Una reciente encuesta Mori-Cerc de julio de 2015 muestra que Gabriel Boric, Camila Vallejo y Giorgio Jackson son tres de los cinco políticos con más futuro en Chile, mientras los otros dos son Sebastián Piñera y Marco Enríquez. Los diputados de izquierda, muy activos y con una clara agenda de cambio, irrumpieron hace unos años desde la dirigencia estudiantil. Vallejo es del Partido Comunista, una organización tradicional, mientras Jackson representa a Revolución Democrática y Boric es el líder de la Izquierda Autónoma. 
Estos últimos dos proyectos ilustran algunos cambios en el escenario local de los últimos años. Un país acostumbrado a organizaciones y alianzas políticas tradicionales, hoy observa con atención ciertos cambios que podrían alterar la situación del poder en Chile. Así por lo demás ha ocurrido históricamente: los escasos falangistas de los años 30 llegaron a ser el principal partido nacional, la Democracia Cristiana, mientras los gremialistas de los 60 vieron a muchos de sus dirigentes convertirse en líderes de la UDI, que también se convirtió en el partido más votado del país.
Boric y Jackson representan corrientes todavía pequeñas y con representación parlamentaria unipersonal. Sin duda Eduardo Frei y Jaime Guzmán en su tiempo también fueron minoría, experimentaron la derrota electoral y el duro proceso de crecimiento. No sabemos hacia dónde evolucionará la carrera política de estos jóvenes diputados, pero sí resulta interesante constatar una cuestión: ambos eligieron un camino que parece más largo y que resulta difícil, pero que también muestra coraje, iniciativa y sentido político. Algo parecido vemos en Evópoli y otros proyectos todavía incipientes, que podrían alterar el escenario electoral.
Una política sana requiere partidos establecidos y que tengan continuidad histórica. Pero la renovación generacional y de proyectos es algo valioso para la democracia y genera una competencia necesaria, así como la urgencia de repensar los problemas sociales, evaluar las nuevas tendencias, modificar hábitos anquilosados y negativos. Desde la izquierda y la derecha se ve un cierto espíritu que reclama el protagonismo de las generaciones más jóvenes, así como la necesidad de fortalecer liderazgos auténticos y con visión de futuro. Sólo quienes perciban el signo de los tiempos y obren en consecuencia podrán liderar esta nueva época.

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