piñera, donde se creaban 250 mil al año y había una dinámica de aumento de sueldos y selección de puestos de trabajos al que el trabajador antes prácticamente no aspiraba. Ahora la situación es realmente opuesta. Se disminuye la creación de empleos y se subsidian las cifras con los “empleos por cuenta propia” y “los públicos”. Al mismo tiempo, consecuencia de estas reformas y sin perjuicio que las empresas hoy generan sus utilidades, simplemente no las están invirtiendo, toda vez que ven que la “retroexcavadora” seguirá haciendo su trabajo, a pesar de la oposición casi generalizada de la ciudadanía. Al mismo tiempo, las empresas extranjeras que veían a Chile como un país idóneo para ingresar capitales, con toda la certeza jurídica que otorgaba el DL 600 sobre Inversión Extranjera, hoy miran a nuestros vecinos del norte, que en la práctica están copiando lo que se hizo en el país durante los últimos 20 años. Finalmente, este espiral negativo, consecuencia de populistas, erróneas e improvisadas reformas, impide que el gobierno genere las riquezas que se necesitan para solventar las necesidades propias de cada estado y sus ciudadanos. No es casualidad que hoy tengamos un presupuesto restrictivo y que las inversiones se tendrán que entregar en concesión porque simplemente el Estado no podrá hacerlas. Esto, querido lector, no es gratis, lo único que hace es dilatar el pago, porque todas las concesiones operan con subsidios que se pagan a largo plazo. En fin, espero por el bien de todos los chilenos y chilenas, a lo menos en esta recta final, que el gobierno rectifique su rumbo, de manera que se atenúen los efectos de estas malas decisiones, porque al final del día, no se trata de número o cifras, se trata de personas y familias que en su día a día sufren las consecuencias de ellas. 

 

 

 

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