Dicen que en cuatro años actuales la vida cambia como hace poco  se hacía en un siglo. Si mis estimados lectores, 100 años ahora son 4 años y quizás más adelante serán menos. Entonces, estamos en un constante cambio. Pero ¿Cómo esta nuestra capacidad de adaptarse a esos cambios? Veamos algunos ejemplos simples. ¿Ud. le perdió miedo a ese terrible artefacto que se llama computador? Vio que no es difícil. Vio que ahora usted puede comunicarse rápidamente con su hijo o hija sin necesidad de llamarla por teléfono, y si tiene cámara se pueden ver; que Ud. puede conocer lo que se le ocurra solo apretando una tecla en el computador, siguiendo instrucciones sencillísimas y está al día en todo. Disfruta de los televisores LED y la gran cantidad de películas gratis que puede ver sin pagar nada adicional; ¿Entiende el lenguaje de sus hijos o nietos, quienes manejan todo lo electrónico como si fueran ingenieros prematuros? Ha cambiado el modo de vivir, el modo de compartir, el modo de hacer familia y eso, mis leales lectores, no lo podemos cambiar. Los que tenemos que cambiar somos nosotros. Es decir adaptarnos a los tiempos. Muchos de ustedes y yo, vivimos nuestra niñez con los juguetes de madera, el trompo y las bolitas de vidrio, las niñas con el luche y la pelota  y escuchábamos las noticias por la radio. El cambio generacional  es rápido y la distancia entre estas es cada  vez más lejana por todo lo que nos ofrecen los cambios. Estamos viviendo la revolución  de la inteligencia, de la energía donde quizás el internet actual en pocos años sea una pieza de museo. Las energías renovables ganan terreno en todo el mundo y nosotros que siempre fuimos y somos dependientes de otros en este aspecto, nos transformaremos en autosuficientes y exportadores de ella. Dejemos la nanotecnología para otro comentario. Ahora centrémonos en saber adaptarnos sin demora y ser felices. 

Autor

Imagen de Marcial Robledano Perucich

Escritor.

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