Un un nuevo mes aniversario, más allá del festejo visible que se toma la calle o de las palabras de parabienes repetidas año tras año, bien vale la pena preguntarnos en qué sustentamos está alegría que rodea cada 26 de agosto. En el ritual de lo habitual debemos llegar a concebir lo que a mi juicio es una pregunta necesaria en todo vecino: ¿Qué nos lleva a ser serenenses?. Lo invito a elucubrar una respuesta que no tiene que ver sólo con habitar un lugar o haber nacido en él. Sin duda, no podemos sacar del sombrero una explicación rápida o sencilla, no pretendo dar una respuesta acabada. Sin embargo, podemos poner en papel algunos ingredientes para ordenar esta reflexión.
En los últimos años, han surgido comunidades en las redes sociales, unidas por la fuerte valoración del legado y patrimonio de nuestra ciudad. Sus integrantes comparten imágenes e información de antaño, sustratos llenos de nostalgia, vivencias propias o cercanas. Este fenómeno, simple a primera vista, permite identificar varias conductas que pueden bosquejar la esencia del Ser Serenense. Por un lado, son ciudadanos con conocimiento de nuestra historia, su mitología única, con identificación clara de héroes (bélicos, intelectuales, espirituales) y otros referentes pasados o presentes. En segundo término, poseen un fuerte sentido de comunidad responsable, una cultura única transmitida de generación en generación, símbolos, vivencias entrecruzadas y una visión emotiva de logros personales anclados fuertemente a la ciudad. Finalmente, tienen una conciencia clara de los aciertos y falencias de sus autoridades comunales. Se hacen responsables de ello.
Esta forma de ser, apreciada a través de los múltiples comentarios dejados en las redes, permite dibujar un triángulo equilátero cuyas puntas son Identidad, Orgullo y Pertenencia, con la palabra Ciudad en el centro. Este mapa general de la configuración del serenense puede ser completado por usted con lo específico; y, en lo posible, ser tatuado en las conciencias de las nuevas generaciones de vecinos.

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