Con entusiasmo recibimos a noticia de que se envió un proyecto de ley para convertir a Ñuble en una nueva región del país. Es bueno porque significa que la mirada hacia las regiones no se ha perdido y que más allá de estar a favor o en contra de generar nuevas unidades administrativas, lo que importa es que la promesa de regionalización da un paso más.
Por lo mismo, es la evidencia de que a este Gobierno le queda mucho aún por hacer. Y decirlo –en estos días- no es una mera frase de buena crianza. Es una realidad y una necesidad.
Con acciones concretas como la descrita se recupera la gobernabilidad y la credibilidad de la ciudadanía. Y además permite retomar un rumbo que pareció extraviado. Acciones concretas como la que necesita el borde costero de nuestra región, que tras ser azotado por un temporal vio como pequeños emprendimientos se vinieron al suelo. Pescadores artesanales y empresarios gastronómicos y turísticos que hoy claman por una solución del gobierno. Ahí hay que tomar acciones concretas.
Lo he dicho estos últimos meses: es el momento de tomar el timón y gobernar.  Ñuble Región es la demostración que el camino va por el rumbo que corresponde, que no todo está perdido y que se puede recuperar el afecto ciudadano cuando se atienden requerimientos de sentido común y aspiraciones legítimas de grupos que durante años han sido postergados.

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