Fiel compañera en los desayunos, calentita, disolviendo la mantequilla, fácil de fraccionar, para comerse otra. Competencia fuerte con la empanada en los asados, convertida en rico choripán, como aperitivo, humedecida con una  cervecita helada o una buena copa de tinto. Los panaderos dicen que el 80% de la producción de pan es la marraqueta o pan batido. Ocurre que ahora nos quieren quitar este exquisito manjar. ¿Serán? Quítenle la sal, como el recordado spot publicitario. Sin sal, la marraqueta no sirve. Se transforma en pan latigudo, es el comentario de la cena en familia. ¿Dónde están los derechos humanos de nosotros, los habitantes de Chile, cuando nos quitan el libre albedrío de elegir lo que queremos comer? Cuando Ud. va al médico, con los exámenes solicitados y él le dice que hay que bajar la sal. ¿Qué hace Ud.? Elige, pues, mi estimado lector/a. A mí me dijeron: Mira, come sólo la sal que va con la comida, no agregues nada. Yo elegí hacerlo, pero con marraqueta. Nuestra marraqueta o pan batido está hecha con harina blanca de trigo, levadura, sal y agua. Requiere más tiempo de fermentación que otros panes. Ojo. No contiene grasa. La historia se atribuye a Chile, con la llegada de los hermanos “Marraquete”, que habrían residido a principios del siglo XX en el hermoso puerto de Valparaíso. Si Uds. mis leales lectores, viajan allí, compren marraqueta en las panaderías Pedro Montt, Avenida Francia, Plaza Aníbal Pinto, o cualquiera de algún cerro. . Debo confesar que en Coquimbo y La Serena también hay algunas panaderías que la elaboran muy bien, pero hay que ir muy temprano porque pronto se terminan. Para nuestra tranquilidad, he sabido que quizás se forme una comisión investigadora sobre la marraqueta. Esperemos el resultado. Ah, se me olvida, pónganle también mermelada junto con la mantequilla. Buen provecho.

Autor

Imagen de Marcial Robledano Perucich

Escritor.

Otras columnas de este autor

 

 

 

Máster Gratuito en Marketing Digital